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TEMA:
Islam (Musulmanes)
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¿Por qué Muhammad no es el profeta de Dios? II Por Mariano González V. (Disparidades entre el "Profeta que había de
venir al Mundo" y el "Mensajero" del
Islam)
En
nuestra entrega anterior prometimos poner otra vez a Muhammad
bajo el microscopio del análisis crítico. Con ello nos proponemos
destacar, como en una pantalla gigante, algunos de los numerosos,
radicales, y espectaculares contrastes que existen entre Jesús y Mahoma.
Nos proponemos ofrecer sólidos elementos de juicio que habiliten al
lector para discernir la diferencia abismal entre estos líderes
religiosos a los efectos de que el lector decida cuál de los dos es digno
de su juramento de compromiso, de su promesa de lealtad, y cual de las dos
causas que ambos "señores" representan es digna de su apoyo. Más
que todo, lo desafiaremos a que determine cual de los dos es un mejor o más
hábil postor y que al final de su carrera terrenal sea capaz de
entregarle a su alma inmortal los mas substanciales beneficios. Ambos, Jesús
y Mahoma, señalaron el Camino hacia Dios pero nos toca a nosotros hacer
la sobria decisión de escoger entre uno o el otro.
Los contrastes que presentamos a continuación revelan con
clarividencia que Jesús y Mahoma son voceros de dos Dioses con radicales
desemejanzas. Que ambos líderes predicaron dos sistemas de filosofía
religiosa opuestos. Que tanto en palabras como con el ejemplo de sus vidas
y con la evidencia innegable de sus hechos, proclamaron dos morales
distintas. Se hace perentorio desactivar de inmediato el mito de que todas
las religiones, el Cristianismo y el Islamismo incluso, adoran al mismo
Dios porque nada puede andar más lejos de la verdad. Tampoco todos los
caminos conducen al cielo, sólo hay un camino (Juan 14:6). Todos los auto
proclamados "profetas" no representan al Dios verdadero (Mc
13:22) ni todos los "libros sagrados" son dignos de confianza.
Siendo que existen notables diferencias entre Jesús y Muhammad,
nos urge oír a Jeremías exhortarnos en nombre de Jehová a pararnos en
la encrucijada del camino y a preguntar cuál sea la senda antigua para
caminar por ella y hallar descanso para nuestra alma (Jer 6:15). Seguir a
Jesús o a Mahoma indefectiblemente conducirá a una modalidad o estilo de
vida diferente. A la postre, más allá de la tumba, desembocará también
en un destino final distinto. Es
por ello que urge hacer una determinación
responsable y cuidadosa, nunca liviana o superficialmente.
Al presentar hoy a Jesús versus Mahoma como lo que son: polos
opuestos, quiero de entrada reconocer mi deuda con el Dr. Roberto Morey
escritor del libro La Invasión Islámica.
LA INVASION ISLÁMICA
es una obra muy bien bosquejada, de fácil lectura, completa, erudita, y
adecuadamente documentada. Recomendamos al lector que la adquiera en su
librería evangélica con el fin de leerla y minuciosamente estudiarla, y
con la definida intención de compartir sus enseñanzas con cuantas
personas pueda. Quien estudie a fondo LA INVASION ISLÁMICA no necesita
leer ni estudiar nada más acerca del Islam, de Mahoma, o del Qur'an.
Contraigo deuda además con el Dr. Larry Spargimino escritor del libro ¿ReligiOn
de Paz of Refugio del Terror? El
Dr. Spargimino hace en su obra un valioso servicio de contraste entre Jesús
y Mahoma.
El primer contraste entre Jesús y Muhammad
radica en el hecho contundente de que Jesucristo es material que capta la
más aguda atención de las profecías del Antiguo Testamento. Las mismas
precedieron por muchos siglos a las Escrituras del Nuevo Testamento y al Qur'an.
Por un lado, los profetas del Antiguo Testamento dan cuenta
abundante de Jesús el Cristo, y por el otro, ignoran totalmente a Muhammad.
Cinco o más profetas anunciaron el Nacimiento de Cristo con hasta siete
siglos de antelación. No obstante estar localizados en diferentes
latitudes y provenir de diferentes generaciones, acertaron a acoplar sus
predicciones cantando el mismo son (Hch 10:43). Esta insólita sincronización fue posible porque los
profetas del Antiguo Testamento eran hombres inspirados por el Espíritu
del Altísimo (1 P 1:10-11; 1 Ti 3:16). Muhammad
mismo los reconoció como oráculos enviados por Dios.
