TEMA:
Islam (Musulmanes)

 

¿Por qué Muhammad  

no es el profeta de Dios?

   I 

Por Mariano González V.

                 En las dos entregas anteriores discurrimos sobre Aláh el dios del Islam. Concluimos que Aláh  es un Dios distinto al Dios de la Biblia. Con la entrega presente comenzamos una serie de dos en la que veremos que el mensajero del Islam Mahoma (Muhammad) tampoco fue un profeta que enviara el Dios del cielo. En trabajos subsiguientes traeremos a colación el libro sagrado del Islam o Corán (Qur'an) a los efectos de demostrar que el Qu'rán tampoco es un libro confiable para guiar nuestras almas como ha probado ser la Biblia.

                Entre los historiadores e islamólogos, tanto musulmanes como de otras persuasiones, hay cierto grado de consenso sobre los detalles de la vida y la obra de Mahoma. Al unísono nos dicen que Muhammad nació en la ciudad de la Meca (Makka), en Arabia, alrededor del año 570 de la era cristiana. Su padre se llamó Abd-allah o Abdula y el nombre de su madre fue Aminah. Abdula murió antes de que Mahoma naciera y Aminah falleció cuando Mahoma era todavía pequeño. Sus abuelos, que eran ricos, lo llevaron a su casa para criarlo, pero más tarde resolvieron enviarlo a vivir con un tío. De acuerdo con algunos biógrafos, Muhammad como niño era un típico arabito. Correteaba y saltaba asediando constantemente de preguntas a los caravaneros que traficaban por el desierto llevando mercancía de una ciudad a otra en sus camellos. Amaba el desierto y aparentemente también sentía mucha curiosidad por explorar el vientre de las cuevas de alrededor o por treparse a las cimas de las montañas. En la cueva del Monte Hira Mahoma tendría su primera visión estática cuando tenía alrededor de 40 años.

                Entre los eruditos de toda pinta hay los que sugieren que las visiones del profeta pueden haber sido producto de ataques de epilepsia.  Otros creen que pueden haber sido inducidas por influencia o posesión de espíritus. En su momento el mismo Mahoma conjeturó y le causó cierta preocupación esta última posibilidad. Sus preocupaciones se tradujeron en profundo desaliento y hasta en intentos suicidas. Tradiciones antiguas aseguran que cuando Muhammad iba a recibir un mensaje de Aláh, caía al suelo con paroxismos, serias sacudidas del cuerpo, se le viraban los ojos, y sudaba profusamente. En este estado similar a los de un trance el profeta recibía sus revelaciones. Luego se levantaba y comenzaba a predicar sus visiones con no poca vehemencia. Al leer los evangelios uno no puede menos que percibir el fenomenal contraste entre esta inusual y extraña conducta de Mahoma y la apacibilidad y el decoro con que se manejaba el manso Rabí de Galilea. Los puntos de contrastes que presentaremos en la próxima entrega harán más patente la grieta que separa a Jesús el Cristo de Muhammad (Mahoma).

                Es entendible que las conjeturas de los mencionados eruditos resulten ofensivas para los muslamitas. Pero así como los musulmanes tienen derecho a interpretar las experiencias extáticas del mensajero del Islam como auténticas revelaciones de Aláh, el resto tiene también derecho de creerlas lo que los eruditos han sugerido o de catalogarlas como pura histeria religiosa, el resultado de una imaginación fértil, o simplemente, fraude.

                Muhammad fue a trabajar eventualmente como caravanero para una viuda rica que aparentemente tenía negocios dentro y fuera de la Arabia. Su nombre era Khadijah. Más adelante el profeta se casó con ella no obstante ésta llevarle 15 años de edad. Khadijah fue la primera conversa de Mahoma. El profeta murió el 8 de Junio del 632 cuando tenía 62 años.

                Así como el nombre Aláh, (el dios-luna), dios del Islam, no se encuentra en la Biblia, tampoco se encuentra en la Biblia el nombre de Muhammad el mensajero del Qur'an. Para crédito suyo, el 'apóstol' musulmán sí que hace repetidas menciones o referencias en el Corán a las Escrituras judeo-cristianas. Por lo que se lee en el Corán, Muhammad endosa muchas de las ideas morales y no pocas doctrinas de la Biblia. Hace referencia también a varias de sus fascinantes historias, nombra a varios de sus patriarcas, a varios de sus profetas y personajes, y créalo o no, destaca también a I s a   Al- Masih (Jesús el Mesías). Naturalmente hay que ver en que forma es que hace estas menciones. Es menester analizar cómo, e interpretar por qué las hace dentro de un contexto de revisión, alteración, distorsión, contradicción, o abierta negación.

