TEMA:
Doctrina Cristiana

 

 Escribe al "Pastor" de la Iglesia . . .

Por Mariano González V.

  Nuestro título es una parodia inexacta de la afirmación expresada siete veces por el Cristo glorificado en los capítulos dos y tres de Apocalipsis. Dijo el Señor a Juan: "Escribe al ángel de la iglesia" en Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea.

   Antes de dirigirse a estas iglesias, Jesucristo había comunicado al visionario del Apocalipsis el significado de las siete estrellas que tenía en su mano derecha. Las siete estrellas según Jesús eran los siete ángeles de las siete iglesias (1:20).

   ¿Angeles? ¿de las Iglesias?

   ¿Quienes son estos ángeles?

   La cristiandad protestante tradicionalmente ha visto en estos ángeles "al pastor" de la iglesia.

   No obstante Cristo haber dirigido sus siete mensajes "al ángel de la iglesia", en el análisis final, los destinatarios eran las iglesias mismas. Al escudriñar estos mensajes, se percibe una como identidad inherente e innegable entre ángel e iglesia. Resulta imposible separarlos.

   Esta observación llevó al destacado interprete Juan Nelson Darby a afirmar que "el ángel es la iglesia". Darby percibía comunicación directa entre las iglesias y Cristo sin la participación de intermediarios. Otros han especulado que este ángel o mensajero era una persona que actuando como correo llevaría la carta a las iglesias. Esta última conjetura nos parece menos plausible. Pero de ser correcta cualquiera de estas dos interpretaciones, la que presume que el ángel significa "el pastor" de la iglesia quedaría desplazada.

    Por más de una razón creemos que ver en el ángel de la iglesia al "pastor", es un error de apreciación.

   En primer lugar eso de "el pastor" es un concepto extraño al Nuevo Testamento del cual el Apocalipsis es parte integral. El Testamento Nuevo no habla de "el pastor" (singular) excepto cuando se refiere a Jesucristo mismo "el gran pastor de las ovejas", pero sí suele hablar de "pastores" o ancianos (plural) cuando de líderes espirituales humanos se trata. A todas luces, el gobierno, el liderazgo, y el ministerio de las iglesias primitivas o asambleas locales, era colegiado, pluralista, nunca el de un solo hombre como se practica hoy. Resultaría una incongruencia mayor si el Apocalipsis estuviera ahora señalando al ángel de la iglesia como "el pastor" cuando en efecto ese término, y la función que representa, brillan por su ausencia en el Nuevo Testamento.

    La cultura protestante moderna se vería innecesariamente amenazada de decapitación si le pidiéramos que renunciara al concepto de "pastor" como significando un hombre que está al frente de una congregación. El pastor moderno en virtud de sus dones, talentos, habilidades, especialidades, educación y adiestramiento teológico, es visto como una célula aparte del resto de los miembros del organismo viviente que es la iglesia. En efecto, al resto de la grey suelen llamar y considerar "laicos" en contraposición a la "clerecía". Pero el término 'laico' tampoco es un término de la Biblia. Su uso no cabe dentro del contexto de un cuerpo de creyentes que suponen tener acceso igual a su Cabeza Federal en los cielos. Al final de cuentas Jesucristo es el único cabeza de la iglesia independientemente de lo que pueda creerse el papa o de lo que arbitrariamente practiquen algunos pastores protestantes. El Nuevo Testamento en cambio sostiene el sacerdocio de todos los creyentes (1 Pedro 2:5-9; Hebreos 10:22; 13:15). El ministerio por un solo hombre resulta a la postre el privilegio exclusivo de una casta y por ende es una abierta negación del sacerdocio universal de todos los creyentes.

    El más molestoso recordatorio de la diferencia artificial que se hace entre "clérigos" y "laicos" se incuba en el uso del título 'Reverendo'. Con este apellido, en conciencia o inocencia, se pedestaliza "al pastor". La palabra 'reverendo' encuentra su raíz con la palabra 'reverenciable' y solo Dios es digno de tal pleitesía. En consecuencia, resulta presuntuoso y antiescritural colocarle el título de 'reverendo' a quién supone ser solamente un 'siervo-esclavo' (doulos) del Señor, y un 'ministro-servidor' (diaconos) de sus hermanos.

   Ni Pedro, ni Pablo, ni Juan, ni ninguno de los apóstoles llevaron títulos lisonjeros. No deben llevarlo tampoco quienes suponen ser sus contraparte modernos. A este efecto, Job 32:21 no podía ser más cortante: "No haré ahora acepción de personas. Ni usaré con nadie de títulos lisonjeros".

   Los amadores del reverendo título, se tiran por la vereda contraria al espíritu del principio enunciado en Mateo 23:8-12: "Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.  El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido". Esta amonestación, claro, se aplica en el plano espiritual, no en el natural, profesional o académico. Es pues correcto, que un niño llame 'padre' a su progenitor, y que un escolar llame 'maestro' a su tutor.

   La versión inglesa de la Biblia, King James, traduce el Salmo 111:9 así: "Holy and Reverend is His Name" (Santo y Reverendo es Su Nombre). Otras versiones inglesas más recientes optan por traducir: "Santo es Su Nombre e inspirador de temor" (reverencial). Por su parte, las versiones castellanas de la Biblia traducen este versículo como "Santo y temible o Santo y terrible es Su Nombre". La idea en todo caso es la misma. Lo formidable de la santidad y 

absoluta perfección de Dios inspiran temor reverencial en la frágil criatura. Sólo Dios es reverenciable.   

