
Testigos de Jehová
Los Verdaderos
y Los Falsos
¿Cuáles son los verdaderos Testigos de Jehová?
Y ¿dónde están los que deben llamarse testigos de El?
La contestación a estas preguntas se halla en Isaías 43:10-12:
“Vosotros sois Mis testigos, dice Jehová. . .
Yo, Yo, Jehová, y fuera de Mí no hay quien salve. Yo anuncié, y salvé e
hice oír, y no hubo entre vosotros extraño. Vosotros pues sois mis
testigos, dice Jehová, que YO SOY DIOS.”
Desde hace varios años viene desarrollándose una espectacular secta, bajo
la dirección de un jefe, caracterizado con el título de “juez”, la cual
pretende seguir al pie de la letra el versículo 12 de Isaías 43,
llamándose así: “Testigos de Jehová”. Muchos obreros celosos le siguen;
y no cabe duda de que muchas almas preciosas han sido arrastradas por la
suave corriente de sus artimañas. Si levantáramos su frágil escondite de
piel de carnero, y diéramos una miradita, pronto descubriríamos que tienen
un mensaje erróneo, y no pueden ser los verdaderos testigos del señor. Su
mensaje acerca de Cristo es: “EL NO ES DIOS”.
El “juez” Rutherford, en su libro titulado “Reconciliación”, nos dice
que,“Jesús no era Dios el Hijo” y que mientras El estuvo en la tierra,
“jamás pasó de ser un hombre perfecto, ni más, ni menos”. Y en su otro
libro, “La Creación”, él dice que, nuestro Señor fue meramente un ser
creado, y que hubo un tiempo en que su personalidad no existió.
Es necesario que haya testigos falsos. La deidad de nuestro Señor
Jesucristo, una de las verdades fundamentales de la Biblia, es de
consecuencia tan vital en el programa de Dios, que no ha podido pasar sin
sufrir los rudos ataques de su primitivo enemigo, la serpiente antigua.
Tiene tal peso esta verdad, que si hubiera podido, ya la habría anulado o
aniquilado, Con un solo golpe hubiera reducido la Biblia a una mera
historia, despedazando así la esperanza del cristiano por tierra.
Satanás comenzó
sus ataques contra la deidad de nuestro Señor con esta insinuación:
“si eres hijo de Dios”
(Mateo 4:3). De sus propios agentes, espíritus endemoniados, vino
la humillante respuesta, cuando fueron copados al dirigirse al Señor de
gloria como: “Jesús Hijo de Dios”.
Desde entonces, el diablo ha empleado falsos testigos
en sus persistentes ataques contra la deidad de Cristo. En Mateo capítulo
9, encontramos al Señor hablando con el paralítico. Probó Su deidad
perdonando los pecados de este hombre, un ministerio no dado a ninguno,
sino a Dios, y así los falsos testigos estaban allí para acusarle de
blasfemia.
Cuando el ciego
fue curado (en el capítulo 9 de Juan) los falsos testigos levantando las
manos, gritaban acaloradamente diciendo de Cristo:
“¡Sabemos que este hombre es un pecador!” Mas el
Señor reveló su identidad y su deidad, en el hombre agradecido quien había
recobrado la vista, diciéndole claramente que El era el Hijo de Dios.
(Véase Juan 9:35-37).
Abundan el la Biblia las pruebas de la deidad de Cristo. He aquí algunas
de las profecías que nos hablan de Jehová, y las cuales han sido cumplidas
en la Persona del Señor Jesucristo:
Isaías 7:14: “He aquí que la virgen
concebirá y dará a luz un hijo, y
llamará su nombre, Emanuel” (el cual significa:
“Dios con nosotros”). Se halla su
cumplimiento en Mateo 1:23.
Isaías 40:3: “Voz del que clama en el
desierto, barred camino a Jehová: enderezad calzada en la soledad a
nuestro Dios”. Cumplida en Mateo 3:3 por Juan el Bautista,
preparando el camino de Cristo.
Psalmo 118:26: “Bendito el que viene en el nombre de Jehová”.
Cumplida en Mateo 21:9, concerniendo a Cristo.
Exodo 3:14: “Así dirás a los hijos de
Israel: YO SOY me ha enviado a vosotros”. En Juan 8:58 Jesús dice:
“En verdad, en verdad os digo, antes que Abraham fuese, YO SOY).
En Juan 8:58, el Señor Jesús afirmó Su deidad como Dios del Antiguo
Testamento, diciendo: “Antes que Abraham
fuese, YO SOY”. Esto, despertó a Satanás, inspirándole a
buscar falsos testigos y, tomando piedras, le quisieron apedrear. |
En la cruz del calvario fue donde Satanás, con su mayor coraje, apretó sus
rudos ataques contra la deidad de nuestro Salvador; y otra vez, en este
complot, fueron empleados falsos testigos (Mateo 26:59-60).