                Aunque difícil de probar, intuyo que las referencias bíblicas del Corán fueron calculadas. Que se dispararon amañadamente en busca de legitimación para el Qur'án o nacieron de la desesperada necesidad del profeta de adquirir cierto status y credibilidad al principio de su apostolado. Desde muy temprano en su carrera, las comunidades judías y cristianas se opusieron tenazmente a Mahoma y a sus enseñanzas. Resistieron con vigor sus intentos proselitistas entre ellos. Al fracasar en convertirlos, Muhammad optó entonces por una retórica incendiaria que prendió las flamas del holocausto de incontables judíos y cristianos. Judíos y cristianos murieron asesinados por los colaboradores del profeta durante la época temprana de expansión del Islam. Sus propiedades fueron expropiadas y sus mujeres e hijos sometidos a esclavitud. Millares más de miembros de ambas comunidades morirían a lo largo de los siglos que siguieron. Esta Jihad o "guerra santa" continúa vigente hasta el sol de hoy. Sacan periódicamente su nauseante cabeza en actos de barbarie como los acaecidos en Estados Unidos el 11 de Septiembre del 2001 y en el repetido salvajismo terrorista de las "bombas humanas" palestinas en Israel.  La Jihad no cesará mientras el Qur'án y la Hadiz sean los manuales de instrucción del muslamismo.        

                El historial del intento de legitimación y adquisición de status ha sido abundante a través de la historia religiosa del hombre.  Es la lógica que ha incendiado el cerebro de más de un "profeta", tal y como el de José Smith de los mormones. La constelación de falsos profetas resulta demasiado larga para que intentemos enumerarla. Evidentemente, Muhammed los sobrepasó a todos logrando más éxito expansivo y una raigambre más firme en las masas. Se estima que el emporio religioso musulmán alcanza ahora a poco más de mil millones de seguidores en todo el mundo. En la América Latina existen comunidades muslámicas de consideración en Argentina, Brasil, México, y Panamá. Se dice que en los Estados Unidos unos 25,000 hispanos se han convertido al Islam en los Estados de Nueva York y California.

                Partiendo del capítulo o Surah 61:6 donde se menciona la palabra Ahmad, algunos eruditos islámicos arguyen que éste Ahmad  es Muhammad o Mahoma. Arguyen que Ahmad es una traducción de la palabra griega paracletos (paraclétos) o Consolador (Juan 14:6; 15:26; 16:7).  De ahí que afirmen que las profecías de Cristo acerca de la venida del Espíritu Santo se refieren a Mahoma. En la teología muslamita Mahoma es considerado el Consolador que había de venir. Pero este no es el caso. En los capítulos 14 al 16 de San Juan Cristo predecía la venida del "Espíritu de Verdad" al cual "el mundo no puede ver", no la aparición de un hombre tan visible como Mahoma. El Divino Espíritu moraría en el corazón creyente (Jn 14:17) lo cual es un imposible para Mahoma. La función del Espíritu sería aquella de testificar corroborativamente acerca de Jesús (15:26,16:14)  lo cual Mahoma fracasa en hacer.  El testimonio que actualmente Mahoma da de Jesús es hallado en falta cuando lo pesamos en una balanza con el son unísono que tocan el Antiguo y el Nuevo Testamento. Son simplemente incongruentes.

                Por otra parte, los nombres Ahmad y  Muhammad son dos términos árabes diferentes con significados ligeramente distintos. Muhammad es un nombre propio de persona. Ahmad  es un adjetivo. Es harto difícil probar que Ahmad sea sinónimo de Muhammad. Curiosamente, no existe ningún registro histórico de que antes del tiempo de Mahoma los árabes usaran Ahmad como nombre propio. Si bien "el noble" Corán usa la palabra Ahmad, es notable que jamás la usa  para referirse a Mahoma,  El Corán en cambio llama vez tras vez al profeta por su nombre propio de Muhammad. Cobra importancia arrestante además el hecho de que el Qur’an no hace referencia al supuesto que tantos musulmanes esgrimen hoy de que el nombre Muhammad se encuentre en la Biblia.