   Un himno congregacional que con deleite cantamos, recoge esta idea de lo reverencial en Dios cuando dice:

      "¡Santo! ¡Santo! Grande eterno Dios

      Con alegría, hoy te alabamos.

      Rey de Reyes, grande Capitán

      Todopoderoso Guerrero.

      ¡Juez majestuoso! ¡y Reverendo!

      Fuego y Vida eres Señor

      ¡Santo! ¡Santo! eres Tú Señor

      ¡Dios de las batallas, glorioso!"

   Por otra parte, es desubicado que el así llamado "pastor" se constituya o lo constituyan en el oficial encargado de predicar, enseñar, aconsejar, dirigir el culto, hacer los anuncios, bautizar, casar y hacer el funeral. Esta practica no representa bien el modelo neotestamentario que prevé la posesión, desarrollo y ejercicio de los dones espirituales por parte de cada uno de los miembros del cuerpo (1 Corintios 14; Efesios 4:7-12).

Bien se ha dicho que "el pastor" es uno con quien se hace un negocio o contrato antiescriturario (ponerlo a la cabeza de todo), uno que requiere una obligación antiescrituraria (aquella de pagarle un sueldo), uno que en la práctica hace un papel antiescriturario (el de atajarle los dones espirituales al resto de los miembros del cuerpo). Como resultado, se cae inevitable y colectivamente en una práctica antiescrituraria (la negligencia de lo que supone ser la "obra del ministerio" de parte de todos los miembros del cuerpo). Efesios 4:11 y 2 Timoteo 2:2 establecen la dinámica y el ciclo del ministerio cristiano a través de los dones y de los dotados por el Espíritu Santo.

   La palabra 'ángel' aparece 76 veces en Apocalipsis. Se refiere vez tras vez a los seres espirituales, celestiales, al mando y servicio de Dios. Resulta el colmo de la incongruencia hermenéutica forzarle el significado de "pastor" en el caso particular del "ángel de la iglesia", sólo para salkr del paso en un punto que no entendemos momentáneamente.

   La etimología u origen de la palabra "ángel" refuerza nuestro argumento. 'Angel' viene de la palabra griega 'aggelo' de la cual 'ángel' es una traducción. El significado primario de 'aggelo' es aquél de "mensajero" o "enviado", "el que vigila", o el que "protege". Estas funciones están claramente establecidas y adjudicadas a los seres celestiales en las Sagradas Escrituras.

   Por ejemplo, en Lucas 1:26-27 leemos: "Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José". Gabriel fue el privilegiado 'mensajero' de la Encarnación. Los ángeles según Exodo 23:20 tomaban parte también en la protección de los individuos. Al israelita se le tenía dicho: "he aquí yo envío mi ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te introduzca en el lugar que yo he preparado". Hablando de los niños en Mateo 18:10 Cristo aseguró "que sus angeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre que está en los cielos". Con toda probabilidad los ángeles aquí son ángeles guardianes de los niños (Hebreos 1:14; Salmos 91:11). Según Daniel 10:13, 20 y 21 los ángeles también vigilan y pelean en favor de las naciones. El arcángel Miguel, príncipe del pueblo de Israel, peleó contra el príncipe o ángel de Persia y el príncipe de Grecia. Los ángeles tomaban parte además en el gobierno del mundo material como es el caso en Apocalipsis 7:1 donde cuatro ángeles detienen los cuatro vientos de la tierra.

   Concedemos, el término griego 'aggelo' se ha traducido como 'mensajero' refiriéndose a hombres en algunos pasajes del Nuevo Testamento. Por ejemplo, los 'mensajeros' de Juan el Bautista en Lucas 7:24 y los 'mensajeros' que Cristo envió delante de sí a una aldea de samaritanos (Lucas 9:52). Pero en ambos casos el contexto es el que determina el significado de la palabra 'ángel'. El contexto en los dos casos mencionados no admite características celestiales para los 'angeles' de que habla, ni el tenor general del Apocalipsis admite características humanas para sus ángeles. En los dos pasajes aludidos las distintas versiones de la Biblia castellana hacen lo correcto al traducir el griego 'aggelo' como 'mensajeros' o 'enviados', nunca como 'ángeles'.

   Si bien en el uso presente "el pastor" también se adjudica o le adjudican las antes mencionadas funciones de mensajero, enviado, vigilante y protector, en Apocalipsis la palabra 'aggelo' significa un ser espiritual sobrenatural que ejecuta con presteza las ordenes que emanan del trono de Dios. No es accidente, pues, que al vidente Juan se le diera la Revelación o Apocalipsis vía un mensajero celestial y no mediante un correo humano (Apoc. 1:1). Dos versículos más corroboran lo dicho: "Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder presto" (Apoc. 22:6). "Yo Jesús he enviado mi ángel, para daros testimonio de estas cosas en las iglesias" (Apoc. 22:16).

   Es por tanto inconsecuente cambiarle a la palabra ángel el significado usual que tiene en todo el libro de Apocalipsis, en aras de acomodar una práctica moderna que ni siquiera sancionan las Escrituras. El ángel de la iglesia bien pudiera ser un representante celeste de la iglesia ante Jesucristo, o quizás el ángel guardián de una congregación. No es ilógico pues concluir que cada iglesia del Señor tenía y tiene un ángel asignado por Dios para velar por ella y protegerla.

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