Los profetas de la Antigua Alianza predijeron con exactitud matemática
distintos aspectos de este singular y deslumbrante Nacimiento. Por
ejemplo, anunciaron un detalle que no se dio antes ni se ha dado después
en la historia humana y es que Jesús nacería de una virgen (Is 7 14).
Precisaron que entraría al mundo por la ventana de una de las
tribus de Israel, la de Judá (Gn 49:10). Especificaron en qué ciudad de
Judá ocurriría esto, Belén (Miq 5:2). De qué familia en Belén, la
familia de Isaí, padre de David (Is 11:1-4); en que punto de la historia
nacería, o sea, cuando se emitiera un edicto para restaurar y edificar a
Jerusalén (Dn 9:25); dijeron que el Providencial Nacido sería un profeta
como Moisés (Dt 18:15,18) y un sin número de otros pormenores más. Jamás
en la historia humana se predijo el nacimiento de alguien con tantísimos
detalles y con tan exacta precisión como lo fuera el Nacimiento de Isa
Al-Masih,
Jhesúa
ha' Massíah,
Jesús el Mesías,
¡Cómo me hacen vibrar de alegría tan pormenorizadas
predicciones! ¡Cómo me llena de asombro un designio profético tan
directo! !Cómo me inunda el pecho la emoción! ¡Cómo estimula,
robustece, vitaminiza, y acrecienta mi fe en la Biblia, en las profecías,
en el Mesías! ¡Cómo el arcano solemniza mi corazón cuando merodeo en
medio de las predicciones del Nacimiento del Cristo! ¡Cómo me hacen
consciente de que con ello trillo tierra santa!
Pero . . . de Mahoma .
. . ¿qué?
. . . Pues, nada. Muhammad
jamás entró ni lo más remotamente en el telescopio de los
profetas porque jamás estuvo tampoco en la mirilla de Jehová. ¿Debía
esto ponernos sobre aviso? o ¿Podrían habernos puesto un semáforo con
luz roja más brillante?
Pero no es sólo el Nacimiento de Cristo lo que los profetas
hebreos predijeron. Estos videntes del pasado vislumbraron además muchos
otros detalles de la vida del Singular Nacido.
Por ejemplo, profetizaron Su entrada triunfal a Jerusalén y hasta
el medio de locomoción que usaría sobre el lomo de un asno para hacer
dicha entrada (Zac 9:9) ¿No es esto super maravilloso? ¡Claro que lo es!
Hace efectivo al dedillo cumplimientos proféticos tales que nos dejan
boquiabiertos.
Los videntes de antaño fueron más lejos todavía. Predijeron
también la traición a Jesús por Judas (Sal 41:9), y Su subsecuente
venta por 30 piezas de plata, y hasta lo que pasaría con esas monedas de
plata, precio de sangre (Zac 11:12,13). Añadieron los pronosticadores de
antaño que Jesús sería injuriado y escupido (Is 50:6), herido con vara
(Miq 5:1), y en qué punto de tiempo, año, y día, sería crucificado
(Dan 9:1-2; Ex 12:5-6). A los visionarios del Antiguo Testamento no se les
escapó tampoco el sacrosanto vaticinio de la crucifixión del Cordero de
Dios en medio de malhechores (Is 53:10-12), afinaron esa escena con
extraordinaria puntería indicando hasta en qué lugar de su cuerpo Jesús
recibiría sus heridas (Sal 22:16), registraron para la posteridad Sus últimos
momentos y Sus últimas palabras sobre la cruz (Sal 22:1; Is 53:12; Sal
69:21); anunciaron Su santo entierro (Is 53:9); Su victoriosa resurrección
al tercer día (Sal 16:10; Os 6:2); y Su espectacular ascensión al Trono
de la Majestad en las alturas (Sal 24: 7-10; Zac 6:13).
¡Cuánto material profético sobre una vida solitaria! ¡Cuántos
predictores diferentes necesitó la emisión de tantas profecías! ¡Cuántos
lugares distintos sirvieron de escena para promulgarlas! ¡Cuán fijamente
se cerró sobre Isa
Al- Masih
(el Mesías Jesús) el foco del telescopio divino! Con precisión tal, y
con tantísima abundancia de detalles . . . ¿Quien osa creer en el azar o
en la coincidencia? ¿Qué grado de miopía dejaría escapar designio tan
providencial y tan cabal cumplimiento profético? Tan sólido testimonio
avala más y más a Cristo como el Vocero exclusivo que fuera enviado por
Dios. Jesús es la última palabra de Dios para la humanidad, no hay más
(Heb 1:1).
