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TEMA:
Islam (Musulmanes)
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¿Por qué el Qur´án no es la palabra de Dios?
II
Por
Mariano González V. En lo que concierne a la Yijad o "guerra santa", este trabajo sobre el Qur'án estaría incompleto si ignoráramos ese aspecto sillar del curanismo. En algunos círculos se suele hablar del Islam como una "religión pacífica". Se especula sobre el pueblo musulmán como gente "amantes de la paz". La larga historia de violencia y los sucesos contemporáneos en que se involucraron los islamitas, desmienten a gritos tal evaluación. Además el ejemplo del musulmán mayor, y la conducta de sus colaboradores cercanos, refutan contundentemente el pacifismo musulmán. Los métodos violentos con que estos decidieron la expansión temprana de su religión, son hechos bien conocidos e históricamente bien documentados. En los países occidentales donde los seguidores del Islam están en minoría, hacen esfuerzos por esparcir la especie sufista de que la Yijad es sólo moral. Dicen que se refiere a la guerra interior contra las flaquezas de la carne, a la lucha por la subyugación de los apetitos del cuerpo, contra la vanidad humana. Circunscriben la Yihad al esfuerzo por la superación espiritual del individuo. Si bien este puede ser uno de los sentidos válidos para la Yihad, en los contextos culturales occidentales no es más que un conveniente recurso que permite al Islam sobrevivir y florecer donde no tiene gran apelativo, o donde se teme que pueda provocar una fuerte oposición social, sufrir discriminación cultural o étnica, incluso exponerse a una abierta persecución. Analizando a fondo el contexto en que el Qur'án entreteje el concepto de Yihad , llega a ser obvio el sentido más amplio que el "santo Corán" le da. La exégesis coránica arroja de inmediato esta temible realidad: la Yihad traspasa el lindero de lo moral y de lo individual. Su lindero más amplio lo avalan los hechos de violencia histórica perpetrados por los muslamitas quienes siempre entendieron la Yihad más allá de los límites que algunos nos piden aceptar. En un Diccionario Islámico publicado en la internet por la Sociedad Islámica de Kansas City, encuentro la siguiente definición de Yihad: "Luchar y matar a los enemigos de Aláh, en el Camino de Aláh, por la causa de Aláh". Tal y como definen la Yihad los señores de dicha Sociedad Islámica, los seguidores del Qur'án así lo han comprendido tradicionalmente, y lo que es peor, así lo han practicado ferozmente en el transcurso de su turbulenta historia. El muslim histórico ha entendido la Yihad como una "guerra santa" contra el dar-al-harb (mundo no musulmán). Esto significa violencia y exterminación de los "infieles" por métodos armados y justifica los más salvajes actos de terrorismo y de auto inmolación. Cualquier duda sobre si el Corán en efecto incita a la lucha armada, puede disiparse bebiendo en la "sagrada" fuente de sus Suras: 2:216; 3:151-152,157,167-169; 8:12-14,38-39,60-67; 9:5,29,41,111,123; 47:4,35. Como alguien ha acertado en señalar, el Qur'án es un verdadero "ma-nual de violencia". Sus diatribas incendiarias contra judíos y cristianos, y contra el resto del dar-al-harb, indiscutiblemente alimentan la pasión por la violencia y sirven de ignición a su materialización indiscriminada. El odio, la pasión, y el activismo ciego del fanatismo religioso con que a menudo se pronuncia la ulema (clérigos musulmanes): imanes, mullahs, ayatollahs, etc., dan pie con bola con la doctrina de Yihad inherente al libro de Aláh. La retórica inflamatoria con que estos clérigos suelen enardecer las masas, está saturada del espíritu de los Suras. Bien lo dice Valentín González en su libro EL DESAFIO DEL ISLAM, pág. 185, que este tipo de retórica "encuentra eco inmediato en las incitaciones al odio y la violencia que destilan desde el Corán. Solo falta un pueblo ingenuo y crédulo que esté dispuesto a ser arrastrado por ellos". El matemático Blas Pascal (1670) dijo: "El hombre no hace mal tan completamente como cuando lo hace por convicción religiosa". Y así es, nada puede incendiar el fanatismo y la pasión como la gasolina religiosa. Los abundantes suras arriba citados, más el incentivo de un paraíso asegurado para los "mártires" de