|
TEMA:
Islam (Musulmanes)
|
|
¿Por qué Aláh no es Dios ? I Por Mariano González V.
En el idioma árabe la palabra
Aláh significa "el dios". Es una contracción de la palabra compuesta
Al-iláh. Al
es un artículo
definido, singular, que significa
EL y la palabra
ilah que connota el
concepto de 'poder', 'de dios fuerte'. En conjunto las dos palabras enfatizan
la unicidad del todopoderoso dios.
Al-ilháh
en su forma
contraída de
Aláh
estaba en uso corriente como uno de los títulos que las tribus árabes
paganas daban a un ídolo popular, el dios-luna. Las tribus del tiempo de
Mahoma percibían al
dios-luna como una deidad masculina. Es digno de nota que el término Aláh no es una palabra que inventa el profeta del Islam Muhammad (Mahoma), ni que tampoco fue acuñada originalmente por el Corán. Por largo tiempo Aláh era un nombre de uso común y corriente entre las tribus árabes, incluyendo la tribu Quraysh, de la que procedía Mahoma. Aláh pues resulta ser un término pre-Islámico, o sea, anterior al Islam, y al nacimiento de su profeta. Lo prueba el hecho de que la palabra Al áh se ha encontrado repetidas veces en inscripciones arábicas antiquísimas según afirma la Enciclopedia Británica y confirma la Enciclopedia Islámica. Era común que los árabes idólatras añadieran a sus nombres propios la terminación Aláh para eslabonarse o identificarse con el culto al dios-luna. Entre ellos, el padre y el tío de Muhammad(Mahoma). De ahí que el nombre del padre del profeta fuera Abd-Alláh, y el de su tío fuera Obied-Alláh.
Mucho
tiempo antes de nacer Mahoma las tribus árabes venían adorando a este Aláh,
conjuntamente con otros 360 o más ídolos residentes en el santuario de la
Ka'báh o Ka'abah
en la ciudad de Meca
(Makka).
Según las creencias paganas de la época,
Al-ilah o el
dios-luna, estaba casado con la diosa-sol que era percibida por las
tribus árabes como una deidad femenina y esposa de Aláh. Las estrellas eran
sus hijas. Por cierto, el símbolo de la luna en su cuarto creciente, con las
estrellas a su lado, simbolizaba al dios-luna acompañado
de sus hijas. Los nombres de éstas eran Al-Lat, Al-Uzza y Monat. Al-Lat, y
Al-Uzza son formas femeninas del nombre
Aláh . Alrededor de estas tres diosas
hijas de Aláh se generalizó un culto que se propagó como pólvora por la
península arábica y que era especialmente peculiar de la tribu Quraysh. De
dicho culto y su extensión dan fe numerosos hallazgos arqueológicos. En diversas excavaciones arqueológicas se han encontrado estatuillas del dios-luna en la que se ve la luna en cuarto creciente. Esta fase lunar es la que exhiben en sus banderas nacionales distintos países islámicos y ocupa un lugar prominente en todas o en la mayoría de las mezquitas musulmanas alrededor del mundo. El origen pagano de Aláh , por sí solo, descalifica de cuajo a Aláh como dios viable, aunque como veremos más adelante, ésta no es la única razón para descalificarlo.
Como
es sabido, el profeta Mahoma fue criado en la religión del dios-luna. Su
familia y su tribu se consideraban a sí mismos descendientes de Ismael y eran
además los custodios del culto a Aláh. Las tribus árabes concurrían en
masa al panteón en la
Ka'báh para adorar sus dioses. La tribu Quraysh
consideraba a Aláh como una deidad mayor o superior y también a las hijas de
Aláh. Descansaba además entre los dioses
de la Ka'báh la famosa piedra negra o meteorito sagrado, que los árabes tenían
como "talismán de buena suerte". La palabra Ka'báh designa la estructura cuadrada o más bien cúbica que hasta el sol de hoy es una estructura sacrosanta para el musulmanismo. Hacia éste cubículo se orientan todavía los rostros de millones de árabes y de muslims de otras nacionalidades en el momento que ofrecen sus rezos cinco veces al día. Los musulmanes creen que Adán construyó la Ka'báh y que posteriormente la repararon Abrahán y su hijo Ismael. Sus paredes están forradas exteriormente por un elaborado revestimiento de lienzo negro con bordados de oro. Este lienzo exhibe además frases de caligrafía coránica.
El
interior de la Ka'báh está
vacío y sólo se entra allí una vez por año cuando le hacen una limpieza
ritual. En tiempos modernos vienen todos los años a la Ka'báh millones de
peregrinos de todo el mundo islámico. Con ello buscan cumplir el requisito u
obligación que les impone el quinto pilar de su religión. El quinto pilar
o Jajj (jash)requiere que todo muslim en condición de hacerlo, haga una peregrinación
a la Meca (Makka) a lo menos una vez durante el ciclo de su vida.
Cuando Mahoma escogió del panteón de dioses de la Ka'aba a Aláh
como el dios único, disparó por las nubes el status de este ídolo. De la
noche a la mañana
Aláh
se graduó de ser un ídolo común y corriente, entre muchos otros, al sitial
exclusivo de "el dios" (al - ilah) .