Note que hemos afirmado que este esfuerzo de los apologistas musulmanes, que en definitiva es un esfuerzo por hacer de Mahoma un personaje bíblico, toma como punto de partida el Qur'án (Corán) y no la Biblia. La Biblia desconoce totalmente a Muhammad. Los últimos de los escritos bíblicos se completaron 600 años antes de que el profeta naciera. Evidentemente, era tarea imposible para los escritores de la Biblia traer a colación el nombre de Muhammad, tal y como era imposible que nombraran a Hitler, Gorvachev, o a Fidel Castro. Razón hubo para dicha omisión. Los cuatro personajes mencionados eran totalmente irrelevantes a los propósitos providenciales y a los designios proféticos del Dios del cielo. 

      Por otra parte, los escritores de la Biblia sí que hicieron mención de nombres de otras personas, de entidades geográficas, así como también señalaron eventos que todavía no habían intervenido la historia. Este elemento profético prueba, de paso, la inspiración divina de la Biblia. Entre las muchas predicciones que la Biblia contiene, para sólo mencionar una, está la del advenimiento al mundo de I s a   Al- Masih, (Jesús el Mesías). Debe pues ser un secreto a voces lo que hay tras bambalinas cuando se busca biblificar a Muhammad  y adjudicarle un llamamiento paralelo al de I s a   Al- Masih. 

 No obstante, el debate basado en la suposición de que la Biblia nombre a Mahoma no cesa. En su prosecución los eruditos muslámicos gustan de citar el Toráh o Pentateuco de Moisés que en Deuteronomio 18:15 y 18 dice: “Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare”. Arguyen los islamólogos que como Dios habla aquí con los Israelitas que son los descendientes de Isaac, la frase “de en medio de sus hermanos” quiere decir los descendientes del hermano de Isaac o hijos de Ismael, de cuyo linaje, se alega, procedió Mahoma. Concluyen que el mencionado profeta “como Moisés” a que Deuteronomio 18:15 y 18 alude no puede ser otro sino Mahoma. Pero... a premisa falsa, conclusión falsa. El argumento muslámico que supone sellar el biblicísmo de este nombre no resiste la prueba ácida de la exégesis. Si se pudiera establecer que Mahoma fue predicho por la Biblia, en cierto modo el "profeta" quedaría legitimado y sancionado el Islam y el Corán también. Pero este no es el caso.

                Habría que estar ciego, o ser intencionalmente selectivo, razonar con deshonestidad intelectual, o ser un analfabeto en exégesis bíblica, para no percibir enseguida la superficialidad y, peor todavía, la falacia de este argumento.

                Leyendo el libro de Deuteronomio debe notarse que la frase “de entre vuestros hermanos” se acaba de usar en el capítulo 17 versículos 14 y 15. Estos versículos expresan el deseo de los israelitas de tener un rey como las demás naciones. Moisés responde a este clamor popular diciéndoles que no podían tener un rey escogido entre los extranjeros sino “de entre sus hermanos”. Vale decir, de entre los israelitas mismos, “sus hermanos”. Nadie medianamente familiarizado con las prácticas del Medio Oriente antiguo, e imbuido por el tenor de la historia de los hijos de Israel en el Antiguo Testamento, esperaría o especularía que los israelitas buscarían a un descendiente de Ismael para hacerlo su rey.

                Los versículos 1 al 2 de Deuteronomio 18 revelan también quienes son estos "hermanos". Dicen así: "Los sacerdotes levitas, es decir, toda la tribu de Leví, no tendrán parte ni heredad en Israel; de las ofrendas quemadas a Jehová y de la heredad de él comerán.  No tendrán, pues, heredad entre sus hermanos; Jehová es su heredad, como él les ha dicho". Aquí separa Dios a la clase sacerdotal, todos miembros de la tribu de Leví, diferenciándolos del resto de sus "hermanos" que eran los miembros de las once tribus de Israel restantes.

