TEMA:
Ocultismo - Budú - Santeria.

SE SOLTO EL DIABLO

Satanás no es una mera creación de la superstición ni de la imaginación humana. La Biblia da cuenta de la existencia de un sobrenaturalísmo maligno encabezado por el diablo y por una multitud incontable de sus asistentes, designados como demonios o espíritus inmundos. Según la Biblia, satanás gobierna un reino tenebroso organizado para oponerse a Dios en Sus planes de misericordia para con el hombre.

En el mundo actual hay evidencias físicas de la presencia aflictiva de satanás y de sus agentes. Ahora mismo miles de personas se encuentran poseídas por demonios, y otras sufren la fuerte opresión de estos seres que incesantemente las perturban. Por causa de estos maleficios, hay individuos enfermos del cuerpo, de la mente, y del espíritu. La medicina general no puede encontrar mal orgánico alguno en estas personas. Las ciencias especializadas tampoco. De ahí que psicólogos y psiquiatras se vean imposibilitados para ayudar a estos pacientes. En su descontrol mental y emocional, estas personas han sido esclavizadas por poderes invisibles al servicio del mal.

Hay también evidencias históricas de la existencia de estos seres ocultos. Nos las dan las religiones que existen en el mundo. Virtualmente todas incluyen en sus creencias a satanás y a sus lacayos, los demonios.

Pero se preguntará usted . . . ¿qué es un demonio? Pues, simplemente, es un ser espiritual y como tal no tiene cuerpo de carne y hueso. El hecho de ser incorpóreo e inmaterial lo hace propenso a buscar cuerpos humanos en los cuales habitar. A veces entra en compañía de uno o más asociados y llegan a ejercer control sobre sus víctimas, hablan y actúan por medio de ellos, y a través de ellos transmiten mensajes de confusión a la humanidad.

La palabra demonio viene del griego daimwn (daímon) que significa "inteligente" o "conocedor". Los demonios tienen acceso a conocimientos extrahumanos y, por ello, mucha gente son atraídas a consultarlos. Estos curiosos anhelan obtener información que de otro modo no pueden conseguir. La consulta por lo general se lleva a cabo a través de un médium o instrumento humano habituado al tráfico con estos seres ocultos. El médium entra en un "trance" que le permite poner al consultante en contacto con uno de estos seres al servicio de satanás.

Hay personas ingenuas que consultan los médium en la esperanza de comunicarse con algún familiar muerto. Cuando el médium entra en "trance", lo que en realidad logra es atraer a un demonio que habla, actúa y finge ser la persona muerta. Nervioso, aterrado y sudoroso, el consultante queda medio complacido y hasta convencido de su éxito extrasensorial. Esto le convierte en un asiduo consultante. Insaciablemente consentirá a la manipulación por parte de los espíritus caídos, comenzando para él la más degradante esclavitud.

Esta práctica es sumamente peligrosa. No sólo esclaviza, sino que también aparta al individuo más y más de toda posibilidad de salvación. Dios por su parte, condena enérgicamente en Su Palabra todo lo que tenga que ver con el ocultismo. De ahí que El prevenga contra las levitaciones o levantamientos de objetos o personas en el aire, contra la telekinesia, escrituras automáticas, visiones y trances de los médium, viajes de la mente, apariciones fantasmagóricas, astrología, el horóscopo, lectura de barajas, bolas de cristal, palma de las manos, la tabla ouija. La Biblia enfáticamente nos exhorta a rechazar vigorosamente estas prácticas por ser maléficas y de inspiración satánica.

Dice la Biblia: "El hombre o la mujer que evocare espíritus de muertos o se entregare a la adivinación, ha de morir; serán apedreados; su sangre será sobre ellos"

(Levitico. 20:27). Dice también: "No os volváis a los encantadores y adivinos; no los consultéis, CONTAMINANDOOS con ellos. Yo Jehová vuestro Dios" (Levítico 19:31). La Biblia añade además: "No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a muertos. Porque es ABOMINACION para con Jehová cualquiera que hace estas cosas" (Deuteronomio 18:10-12).

Toda práctica de ocultismo es de control satánico. Los espíritus inmundos que le sirven, demonios caídos, vigorizan y sirven de combustible a estas comunicaciones, adivinaciones, apariciones y contactos con los que han muerto. Las personas que buscan estas cosas no sólo pecan contra Jehová, sino que se exponen a esclavitudes de las que luego no se pueden desatar. Sólo la directa intervención de Jesucristo, el Hijo de Dios, puede quebrantar el poder de las tinieblas.

Déjeme preguntarle . . . ¿ha sido usted lavado por la sangre de Cristo y regenerado por el Espíritu Santo? Entonces, le exhortamos encarecidamente a que no comparta ni endose en manera alguna cualquier faceta del ocultismo. Sepárese de los que practican tales cosas y renuncie, y denuncie estas prácticas, como contrarias a la voluntad de Dios.

Por el contrario, si usted no se ha convertido a Jesucristo, le urgimos arrepentirse del pecado ahora mismo y recibir a Jesucristo en su corazón. Distánciese así de toda posibilidad de participar en estas formas de satanismo.

Si es que ya ha participado en ellas, o lo que es más, si es usted un médium habitualmente poseído por uno o más de estos demonios, hay liberación total para usted por medio de Jesucristo. Jesús dijo: "Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8:32). El es la verdad que debemos creer para ser salvos y para ser libres. Jesucristo venció a satanás, la serpiente antigua, cuando murió crucificado sangrientamente en un madero. La victoria que obtuvo puede ser nuestra por la fe. De modo que, sí, es posible sacudir las pesadas cadenas del enemigo del alma.

Este es el camino a seguir:

1) Dispóngase a rechazar a satanás y sus demonios con energía y decisión.

2) Rompa, queme o arroje al cesto de basura cualquier objeto en su poder que se use en el ocultismo.

3) Reciba a Jesucristo en su corazón en un acto de fe y arrepentimiento verdadero.

4) Al arrepentirse confiese específicamente ante Dios el pecado de haberse puesto, voluntariamente, al servicio de satanás.

5) Reprenda a este poderoso enemigo mandándole con autoridad a retirarse al lugar que le corresponde. Hágalo en el nombre todopoderoso de Jesucristo y por Su sangre preciosa vertida en la cruz.

6) Clame el poder de Dios orando fervorosamente. Lea la Biblia intensamente y medite profundamente en sus verdades. Déjese llenar por el Espíritu Santo.

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