Presumo que dicha promoción precipitó la formulación del primer pilar del
nuevo credo, o sea, la profesión de fe que hacen a diario millones de muslims
y la cual reza: al
ilaha il
alah ua
muhammad r u s u l
alah !
Esta declaración de fe que debe hacerse
siempre en árabe, significa: "Sólo Aláh es Dios y Muhammad es su profeta"
(o apóstol).
Eventual y paulatinamente se hizo
necesario ir construyendo un aparato teológico un tanto más estructurado que
definiera la nueva fe que ahora tomaba carácter monoteísta,
es decir, dirigida a un sólo Dios. Dicho aparato siguió afinándose hasta
evolucionar como la religión que hoy define teológicamente a más de mil
millones de musulmanes alrededor del mundo. Creo que ni los mejores magos de
Egipto hubieran
podido descifrar qué cosa pasó por el cerebro de Mahoma cuando consintió
seguir llamando Aláh,
nombre de origen politeísta, al nuevo dios del sistema religioso que acababa
de emerger y que suponía ser monoteísta. Como hemos mencionado, Aláh residía en convivio con otros 360 o más dioses paganos en medio del culto idolátrico que se llevaba a cabo en la Ka'báh desde tiempos pre-islámicos. Competía allí por la atención de los adoradores tribales. Las tribus árabes, particularmente la Quraysh, rendían culto al dios-luna (Aláh) mediante los siguientes ingredientes y procedimientos: # 1. El uso del símbolo del cuarto creciente lunar y las estrellas. # 2. La oración de cara a la Ka'bah varias veces al día. # 3. El peregrinaje una vez en la vida a la Meca (Makka). # 4. Las siete carreras alrededor de la Ka'bah. # 5. El beso y la caricia de la piedra negra. # 6. Tirándole piedras al diablo en un arroyo o Wadi. # 7. Sacrificando una oveja. # 8. Dando limosnas a los pobres. # 9. Ayunando durante todo el mes que comenzaba y terminaba con la luna en cuarto creciente también llamado el mes de Ramadán. Por lo que acabamos de señalar, habrá percibido mi aguzado lector que en el diseño de su flamante sistema religioso Muhammad adoptó el nombre del dios,los símbolos, los ritos y las ceremonias paganas que desde antaño venían usándose en el culto al dios-luna. Semejante sincretismo dio pie para que el teólogo bautista August Strong acertara al decir que el Islam es una especie de "paganismo en forma monoteísta". |
Muhammad le puso por nombre Islam a la nueva fe. Islam significa "sumisión" y ciertamente asfixiados viven perennemente los muslámicos bajo el peso de esta "sumisión" que es extrema y severa en demasía. Desdichadamente, no es una sumisión en la que entran por amor sino por miedo. Se asemeja más a una esclavitud de marcha forzada contraria a todas las ansias y a las más altas aspiraciones libertadoras del espíritu humano. En el Islam Aláh es la personificación misma de una voluntad arbitraria. En contraste, en el cristianismo, la sumisión a Dios es voluntaria y amorosa y la dedica el creyente a un Dios que también es amor. En consecuencia, el acatamiento de la voluntad del Dios Bíblico llega a ser un deleite en vez de una agobiante carga.
No faltan los que
erradamente afirmen que el dios del Islam y el Dios de los cristianos son uno y
el mismo. Los de esta
persuasión afirman que es sólo asunto de semántica, del uso de palabras
distintas que significan lo mismo, del empleo de un nombre diferente para el
mismo Dios, que al fin y al cabo todas las religiones monoteístas adoran al
mismo Dios.
Creemos que esta es una de las más
monumentales falacias inventadas por el ingenio del mal. Desgraciadamente su éxito
de propagación ha sido fenomenal
y universal. De lo que no se percatan los que así piensan es, que precisamente,
la diferencia entre Jehová y
Aláh es piedra de toque entre el cristianismo y
el islamismo y donde primero
tienen el encontronazo frontal sus enormes diferencias. Pero mirando la cuestión
objetivamente, no será difícil colegir que el Aláh del
Qu'rán, no es el mismo Dios que proyecta la Biblia. Aláh jamás puede ser
"El Gran Yo
Soy" que proclaman los sagas hebreos, ni el Dios a quién Jesucristo
llamara Su Padre, y con quien reclamara identidad o co-igualdad. Más ancha
todavía se haría esta grieta si comparáramos los
atributos que el Corán confiere a
Aláh con los atributos que la Biblia
adjudica a Yahwéh, Yavéh, o Jehová.
Por ejemplo, nos dicen los arabistas e islamólogos que Aláh
no es siquiera un nombre sino una "designación" de la deidad. Esto
se debe a que
Aláh no es
una persona. El Dios de la Biblia, por su parte, sí que es una Persona,
divina, y sí que tiene nombre propio. Su nombre es Yahwéh o Yavéh, tal vez
Javéh, como lo representa su
tetragrama hebreo formado por las
consonantes Y H W H. Se trata del Nombre de "El Gran Yo Soy", Jehová.
