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TEMA:
Oración |
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Problemas con la Oración y Como Resolverlos Inconsecuencias en la Vida de Oración II. Nuestra Inhabilidad Para Seguir Instrucciones -
C - La Mirada Hacia Arriba "Nuestro" Por
Mariano González V. Jesús
enseñó a sus cristianos seguidores que al irrumpir en oración dijeran: “Padre
nuestro”. Eso de “nuestro”
en sí, sumado a lo que demostramos mediante las Escrituras que citamos
anteriormente acerca de la paternidad de Dios, confirma a la oración
modelo como un ejercicio de carácter sumamente exclusivo. Nos dice a
gritos que dicha oración no fue pensada para el uso de todo el mundo,
sino para el de un grupo selecto, es a saber, los auténticos
hijos
de Dios. Aquí no se está invitando a los hijos del malo e hijos de
desobediencia a usar esta oración, sino que más bien se está convocando
a los miembros de una familia selecta para que acudan a una deleitosa cita
familiar presidida por el Padre. Paradójicamente,
los no miembros de esta familia son los que cotorrean más esta
oración, especialmente, cuando se ven en apuros. Usan el Padrenuestro
como si fuera una póliza de seguro de la cual echan mano cada vez que
truena. El resto del tiempo prosiguen por sus vidas de lo más campantes.
Las viven como si no tuvieran a Dios en su noticia. Son
los auténticos hijos de Dios, mediante el Espíritu de adopción
residente en ellos, quienes son impulsados a clamar orando, a reclamar con
júbilo, y a gozar de lleno, su identidad espiritual con el Padre del
cielo. El ministerio interior del Espíritu Santo es que los incita a
acercarse y balbucear al oído de Dios: “¡Abba, Padre!” (Abba
o, Pathr).
Abba es
una voz aramea que usaban los niños hebreos pequeños para dirigirse a su
papá. Es una forma diminutiva del arameo Ab.
La
Biblia dice en Romanos 8:15-16: “No habéis
recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que
habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: Abba
Padre”. Eruditos
en koiné griego y en el arameo de uso común en los días del Nuevo
Testamento, concurren con un buen número de intérpretes de la Biblia en
que Abba
o, Pathr
(“Abba
Padre”) es una expresión filial de tiernísimo cariño e
intimidad filial. La entiendo como si filmáramos a un niñito o niñita
acercándose para abrazar y mimar el rostro de su progenitor a la vez que
balbucea a su oído: “Papaito querido”, “Papito mío, te amo”, o
“Papi, ¡Cómo te quiero!” La
escena refleja el encuentro feliz de corazones encolados por los fuertes
lazos de la familia en un contexto de inocente confianza. En
ese sublime sentido, intuyo, que en el patrón que Cristo dio a los discípulos
para enseñarlos a orar, la palabra ‘Padre’
ha introducido el concepto de la confianza filial que en efecto existe
entre Dios el Padre y los que somos sus hijos. Cristo está insinuando que
al presentarse ante Dios para orar, los hijos de la familia no necesitan
sentirse distanciados, ni con miedo por sus desobediencias, sino con
confianza por el perdón y la aceptación que hay en el corazón del Padre
celestial. Según Romanos 8:15-16 el cristiano quien antes estaba
esclavizado por el pecado, ha sido liberado y colocado por el Espíritu de
Adopción en la categoría de hijo. La
acción del Espíritu de Adopción, en efecto, lo ha acercado íntimamente
al corazón del Padre. La atmósfera es una de cercanía y de genuina
confianza, posible sólo para los hijos. Ningún esclavo osaría dirigirse
a su amo como Abba, sino que mantenía siempre una distancia prudente. En
consecuencia, lo que viven los miembros de la familia de Dios en el acto
de la oración, es análogo a la confianza natural con que los niñitos se
acercan a sus padres terrenales para contarles sus secretitos, o para
manifestarles que tienen hambre, o que necesitan ropa limpia, o que se han
caído raspándose las rodillas, o que les duele una muela, y en fin,
siempre buscando la simpatía, el apoyo, el cariño, y la consolación de
sus progenitores. Instintivamente, nos parece, ningún niño llamaría Abba
a
algún adulto extraño que no fuera su propio padre. |
Al
acercarnos al trono de amor donde se sienta nuestro Padre, resultaría
pues útil allegarnos en plena certidumbre de fe y en la total confianza
de que somos bienvenidos allí. Que hay Uno sentado sobre el trono que
permanentemente es todo oído para escucharnos. Que este Uno, al oírnos
balbucear Abba
siente compasión por nuestras debilidades y es sensible a nuestras
diversas necesidades emocionales, espirituales, y materiales. Que al
llegarnos a EL, este Uno nos hará sentir que no hemos tocado a la puerta
de un extraño, sino que hemos tocado a la puerta, y que en efecto hemos
entrado, al vestíbulo mismo de nuestra futura habitación celestial.