la Yihad, tradicionalmente han encendido la mecha a la dinamita del terrorista musulmán histórico. Modernamente se magnificaron como en una pantalla grande en los actos de barbarie del 11 de Septiembre del 2001 en Nueva York, y en las auto inmolaciones sin sentido de los llamados "mártires" palestinos en Israel. Desgraciadamente la ignición del cohete de la violencia continuará activa extorsionando, amenazando, conspirando, incendiando, dinamitando, avionizando, aterrorizando, asesinando a mansalva, destruyendo indiscriminadamente personas inocentes, cegando vidas culpables, pulverizando propiedad ajena, y sumiendo en la desesperación y el luto a familias y a naciones enteras. Es la fatídica realidad con que tendremos que vivir mientras la llama de la Yihad continúe flameante en el fogón del "noble" Corán. Habiendo identificado al Qur'án como la fuente que inspira los actos de violencia contra los “infieles” (dar al-harb), y a la auto inmolación que acaba con la vida de los “fieles” (dar al-salaam), nos precisa ahora establecer que dicha identificación no deberá entenderse como un intento por etiquetar como terrorista a toda la umma o fraternidad universal musulmana. Por lo general no es sensato tomar el todo por alguna de sus partes. En ese sentido, todos los musulmanes no son terroristas. Si cada uno de los más de mil millones de musulmanes fuera en efecto un terrorista, la supervivencia misma del resto de la humanidad (dar al-harb) estaría en serio peligro o ya en vías de identificable extinción. No obstante, sería igualmente erróneo contemporizar con el decir popular de que los muslámicos que se involucran en actos de terror no son musulmanes. Demasiado son ya los que se suscriben a este error. Hemos de evitar que por querer saltar del sartén caigamos en el fuego aceptando criterio tan simplista. Debía ser obvio a todos que los terroristas islámicos son musulmanes. No perdamos de vista que es en nombre de Aláh y por la causa del Islam que arremeten con violencia contra los demás, o se auto inmolan. Resulta postizo crear, como en efecto muchos crean, dos clases de musulmanes: los de la mayoría moderada y los de la minoría radical. En el Islam milita sólo el musulmán, punto. Hay que dejar de vestir a los unos con la camisa de fuerza de la “minoría violenta”, “radical“, “extremista”, “fundamentalista”, “literalista”, “ultra ortodoxa”, y de poner al resto la camisa de manga ancha de la “mayoría moderada” o de “gente pacífica”. Así como es absurdo creer que hay un “Cristianismo bueno” y un “Cristianismo malo” (hay sólo un cristianismo), es igualmente absurdo creer que hay un “Islam bueno” y otro “Islam malo”. Con referencia a la Yihad, hay sólo un Islam. Tengamos presente que el Islam emana de un sólo Qur’án, y que el Qur’án, fue “revelado” a un sólo "profeta": Muhammad. Cuando un profesante del cristianismo actúa arbitrariamente atropellando o causando daño moral o físico, o incluso, asesinando a alguien, lo hace no porque el Nuevo Testamento lo manda a hacerlo, sino que lo hace a pesar de las enseñanzas al contrario que condenan estos actos en el libro de Dios. Tan aviesa conducta se estrella contra las clarísimas instrucciones del manual de ética del cristianismo (Mt 5:44). Pero cuando un musulmán asesina a un “infiel” o a miles, o escoge libremente la ruta de su propio “martirio”, lo hace energizado por la mística y directriz que encuentra en su manual de instrucción religiosa (Suras 3:157; 9:111). Está actuando además en coherencia con el ejemplo de su héroe, el profeta de Aláh. Consecuentemente, resultaría más útil establecer en nuestras mentes la diferencia fundamental que existe entre lo que es un terrorista actual y un terrorista potencial. Como la semilla de la violencia se encuentra incrustada innegablemente en la teología coránica, el Islam, como entidad religiosa reconocible, es fruto directo de lo que dice su manual de religión. Actuando como caldo de cultivo y catalizador, el Corán es el instrumento que genera y nutre la ética y la psiquis musulmana. Consiguientemente, el objeto de nuestra preocupación deberá centrarse entonces no en si la semilla de violencia es capaz de germinar, sino, ¿cuándo? o ¿en cual musulmán? Puesto que es impredecible el momento en que un pacifista musulmán pueda cruzar la valla y convertirse en un terrorista musulmán, el caso tiende a quedarse en perenne suspenso . . . Pero también hay otro 'perenne' innegable y es aquél de los bien marcados caminos del terrorismo. Estos caminos son inamovibles