En contraste, como ya hemos significado, las profecías no dicen ni
pío sobre Muhammad.
¡Cero mención, mi amigo! Cristo es el único hombre cuya
historia se escribió detallada y anticipadamente antes de que naciera.
Jesucristo, sin lugar a disputas, es el favorito de la Providencia, el
foco de la profecía, y el imán de la historia. El es también el Deseado
de todas las gentes. Ante El voluntaria u obligadamente doblarán sus
rodillas todas las naciones. Inclusive las rodillas de Mahoma mismo se
doblarán ante El (Flp 2:10).
Y . . . amigo mío . . . el providencial designio que avala a Cristo, lo
estrella a usted contra el exclusivismo de marchar tras el único nacido
de mujer que a la vez era de origen divino, y a desconfiar de todo otro
mortal especialmente si osa hablar con "presunción" (No
deje de ver: Dt 18:20-22; 2 P 2:1). No en vano quedó escrito: "Así
ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne
por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová" (Jer 17:5).
Jesús condenó enérgicamente el adulterio y a la vez trató a una mujer
adúltera con compasión, gentileza, respeto, dignidad.
Muhammad
por el contrario, creía y personalmente practicaba, y peor todavía,
aconsejaba a sus seguidores la poligamia o tenencia de varias mujeres
(Sura 4:3)*. Al profeta del
Islam se le adjudican a lo menos 14 esposas. La última de ellas la tomó
por mujer cuando ésta sólo tenía 9 años. En cuanto al lugar de la mujer en la sociedad humana, el cristianismo que encabezó Jesús elevó en su momento el status general de la misma (Mt 28:1-7; Mat 26:6-13; Ef 5:25;Gal 3:28; 1 P 3:7). Pero . . . ¿Sabe usted qué instruyó Muhammad a sus seguidores? ¡Que le pegaran a sus mujeres si éstas eran rebeldes! El Corán en términos inequívocos dice en el Sura 4:34*: "Los hombres tienen cierto predominio sobre las mujeres, a causa de los favores que Aláh acordó a estos sobre aquellas y también por lo que gastan (para la manutención)" . . . El "noble" Qur'an dice a renglón seguido: "Aquellas de las cuales temáis su desobediencia, amonestadlas, dejadlas solas en sus lechos y golpeadlas . . ." En un reflejo más revelante todavía del espíritu áspero y de la actitud machista del Islam, la Hadith o tradición musulmana se permite hacer las declaraciones más derogatorias contra las mujeres: "la mayoría de la gente que está en el infierno son mujeres" y que las mujeres "son deficientes en inteligencia y en religión". Esta evaluación indiscutiblemente coloca a la mujer en un plano inferior, y a usted nuevamente lo sitúa frente a la importante decisión de determinar en cuales manos va a depositar su fe. ¿En las manos de Cristo o de Muhammad? ¿Va usted a seguir las directrices de la Biblia o las del Corán y la Hadith? Asegúrese de ser sensato en su elección y por favor apunte certeramente para que no yerre el blanco. Enfoquemos ahora brevemente la vida moral de Jesucristo leyéndola a la vez a la luz de su enorme disparidad con la de Muhammad. Sólo el Rabino Galileo pudo desafiar a sus contemporáneos y a la vez dejarlos con la boca tapada. A ellos disparó certeramente la incisiva pregunta: "¿Cuál de vosotros me redarguye de pecado?" (Jn 8:46). Porque El, aunque fue "tentado en todo según nuestra semejanza, fue sin pecado" (Heb 4:15). Según el decir de la epístola a los Hebreos Jesús fue "santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos" (Heb 7:26). En contraste, en el Sura Coránico número 40:55* Aláh ordena a Muhammad: "Implora el perdón por tu pecado". En el Sura 48:1-2* llamado Al-Fath o (La Victoria) dice: "que Aláh perdone tus pecados pasados y futuros y complete sus favores hacia ti . . . " Y amigo mío, ¡¡Pecador era Mahoma!!