El
Aláh del Corán, al ser un dios impersonal, en el análisis final hace
imposible que uno se le acerque siquiera o que pueda empezar a comprenderlo. Según
la teología musulmana
Aláh es
tan y tan trascendente que llega a ser inconocible. En contraste, el Dios de la
Biblia es un Dios que a
la vez de trascendente se hace también accesible al hombre, lo llama su amigo,
como hizo Jehová con Ibrahim el Halil (Abraham el "amigo de
Dios")(Is 41:8; Stg 2:23). Jehová es un Dios que condesciende a dialogar cara a
cara con sus amigos. El caso de Moisés en la escena de la zarza ardiente
ilustra esto hasta la saciedad (Ex 3:1-22). De dulce recordación es también la
íntima conversación entre Jesús y sus discípulos en la que éste les dice: "Vosotros sois mis
amigos" (Juan
15:13-15).
El Yavéh o Jehová Bíblico es por consiguiente un amigo del hombre y se
hace accesible y conocible a éste.
De proseguir
contrastando al Dios de la Biblia con el Aláh del Corán encontraríamos:
#1. Que los llamados 99 atributos de Aláh se dan sólo
en forma negativa, o sea que únicamente declaran lo que Aláh no es.
Quedan sin embargo en falta al no declarar de manera positiva lo
que Aláh es.
#2. El dios del Corán escoge a la sirvienta Hagar y a su hijo
Ismael para entrar en un
pacto con ellos, mientras que el Dios de la Biblia, para pactar, escoge al
patriarca Abraham y a su hijo Isaac.
#3. En la Biblia Dios es un Dios de
Amor. Por cierto, 1
Juan 4:8 va más allá al afirmar que "DIOS ES AMOR". Por lo que se
ve, la idea va más lejos que el mero hecho de que Dios ame porque esto es sólo
su mínimo. El concepto aquí se ha estirado a su máximo para mostrar que la esencia misma de Dios es amor. Descorazona estudiar el Corán y percibir que el amor
no es necesariamente una característica esencial ni principal de
Aláh . Aláh
fracasa al no proyectarse como alojando en su pecho sentimientos de cariño o de
apego hacia la criatura. Esta faceta del dios del Corán no deja de ser
significativa ya que no hay otra necesidad más grande
en el hombre que aquella de ser amado y aceptado a cabalidad. Aláh pues le
falla miserablemente al hombre dejándolo en perenne orfandad y desamparo.
#4.
El Dios bíblico se rige y en cierto modo se restringe a sí mismo por lo
que El es en esencia, y como lo proyecten sus atributos. Por su parte el Corán
revela que Aláh es
un dios medio caprichoso y susceptible de cambios en su modalidad, que no está
atado por sus acciones, que no lo restringen sus
atributos, ni tampoco sus propias palabras o las promesas salidas de su boca. Aláh
pues se toma la libertad
de cambiar de acuerdo a las circunstancias, puede bendecir ahora y condenar un
rato más tarde, todo depende
del estado anímico que lo posea en el momento. Aláh es pues un dios
mercurial totalmente impredecible, jamás se sabe
lo que Aláh va
a hacer o cómo va a reaccionar.
#5. Aláh no
es un dios de gracia inmerecida. El Dios bíblico sí que lo es.
#6.
El Aláh coránico es concebido unitariamente
mientras que el Dios de la Biblia es un Dios proyectado trinitariamente.
#7.
Aláh jamás
se encarnó, por consiguiente no puede compadecerse de
nuestras debilidades humanas ni compenetrarse con nuestras necesidades más íntimas.
Se mantiene en lontananza como un dios remoto, desentendido, no involucrado. En
la Biblia Dios es un
Dios que se encarna y por lo tanto es capaz de compadecerse y compenetrarse íntimamente
con sus criaturas. Evidentemente, el Corán está más abocado a revelar la voluntad de Aláh que a revelar la personalidad de Aláh. Dicha voluntad todo lo que parece apetecer es que el hombre se le someta, no importa a qué costo. La Biblia supera estas fallas del concepto islámico logrando ambos objetivos: revelándonos a Dios como Persona, divina; y enseñándonos cuales son sus gustos y sus disgustos.
Habrán muchos otros contrastes que señalen la falacia con que el
enemigo de las almas ha enredado a tantos millones cegándoles los
ojos para que no vean la diferencia abismal entre Aláh y el Dios del Antiguo y
Nuevo Testamento. Basten por
ahora los contrastes enumerados aquí. Una cosa estos contrastes hacen claros:
Jehová y
Aláh No
son el mismo Dios.
Consecuentemente nadie debe diluirse a creer que lo son puesto que esta falacia
puede resultar eternalmente catastrófica. Sí, suele ser fatal adorar a un dios equivocado porque esto
indefectiblemente degenera en la abominación de la idolatría, y a los idólatras,
sentencia la Biblia, le espera su parte "en el lago de fuego y
azufre,
que es la muerte segunda"
(Ap
21:8). Es también fútil
servir en vida al dios que no es, pues esto priva a uno de su eterna recompensa. Asegúrese el lector de no cometer tan colosal error. |