                El libro de Jueces 20:13 refuerza: "Los de Benjamín no quisieron oír la voz de sus hermanos los hijos de Israel". Bejamín era el cabeza de una de las tribus de Israel. Para documentarse más acerca del uso bíblico de la expresión "vuestros hermanos" baste con ojear también a 2 S 2:26; 2 R 23:9; 2 Cr 28:15; Neh 5:1.  Consecuentemente, el nombre de Muhammad no está en la Biblia porque Muhammad jamás estuvo en la línea del interés de Dios y en ningún momento fue un "profeta del Altísimo" como lo fue Jesús, Juan el Bautista, Isaías, Elías, y muchos otros de los cuales da cuenta el libro inspirado.

                No pierda de vista el lector el hecho de que el referido profeta de Deuteronomio 18:15 y 18 tenía que ser "como" Moisés. Esto es tajante. Sitúa claramente a Muhammad como un profeta espurio, falsificado.  El pre-requisito de ser "como Moisés" descalifica a Muhammed de cuajo porque en primer lugar Moisés era israelita, del linaje de Isaac, mientras que Muhammad era árabe, de la tribu de los Quraysh, tribu que precisamente reclamaba ser descendiente de Ismael. Hasta  el Corán mismo confirma y refuerza el arabismo de Mahoma al decir en el Surah 46:12: "Y antes de él, existía el Libro de Moisés, como guía y misericordia. Y este es un libro (el Corán) que lo confirma en lengua árabe, para advertir a los que hacen injusticia (del castigo) y para dar la buena nueva (de la felicidad)a los bienhechores."*

      En segundo lugar, a Moisés le hablaba Dios “cara a cara como habla cualquiera a su compañero” (Ex. 33:11).  Esta verdad del Pentateuco es corroborada nada menos que por el Corán que dice: "Y ya te hemos narrado las historias de algunos mensajeros y la de otros no. Y Dios habló a moisés, EL MISMO*" (Surah 4:164). Según otro pasaje del Corán, Mahoma específicamente afirma que Dios habló a Muhammad por medio de un intermediario, nunca directamente como habló Jehová a Moisés. Este intermediario supone haber sido el ángel Yibril o Gabriel. En dicho pasaje tomado textualmente del Surah 2:97 Mahoma dice: "Di: El que es enemigo de Gabriel debe saber que es él que, con el permiso de Dios, depositó en tu corazón esta revelación que confirma las Escrituras anteriores y que sirve a los creyentes de guía y de un feliz anuncio"*.

      En tercer lugar Moisés realizó milagros portentosos que sobrepujan los 20 milagros que la Hadith o tradición musulmana busca adjudicarle a Mahoma.  Dije "la tradición musulmana", porque Muhammad nunca hizo milagros según indican varios Surahs del Corán. Por cierto, Mahoma negó tener poderes milagrosos (Surahs 17:93; 29:50). En este menester, como en varios otros, el Qur'an y la Hadith están en abierto desacuerdo.

                En definitiva entonces, ¿a qué profeta se refiere la discutida predicción de Moisés?

                La Biblia no deja espacio al azar especulativo, ni se abre al peligro del desvío en asunto tan crucial. Cierra con broche de oro este expediente citando a los contemporáneos de Cristo que percibieron al Mesías Jesús como "el profeta" predicho por Moisés:  "Este", dijeron de Jesus los judíos, "verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo" (Jn 6:14). En función de reclutar a otros para el discipulado de Cristo, Felipe interpretó para Natanael la profecía de Moisés: "Hemos hallado a Aquél de quien escribió Moisés en la ley . . . a Jesús el Hijo de José de Nazaret" (Jn 1:45). "Porque si creyeseis a Moisés - añade Jesús -  me creeríais a mí, porque de mí escribió él" (Juan 5:46).  Ver también Hechos 3:17-26.

                Hasta aquí por ahora nuestro discurrir sobre Mahoma. En nuestra próxima entrega volveremos a poner bajo el microscopio al profeta del Islam a fin de amplificar, como en una pantalla grande, los muchos y afilados contrastes entre él y el Señor Jesucristo.  Dichos contrastes establecerán que Jesús el Cristo indisputablemente es el Astro que más brilla en el firmamento de la historia, y que su encandilante brillo nadie lo puede igualar. Establecerán ante nuestra vista que Jesús es "Aquél de quien escribió Moisés" y que es "verdaderamente el profeta que había de venir al mundo".

*Las citas del Qur'an las hemos extraído de la traducción española por Kamel Mustafa Hallak.

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