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¡ ¡ Pecadorísimo ! ! ! Un examen imparcial y objetivo de su vida en la historia, en el Qur'an,
y en la Hadith
o tradición musulmana, revelerá seguido que el profeta del Islam
solía hablar mentiras, usaba la decepción o el engaño, codiciaba,
fornicaba, adulteraba, abusaba sexualmente de menores, ordenaba matar a
quienes rechazaban su mensaje, y a hacer prisioneros a sus adversarios.
El héroe del Qur'an
también asaltaba, saqueaba, retenía esclavos, y . . .
¿Para qué seguir? ¿Se
requiere ser más pecador para ser pecador? Nada de lo dicho puede
aplicarse a Jesús quien era santo, humilde, manso, y apartado de los
pecadores. ¿Nos dice algo todo esto? No solamente nos lo dice, sino
también nos lo grita para que no escape a nuestros oídos ni a nuestras
conciencias.
Note esta otra disparidad entre Jesús y Mahoma: el Sura Coránico 33:26*
da cuenta de una de las varias matanzas de judíos ordenadas por el
musulmán mayor. En cambio, el manso Rabí de Galilea en una disposición
totalmente opuesta mandó a los suyos "a amar a sus
enemigos", a "hacerle el bien a los que los
aborrecen" y a "orar por los que los ultrajan y
persiguen" (Mt 5:44). Cuando
uno de sus discípulos osó violentarse quitándole de un espadillazo una
oreja al siervo del pontífice, Jesús, en gracia, se la restauró y
ordenó al arrebatado discípulo a meter la espada en su vaina
reprendiéndolo con la sentencia "el que a hierro mata, a hierro
muere" (Mt 26:51-52). Aquí otra vez, el contraste entre la gracia encarnada, la ausencia de violencia, la santidad, y la perfección de Cristo hace sobrepujar la pecaminosidad de Muhammad, Y . . . por supuesto, sitúa nuevamente al lector, frente a la encrucijada de tener que definirse por uno de los dos: por Jesús el manso, el no violento, el santo, el Camino al cielo, el ejemplo de gracia, de amor y de bondad; o por Mahoma el camino a la decadencia, el modelo de emociones mercuriales, el ejemplo de violencia, implacabilidad, intolerancia, de Yihad (guerra santa), de legalismo, aspereza, imperfección, y pecaminosidad. ¿Por cuál camino pues va usted a andar? ¿Cuál de estos dos modelos le apetece imitar?
El Injil
o Evangelio da cuenta de numerosos hechos milagrosos que Cristo realizó
durante su vida y ministerio terrenal. Jesús curó toda clase de
dolencias y enfermedades, puso bajo Su control los vientos huracanados y
las tempestades, exorcizó con éxito a los poseídos de demonios,
resucitó los muertos, y un largo etcétera. Siendo Dios, Cristo tenía
poder sin límites para hacer milagros. Por su parte Muhammad
no siendo más que un hombre, en su impotencia admitía la ausencia
del poder milagroso en él. En los Suras del Corán 17:93* y 29:50* Muhammad
se refiere a sí mismo como meramente un "ser humano
mensajero" y un "monitor explícito" en vez de un
"signo del señor". Nada más. ¡Así de pelado! ¿Debe este
contraste enseñarnos algo? El que tiene oídos para oír, que oiga.
La enseñanza y la práctica de la oración separan a Jesús de Mahoma
también. Jesús enseñó a sus discípulos la dinámica y la creatividad
de la oración a Dios, vibrante y espontánea. La misma estaba diseñada
para mantenerlos espiritualmente frescos y renovados en la presencia del
Padre Celestial. A tales efectos les advirtió no usar vanas repeticiones
como los paganos que se creen que por su cotorreo serán escuchados (Mt
6:7). Muhammad
en cambio enseñó a sus seguidores a repetir y repetir y volver a
repetir sus rezos, cinco veces cada día, en uno como ejercicio obligado y
rutinario que a la postre cancela la alegría del orar. El Islam prescribe
hasta la postura para rezar mientras que la Biblia modela varias posturas
para hacer oración sin dictar preferencias. El Islam hace todo un
precepto del hacia donde se debe orientar la cabeza cuando se reza,
mientras que el Nuevo Testamento no da importancia alguna a tal detalle.