Es allí donde mora y donde siempre nos espera EL, nuestro Abba
o, Pathr. La
expresión Abba
o,
Pathr aparece
tres veces en el Nuevo Testamento. La primera vez la usó Cristo en el
Jardín de Getsemaní cuando pidió en lengua vernácula, a su Abba,
que
lo librara del trago amargo que estaba a punto de tomar. Marcos 14:36
retrata la escena en Getsemaní que sirvió de trasfondo al doloroso
coloquio entre el Salvador sufriente y Aquél
en quién EL se deleitaba en complacer en todo. La voluntad de Dios,
agradable y perfecta, fue siempre su objetivo principal. El Señor expresó
sus sentimientos de esta manera: “Abba Padre, todas las cosas son
posibles para tí; aparta de mi esta copa; mas no lo que yo quiero, sino
lo que tu”. En Hebreos
10:5,7,9 la Escritura confirma: “Por lo cual, entrando en el mundo
dice: . . . He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad . . .
Las citas tomadas de la epístola a los Hebreos cumplen lo predicho siglos
antes en el Salmo 40:8: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha
agradado. Y tu ley está en medio de mi corazón”. La
segunda vez el Abba
o
Pathr
lo
usa San Pablo en la cita de Romanos 8:15-16 a que ya nos hemos referido.
La tercera y última vez la hallamos en Gálatas 4:6: “Por cuanto
sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su hijo, el
cual clama ¡Abba, Padre!” En
cada una de estas tres porciones, después de usar el arameo Abba,
la
Biblia invariablemente coloca a renglón seguido su equivalente griego de
Pathr (en
español, Padre). La voz dual Abba
o
Pathr no
aparece en el Antiguo Testamento aunque sí se encuentra en documentos
seculares contemporáneos al mismo. El bilingüismo de la expresión la
sitúa dentro de su contexto cultural e histórico resultando un verdadero
festín para lingüistas y cronometradores. El
uso del Abba
arameo y del Pathr
griego
bien pudiera estar asegurándonos
que
aunque seamos fluentes en alguna lengua extranjera, cuando se trate de
expresar los sentimientos más sublimes e íntimos del corazón, es
perfectamente natural y aceptable que arranquemos en la lengua que
aprendimos en el regazo de nuestras madres. Por
otra parte, el balbuceo filial intimo
a que nos hemos referido ensolvería una forma de volvernos niños, y
cumplir así con el requisito expresado por Cristo en otro contexto, y con
el fin de producir un efecto distinto: "Si no os volvéis y os hacéis
como niños, no entraréis en el reino de los cielos”
a que nos hemos referido ensolvería una forma de volvernos niños, y
cumplir así con el requisito expresado por Cristo en otro contexto, y con
el fin de producir un efecto distinto: ”Si no os volvéis y os hacéis
como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mt
18:3). Volverse
como niño es desarrollar una actitud de transparencia humilde, de
confianza ingenua, y de dependencia total. Como
bien observa un intérprete bíblico, el uso dual o consecutivo del Abba
y
del Pathr,
podría sugerir que aunque la salvación es de y para los judíos, la
misma se extiende también a los griegos o gentiles. Insinuaría por ende
que Aquél que está infinitamente alto y sublimado, queda también íntimamente
accesible y geográficamente cercano al corazón que sinceramente le busca
sea este judío o gentil. De
modo que, lector cristiano, el acto de la oración provee una mina de
riquezas que podemos explorar continuamente. El privilegio de allegarse
confiadamente al trono de la gracia para “alcanzar misericordia y
hallar gracia para el oportuno socorro” (Heb
4:16), es uno de esos valiosos tesoros que pueden
explorarse ininterrumpidamente cuando se es parte de la familia de Dios.
Usted y yo quedamos invitados a disfrutarlos a plenitud de manera continua
en nuestra relación íntima con Abba
o
Pathr.
Subamos pues al Trono de la Majestad en las Alturas ahora, mañana
y siempre, con todo fervor, con toda confianza, a plena conciencia de que
allí siempre nos espera, para escucharnos, nuestro Abba
o
Pathr. En
el próximo artículo proseguiremos discurriendo sobre la mirada hacia
arriba de la oración modelo. Esté pendiente al próximo número de esta
revista. |
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