Nuevamente, nos suministran prueba de la deidad de Cristo, los mismos
agentes del diablo, cuando finalmente exponen sus razones para pedir Su
crucifixión gritando: “Crucifícale,
crucifícale”. “Debe morir por haberse hecho
hijo de Dios” (Juan 10:6-7). Los falsos testigos de
nuestros días, como los anteriores, dicen que, “El fue un hombre
perfecto, ni más, ni menos”.
Con la venida del Señor acercándose, no es sorprendente ver a Satanás
ocupado en su ataque, el cual dirige con mayor empuje. Otra vez se
emplean testigos falsos. El ha inspirado estas almas engañadas con
violencia infernal, llamándose: “Testigos de Jehová”, y a efecto les ha
enviado por todo el mundo a proclamar que Jesucristo no era divino.
Hacen hincapié sobre el nombre de Jehová: el nombre hebreo que significa:
“El existente por sí propio”, o “El eterno Yo Soy”. Así que,
el Jehová del Antiguo Testamento y el Jesucristo de Nuevo son una misma
persona. Esto quedará evidenciado, al hacer un honrado y cuidadoso
estudio de la Biblia. Jehová es el nombre de la Deidad Redentora. Es
especialmente el nombre por el cual se reveló a sí mismo a las doce tribus
de Israel, como vemos en Exodo 6:3. Casi todas las falsas enseñanzas son
inventadas mezclando la verdad acerca de Israel con la verdad actual de la
Iglesia.
En las Escrituras siguientes, Jesucristo es claramente llamado Dios:
“Gran Dios y Salvador nuestro,
Jesucristo” (Tito 2:13).
“Pero al hijo le dice, Tu trono,
Oh Dios es para siempre” (Hebreos 1:8).
“Dios fue manifestado en carne”
(1Timoteo 3:16).
“Mi Señor y mi Dios”
(Juan 20:28).
“En el principio era el Verbo, y
el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. . . y aquel Verbo fue echo
carne, y habitó entre nosotros”
(Juan 1:1,14).
Tenemos una carta de un “testigo” el cual vive en un pueblo cercano. El
dice que, “Jesús niega Su deidad diciendo que Su Padre es mayor que El”, y
quiere saber por qué Jesucristo se encontraba orándole a Dios, cuando él
mismo era Dios. Así razona la mente natural. Pero la mente de fe se
regocija en saber que Señor Jesús era el Hijo de Dios como también el Hijo
del Hombre.
Habiendo salido de las pasadas edades, y venido hasta el reino humano como
el Hijo de Dios, trajo consigo la gracia del cielo para los hombres.
Hemos de aceptar este hecho o acusarle de falsedad, por que El dijo:
“He descendido
del cielo” (Juan 6:28).
Como Hijo del hombre, nació de mujer. El se hizo el perfecto
representante del hombre delante de Dios. En esta capacidad, pagó por los
pecados del pecador, y ofreció Su impoluta justicia a Dios como substituto
del pecador. El oró la oración del pecador cuando clamó:
“Dios mío, Dios mío, ¿por
qué me has desamparado?” Como substituto del
pecador, vivió, anduvo, oró y obedeció al Padre en todas las cosas, como
el Hijo del hombre.
Lo más cercano que nuestras mentes finitas pueden llegar a comprender la
Trinidad de Personas divinas es que, son uno en varios respectos, pero
distintas personas en cuanto a su misión. No necesitamos saber más que
esto: porque en la gran Persona del señor Jesucristo, tenemos la
información necesaria. “Porque en El
habita toda la plenitud de la Divinidad corporalmente”
(Col.
2:9).
Este hecho que El, el Jehová del cielo, se humillara a sí mismo y viniera
entre los hombres en la Persona de Jesucristo, es demostrado en el pasaje
siguiente: “El cual siendo en forma de
Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios sin embargo, se anonadó ser
igual a Dios; sin embargo, se anonadó a sí mismo, tomando forma de siervo,
hecho semejante a los hombres”
(Filipenses 2:6-7).
El hombre fue hecho originalmente a la imagen de Dios, pero cayó. Su
Creador, entonces, vino en forma de hombre, para poder redimirle. ¡Qué
enorme precio fue pagado por nuestra salvación!
“¿Cómo escaparemos nosotros si
tuviéremos en poco una salvación tan grande?”
“¿Qué os parece del Cristo? ¿De
quién es Hijo?”
Esta es la dura pregunta que deben contestar los que niegan Su deidad.
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