El Islam indica las horas cuando se debe rezar, La Biblia dice que debemos
orar a toda hora (Lc 18:1; 1 Te 5:17). Los musulmanes de cualquier
nacionalidad y lengua tienen que rezar en idioma árabe aunque no tengan
la menor idea de lo que dicen en sus rezos, la Biblia dice "oraré
con el espíritu, también con entendimiento" (1 Co 14:15).
Demás esté decir que hay una diferencia enorme entre 'rezar' y 'orar'. En lo que se refiere a la coherencia de pensamiento y a la elocuencia retórica entre el "Profeta que había de venir al mundo" y el Mensajero del Islam, los alguaciles enviados por los sacerdotes y fariseos para tomar a Jesús en alguna falta tuvieron que hacer esta increíble admisión: "Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre" (Jn 7:45-47). Su discurso cautivador, la cohesión y belleza de Sus piezas de oratoria, Su dialéctica encantadora, Su palabra encumbradora, electrificante, persuasiva, y lógica, el dinamismo de Sus parábolas, y el arresto de Sus arengas, dejan atrás y a distancia las diatribas fragmentarias, las centellas cargadas de juicios y prejuicios y de manifiesta intolerancia, y las enseñanzas inexactas y por demás confusas que emitió el "Mensajero" del Islam. La gran diferencia entre ambos cabezas de religión radica en que Jesús hablaba con inspiración del cielo y con la elocuencia del Ser divino. Este don del cielo y esta sublime elocuencia divina estuvieron del todo ausentes en Mahoma.
Jesús murió y Mahoma también. Pero aún en el morir de ambos hay una
brecha enorme que los aleja inmensamente. Jesús murió no
porque debía morir, sino porque quiso
morir. El no tenía que morir pero escogió esa
ruta voluntariamente para poner la vida eterna al alcance de nosotros.
Mahoma en cambio murió porque como pecador tenía que morir. No
tuvo otra opción. La muerte del mensajero del Islam ocurrió para dar
asentís a la verdad bíblica de que la paga del pecado es muerte, y a la
inexorable sentencia de que está establecido al hombre que muera una vez
a lo que sigue el juicio. Jesús no murió por sus propios pecados, ya
hemos señalado que era "sin pecado". Jesús murió vicariamente,
representativamente, sustitucionariamente, murió "por poder"
como nuestro delegado, murió por los pecados ajenos, no por los suyos.
Pero Muhammad
murió por causa de los suyos propios.
Muhammad
murió . . . y cadáver
se quedó. Sus cenizas pueden reverenciarse en la Arabia mientras que en
la tumba que alojó el cadáver de Jesús no hay cenizas. ¡Ni rastros
siquiera! ya que Jesús resucitó de entre los muertos sin que su cuerpo
viera corrupción (Hechos 2:27). Ahora está vivo y activo e involucrado
en Su universo y en las circunstancias grandes y pequeñas que atañen a
Sus criaturas. El vive por los siglos de los siglos y tiene las llaves de
la muerte y del Hades (Ap 1:18). Las tumbas de Jesús en Jerusalén y de Muhammad
en Medina anuncian objetiva y elocuentemente cual de ellos dos fue
el víctor sobre este 'postrer' enemigo que será deshecho, la muerte.
No se ofusque el lector con cantos de sirena. Aquél cuya estela rastrea la epístola a los Hebreos consignándolo
como superior a los profetas (1:1-3); superior a los ángeles del cielo
(1:4); mayor en gloria que Moisés (3:1-3); mejor instrumento que Josué
(4:8); fiador de un mejor pacto (7:22; 8:6); cuya sangre habla mejor que
la de Abel (12:24), ciertamente eclipsa y cancela a Muhammad
en todas sus pretensiones. El abolengo de Jesús se sitúa antes de
que Abraham fuese (Juan 8:58) apuntalándolo como el pre-existente y el
Gran "Yo Soy".
Insiste la epístola a los Hebreos que Jesús "heredó más
excelente nombre que los ángeles" (1:4) y a estos seres
celestiales ordenó Jehová que adoraran a Jesús (1:6).
Jehová Dios mismo, se refirió a Jesús llamándolo
"Dios" (1:8) ungiéndolo "con óleo de alegría"
(1:9). Finalmente, Dios invitó
a Su Hijo bienamado a sentarse en el solio de más alto honor a la "diestra
de la Majestad en las alturas" (1:3, 13; Sal 110:1). ¿Dónde se
consigna similar elevación, honor, loa, para el mensajero del Islam? ¡Ni
siquiera en el Qur'an!