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debido a que permanecen empedrados de tan azarosa transición. Reiteramos que al final de nuestro segundo artículo ¿POR QUE Muhammad NO ES EL PROFETA DE DIOS? cuestionamos seriamente la autenticidad e integridad del ángel Yibril o Chibril (Gabriel)* *. Cree el Islam, que Yibril fue quien entregó el Qur'án a Muhammad. Presentábamos en el citado artículo las bases que separan al Gabriel de la Biblia del Yibril del Qur'án. Dichas bases, creemos, hacen esta distinción radical: Gabriel y Yibril no son el mismo personaje. Los dichos y hechos del arcángel Gabriel que aparecen en la antecesora del Corán, la Biblia, son rotundamente desmentidos por el ángel Yibril en la "revelación sucesora" o Corán. Los mismos nos estrellan contra la pared de contradicciones de base imposibles de armonizar. Se trata de dichos y hechos que se torpedean mutuamente. Prueban, como ya hemos señalado, el Qur'án promulga un evangelio distinto, y más bien, opuesto al de la Biblia. Que de ninguna manera continúa, como presume, al evangelio de la auténtica Palabra de Dios. Providencialmente, el Nuevo Testamento se le adelantó al Qur'án con seis siglos de anticipación anatematizando a quien osara anunciar "otro evangelio", fuera éste hombre o ángel. Ya lo decía San Pablo: "Más si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema" (Gl 1:8). Recuerde el lector que al arcángel Gabriel se le asocia particularmente con el espectacular evento de la Encarnación del Verbo de Dios, Cristo Jesús. Siendo que el mensaje entregado en el Corán por Yibril niega rotundamente que Dios se haya manifestado en carne, fuerza sobre nosotros la conclusión de que es absolutamente imposible que el mensaje contenido en el Corán proceda del Dios verdadero. El Dios verdadero no puede contradecirse. Como la autenticidad de Yibril tampoco puede establecerse, creemos, que de haber tenido oportunidad los judíos del Nuevo Testamento, sin titubeos, hubieran dicho de este ángel espurio: "de Gabriel y Miguel conocemos su procedencia, pero de este Yibril no sabemos de donde sea" (Paráfrasis de Jn 9:29). Según la epístola a los Hebreos, los ángeles son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación" (1:14). Por sabia coordinación del Espíritu de Dios, Juan el Apóstol fue inspirado a añadir que "Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne es de Dios, y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios, y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo (1 Jn 4:2-3). San Juan procede a hacer una marcada diferencia entre el "espíritu de verdad" y el "espíritu de error". El Gabriel de la Biblia confesó que Jesucristo vino en carne. Por cierto, él mismo sirvió de Heraldo de tan santísima anunciación (Lc 1:26-35). En cambio Yibril, al entregar a Muhammad el mensaje del Corán, se hace cómplice en la negación de lo que San Pablo estima ser "el misterio de la piedad, Dios fue manifestado en carne" (1 Ti 3:16). No hay que ser un experto en angeleología o un teólogo de profundidad, para saber de qué lado se situó Yibril en cuanto a aquello del "espíritu de verdad" y del "espíritu de error". Resulta chocante que además de negar la 'Encarnación' del Cristo, el Corán niegue también que Jesús fuera el HIJO de Dios (Suras 4:171; 5:72-75; 6:101; 10:68; 17:111; 112:1-4). Guiado por el Espíritu Santo ya se anticipaba San Juan a la herejía que constituye el negar que Jesús fuera Hijo de Dios. Suyas son estas palabras: "Todo aquél que confiese que Jesús es el HIJO de Dios, Dios permanece en él y él en Dios" (1 Jn 4:15). Lo opuesto también es verdad: todo aquél que así no confiesa, no está en Dios, ni Dios está en él. Se me ocurre, sin embargo, que debo conceder que los musulmanes podrían tener razón al negar una tremenda afirmación que hace la Santa Biblia en el libro a los Romanos. En su capítulo 1:4 Romanos dice que Jesús fue "declarado Hijo de Dios con poder según el Espíritu de Santidad, por la resurrección de entre los muertos”. Estaríamos preparados para aceptar la negación