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TEMA:
Meditación Trascendental |
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S
I E S T A VI Por
Mariano González V.
Nada puede tomar el lugar de una 'buena siesta'.
No, ni siquiera la Meditación Trascendental (M.T.).
La siesta es una venerable institución de que tradicionalmente nos
hemos servido los latinoamericanos para conseguir el necesitado
relajamiento en medio de las faenas cotidianas.
Los norteamericanos, at large, no saben valerse de este útil
artificio. De ahí que un
sector apreciable de esa sociedad, convencido del beneficio inherente del
'break' o 'cese' periódico del trabajo y actividad, opte por siestar con
la M.T. Otro amplio sector de
esa sociedad busca este efecto de 'cese' en las drogas alucinógenas.
La influencia del Yogi Maharishi ha llegado a la América Latina.
Su poderosa organización internacional busca darle firme pie en el
continente. Sus Colegios
Maharishi son sólo una manifestación de este esfuerzo.
La organización Maharishi ofrece al público cursos en M.T.
Se la define como una "técnica científica' mediante la cual
uno puede hacer menos y realizar más, empleando la totalidad de su
potencia mental para alcanzar un profundo sentimiento de descanso
dirigiendo la atención
En nuestros países a menudo algunos individuos son sorprendidos en
su buena fe. Alegan que debe darse a los M.T. cabida y entrada,
oportunidad para trabajar entre nosotros y luego esperar el resultado y
desarrollo de esa técnica, pues quién sabe si aportará a nuestra
sociedad los beneficios de la 're-orientación'.
Ante esta manera de razonar bien cabe que nos hagamos la seria
pregunta: ¿Debíamos dejar
caer la bomba atómica en una de nuestras capitales, porque, después de
todo, es posible que uno de sus barrios quedara y sirviera al fin y a la
postre como semilla para la 're-orientación' de esa capital?
La opinión pública hispanoamericana se da cuenta de la falacia de
tal razonamiento. Lo sabe
porque ya la bomba atómica ha caído en otras partes y sus efectos
devastadores e incinerantes son bien conocidos.
Del mismo modo, no hay que esperar para saber los resultados,
buenos o malos, de la M.T. La
misma ya se ha probado en otras latitudes y sus resultados están ahí
para los que quieran investigarlos. La India (Bharet), de donde vienen la M.T. y el Maharishi, es un ejemplo en cuestión. La religión preponderante allí es el arroyo que fecunda la M.T. Se llama el hinduismo y es profesado por el 83% de los habitantes de ese país. La India ocupa el segundo lugar como la más populosa nación del mundo. La India también ocupa su lugar como una de las naciones más pobres de la tierra en más de una forma. El ingreso por cápita de sus habitantes es de sólo $150.00 anual (1977). En la India mueren de hambre diariamente millares de personas mientras que las vacas pululan alegres e intocadas por su ámbito. Tan espantosa es la miseria de aquel sub-continente, que por fuerza sus ´'gurus', 'swamis', y 'yogis' emigran al occidente donde encuentran más fácil y abundante financiamiento para el imperialismo indostano. Todo buen antropólogo reconoce la relación entre el progreso económico y el avance mento-emocional de un grupo étnico. Toda religión gravita e influye la manera de pensar, de reaccionar, de valorizar y en la visión del mundo de los que la profesan. La mente y las emociones son dos pilares de la personalidad humana. |
Según los registros computarizados de la organización Maharishi,
sólo una tercera parte de los iniciados en la M.T. la continúan al
finalizar el primer año. Después
del primer año muchísimos más abandonan 'la técnica' desencantados.
Los ex-meditantes hablan con desilución sobre las lagunas de la
M.T. y sobre su imposibilidad de entregar sus amplias promesas.
Existen muchos testimonios a este respecto.
Las desiluciones han descubierto, entre otras cosas, que las enseñanzas
de la M.T. en lo que se refiere al mundo y la naturaleza, no encajan con
la realidad. La M.T. enseña
que el mundo de diversidad, del cual estamos conscientes normalmente, no
es diverso en realidad sino solamente en apariencia (maya).
La mente occidental, un poco más acostumbrada al análisis, choca
con estos conceptos abstractos de manera tan frontal, que para muchos
significa un desastre masivo de adaptación.
La mentalidad judeo-cristiana de la sociedad nuestra está
fundamentada en el realismo que proyecta la Biblia.
Los Vedas y el Bhagavad-Gita proyectan en cambio un extenso e
intricado subjetivismo sin siquiera dar criterios con que medirlos.
La mente occidental, al coquetear con esta forma de misticismo
oriental, llega a sentirse desolada, perdida, insegura, flotando en el
vacio de sus abstracciones. Como
tiene un basamento más realista y analítico, se le imposibilita eso de
'deificar' a los hombres, las vacas, las plantas, las cosas, como
profusamente se hace en el hinduismo, tanto en el tradicional como en sus
ramificaciones modernos occidentalizadas.
El hinduismo venera millones de deidades o dioses.
El mecanismo mental y el proceso de razonar del hindú no tiene
retenes en lo que a 'deificar' se refiere porque no reflexiona analíticamente
sino sintética y sincréticamente. Su
manera de ver la realidad anda en abierto conflicto con la naturaleza
misma de la realidad. Eso de
confundir al hombre con Dios, con los animales, las plantas, el universo
en general, no es otra cosa que arrodillarse ante la criatura en vez de
ante el Creador. La Biblia
amonesta enérgicamente contra esta práctica sincrética e idolátrica, y
dice: "sólo al Señor
ADORARAS y a El sólo
SERVIRAS."
En el supuesto que la mística oriental cobrara fuerza numérica
mayoritaria en nuestra sociedad, ¿Qué pasaría a la industria ganadera
si a esta sociedad se le persuadiera a 'endiosar' a las vacas?
¿Qué pasaría con las industrias porcinas, ovinas, pisícolas si
la colectividad fuera convencida de su necesidad de hacerse vegetariana?
Hállese respuesta a estas preguntas en el contexto de la India.
Desde el punto de vista de la economía latinoamericana, estas
respuestas podrían deletrearse con las letras de una sola palabra:
CATASTROFE.
William Johnston, licenciado en Teología Mística y profesor por
veinte años de esta materia en Tokio, habla sobre los efectos de la M.T.
Advierte Johnston sobre la tendencia que exhiben los 'meditantes'
"huir de la realidad", a encerrarse en sus propios
castillos (síndrome del escape). Habla también de la incapacidad y la dificultad para
"controlar" las experiencias trascendentales y para
"integrarlas" a la vida real.
Opina que la M.T. puede conducir a la negligencia para con el mundo
exterior, y en algunos casos a la equizofrenia. Otros comparan los efectos benéficos y relajantes de la M.T.
con los efectos paliativos de la aspirina.
Hablan de ella como una 'meditoadicción'. Aseguran que los beneficios que esta 'técnica' puede aportar
no compensan los riesgos de adquirir una condición permanente de apatía
fatalista o de un crónico subrealismo.
La 're-orientación' del desorientado se consigue sólo cuando éste
reconoce, honestamente, que está perdido y sin esperanza, luego se
arrepiente de sus malos caminos y cree en el sacrificio de Jesucristo, en
su sangre vertida que expía los pecados y cambia las vidas.
La ruta del que así hace, cambia en ese momento y la 're-orientación'
apetecida se hace la más viva realidad.
No hay otra manera posible para la 're-orientación' permanente. |