No hace falta decir que Muhammad
por su condición de analfabeto entra en desventaja desde su punto
de arranque mismo como líder religioso. La condición de inculto es
sobradamente desfavorable para un "profeta" destinado a
encabezar una de las mayores religiones "monoteístas" del
mundo. Los muslamitas admiten con acierto que Muhammad
no fue más que un hombre común y corriente. Que sólo sirvió
como un "mensajero" de Aláh.
Todo ello se halla documentado en el Qur'an.
Aceptan a su profeta también sólo como un "instrumento
transmisor" del mensaje que supuestamente Aláh
entregara al ángel Y
i b r i l (Gabriel).
Pero aún la supuesta aparición de Y
i b r i l
(Gabriel) que convirtió a Muhammad
en "profeta", y que inició el proceso formativo y la teología
toda del Islam, en realidad es un hecho que pende de un hilito tan tenue
que espiritualmente es arriesgado, y extremadamente peligroso, asirse de
él.
Recordemos que seis siglos antes de que apareciera en escena Muhammad,
el ángel Gabriel (Y
i b r i l)
ponía ya la proa hacia Nazaret para hacer allí la estupenda anunciación
a la virgen María, y así constituirse en el indisputable heraldo del
Advenimiento de Jesús. Fue nada menos que este mismo Mensajero celestial
quien dio al niño el nombre de Jesús que significa Salvador (Mt 1:21), y
todavía más, . . . quien lo llamó "Hijo del Altísimo"
(Lucas 1: 31-32), "Hijo de Dios" (Lc 1:35) y también, Emmanuel,
que quiere decir "con nosotros Dios" (Mt 1:21-23).
Por consiguiente, llega a ser el colmo de los absurdos que se nos
diga ahora que este mismo Yibril
o Gabriel apareció 600 años después a Mahoma para negar mediante el Corán,
como en efecto niega, todo lo que había anunciado a María. Es a saber,
que Jesús fuera Salvador, "Hijo del Altísimo",
Hijo de Dios, o que fuera "Dios con
nosotros". Tan colosal contradicción hace tronar al cerebro
de inmediato generando toda una vorágine de preguntas tales y como:
¿Son susceptibles de equivocarse los ángeles del cielo?
¿Se contradijo miserablemente Gabriel?
¿O será que en el caso de Muhammad
. . . estamos en presencia de un Gabriel diferente, ajeno, y falsificado?
¿Debería cobrar vigencia para nosotros la amonestación de San
Pablo de que "Si aún nosotros, o un ángel del cielo, os
anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea
anatema"? (Gl 1:8). A
todas luces el Islam anuncia "otro evangelio diferente".
No compagina con el evangelio a que nos ha acostumbrado el Nuevo
Testamento, por lo que la exhortación Paulina cobra una actualidad
decisivamente increíble.
Mucho ojo amigo lector. 2
Corintios 11:14-15 nos ha advertido el hecho de que satanás, el
camuflageador y mentiroso desde el principio, suele también presentarse
como un ángel de luz, aunque Lucifer es en realidad un ángel
del abismo, un espíritu caído que regentea las "tinieblas de
afuera". ¿Debería extrañarnos entonces que el Apóstol San
Pablo se esmerara en advertirnos también que "sus ministros se
disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus
obras"? (v.15).
¿No cree usted entonces que es razonable y válido que nos
preguntemos si Mahoma actualmente fue deslumbrado por satanás, ángel caído,
"príncipe de este mundo" (Juan 16:11) y rey de las
tinieblas?
Conviene para nuestro propio bien, temporal y eterno, que
ponderemos seriamente ambas advertencias de San Pablo. Que analicemos
responsable y juiciosamente los enormes contrastes entre Jesús y Muhammad,
porque sin disputa, cuando se les pesa en una balanza, hay uno cuyo
quilate lo hace pesar muchísimo más que al otro.
En consecuencia, necesitamos cerrar fila tras el que de los dos es
hábil para favorecer nuestras almas eternalmente. Ha llegado pues el
momento de poner el reloj en hora, y de reconocer con el emperador romano,
Juliano el apóstata, al Astro más encandilante del firmamento universal.
Como llegó para Juliano ha llegado para nosotros la hora cero para
que con toda la convicción del corazón exclamemos: ¡"Vinciste
Galilei"! (¡Venciste, Galileo!).
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