muslámica si los Su-ras coránicos lo que actualmente buscan negar es que Jesús fuera hijo de Aláh. Porque de veras, Jesús no es Hijo de Aláh. Jesús es Hijo de Jahwéh (YHWH). Jehová (YHWH) y Aláh no son dos designaciones distintas para el mismo Dios. Jehová es el nombre del único y verdadero Dios. El dios Aláh, como ya hemos señalado en los dos primeros artículos* *, es esencialmente un mito. "Este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia" (Mt 3:17) - dijo Jehová de Su Hijo en ocasión del bautismo de Cristo en el río Jordán. La equivalencia dinámica de la Nueva Biblia española palabrea esta frase salida de la boca de Jehová así: "Este es mi Hijo, a quien yo quiero, mi predilecto". La predilección de Jehová reboza ostensiblemente y se extiende a los millones de otros hijos que han ingresado a la familia del Padre mediante la fe en Su bienamado Hijo Jesucristo. El Nuevo Testamento hace minuciosa diferenciación entre hijos (plural) e Hijo (singular). Hay una afirmación central del Nuevo Testamento que celebra dicha predilección de Dios. Se musicaliza en la sinfonía de las inspiradas palabras de Juan 3:16: "De tal manera amó Dios al mundo que ha dado a Su Hijo Unigénito, para que todo aquél que en el cree, no se pierda, más tenga vida eterna". Este versículo contiene en esencia el mensaje de la Biblia. Por así decirlo, contiene la Biblia toda en una cáscara de nuez. Todo lo que el pecador necesita saber para llegar al cielo y todo lo que debe descreer para merecer el infierno se hallan encerrados en esta fenomenal declaración del libro de Dios. Juan 3:16 está enmarcado, providencialmente, en la revelación insustituible y antecesora del Corán. Está allí para subrayar de una vez por todas que el Amante más grande es Dios. Para afirmar que este Dios amó a la compañía más grande: el mundo. A la cual dio el regalote más grande: SU HIJO UNIGENITO. Para ofrecer a todos la oportunidad más grande: la de creer en EL. Juan 3:16 hace también la advertencia del horror más grande: "para que todo aquél que en el cree no se pierda", es decir, la perdición en el infierno. Y finalmente tampoco omite desplegar la promesa de la posesión más grande, que es: la vida eterna. Note de paso el lector la palabra 'unigénito' en este pequeño gran versículo de la Biblia. Cristo es el 'unigénito' de Dios y el 'primogénito' de María. La palabra 'unigénito' en el griego es monoguenés (monoguenes) y significa 'uno' cuantitativamente y 'uno' cualitativamente. Vale decir, uno numéricamente porque Dios sólo tuvo un Hijo y no más, y uno en esencia y calidad porque sólo tuvo uno de esa clase, de ese quilate. 'Unigénito' eslabona a Jesucristo con la Deidad. El es el "verdadero Dios y la vida eterna" (1 Jn 5:20). El Nuevo Testamento enseña que el Señor Jesucristo es co-igual con el Padre (Jn 10:30). En última instancia, Juan 3:16 es como una radiografía que pone en evidencia la enorme grieta entre el cristianismo y el islamismo, entre el biblicismo y el curanismo. Por lo que sabemos de los 99 atributos de Aláh, el amor no es uno de sus atributos mejor destacados. Con el Dios del cielo resulta todo lo contrario: "Dios es amor". Concedido, Aláh no tuvo hijo. Jehová (Jahwéh) sí que lo tuvo. En esa venia, el Procurador General de Justicia de los Estados Unidos, no pudo hacer un comentario más atinado de Juan 3:16, y a la vez contrastar con más fuerza retórica el evangelio de la Biblia y el evangelio del Corán que cuando dijo: "El Islam es una religión en la que Aláh requiere que tu envíes a tu hijo a morir por él. El cristianismo en cambio es una fe donde Dios envía al Hijo de EL a morir por ti". Jesús dijo: "Yo soy el camino, y la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mi" (Juan 14:6). Jesucristo es pues el camino por el que debes arrancar en tu peregrinación al cielo. El es la verdad absoluta que tienes que creer. La vida que deberás vivir. Los discípulos de Cristo corroboraron plenamente a su Maestro. De ahí que con arrojo santo anunciaran: "En ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres en el que podamos ser salvos" (Hechos 4:12). Lo demás, es lo de menos: castillos en el aire, y pompas de jabón. ** Ver Artículo # 2 sobre ¿Por qué Muhammad no es el Profeta de Dios? **Ver artículos 1 y 2 ¿PORQUE ALAH NO ES DIOS? |