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TEMA:
Catolicismo |
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Rezar
Vs.
Orar
Por Mariano
González V. Muchos
rezan y rezan el 'Padrenuestro'.
Tal vez sea usted uno de ellos.
Déjeme preguntarle
. . .
¿de qué le aprovecha?
¿Cómo le afecta interiormente?
¿Le santifica?
¿Le acerca a Dios?
¿Efectúa algún cambio o reajuste en la dirección de su vida? ¿Hace
más tiernos sus afectos? ¿Lima sus asperezas? ¿Reorienta sus
intenciones? ¿Modifica sus ambiciones? o simplemente ¿le deja igualito
sirviéndole para nada?
Si el 'Padrenuestro' no afecta y cambia
profundamente la dirección de su vida, me temo que enfrente usted un
problema titánico, una interferencia descomunal en su comunicación con
el Eterno. Se me sugiere que
esto tiene que ver con el hecho de que está usted rezando en vez
de estar orando. Existe
una diferencia abismal entre rezar y orar. Rezar
es repetir una oración que otro ha pensado, expresado ó escrito.
Orar no es repetir sino hacer oración. Orar, pues, es crear, crear oración basándose en
sentimientos propios, en emociones personales, en dificultades y problemas
muy de uno y no meramente estar reproduciendo como una cinta magnética
las expresiones originadas en la mente de otro.
Orar es tener experiencia primaria y no secundaria, de primera mano
y no de segunda. Cuando
rezamos es como si nos pusiéramos una ropa ajena, ropa usada por otro,
estrenada por otro. Cuando oramos es como cuando nos vestimos con ropa nueva que
estrenamos nosotros. El
rezar aplasta la creatividad y oblitera la vibración libre del alma.
El orar estimula y promueve ambas.
Rezar es dormitar. Orar
es despertar. Rezar es aprisionarse en la cárcel del pensamiento
ajeno. Orar es soltarse
en la plenitud del pensamiento propio y expansionar el espíritu en la
inmensidad de Dios. Rezar es
repetir como repiten los loros. Orar
es ejercitarse inteligentemente como es propio de seres creados a la
imagen de Dios.
Cristo advirtió seriamente contra la práctica de rezar.
Jesús se pronunció en contra de repetir, y repetir y repetir,
hasta gastar las ideas y dejarlas sin fuerza, sin sabor, y sin sentido.
Recitar y recitar una oración es desteñirla, desvirtuarla.
El Señor Jesús enseñó de esta manera: "Y orando, no uséis
vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por
su palabrería serán oídos." (Mt.
6:7) La
Versión Popular de la Biblia palabrea este versículo así: "Y al
orar, no
repitas palabras inútiles, como hacen los paganos, que
se imaginan que cuanto más hablan, más caso les hará Dios." Bien
se parafrasea este versículo así: "Cuando estés orando, no te
pongas a estar repitiendo la misma oración, como los paganos, que piensan
que si repiten la oración varias veces, Dios va a contestar
enseguida."
El Padrenuestro no es un rezo.
Es una oración. Es
la oración que el Maestro
enseñó a sus discípulos y no el rezo que los discípulos recitarían a
su Maestro. Se la dio como un modelo, como una pauta para enseñarlos a
orar, no a rezar. Tenía como
objeto enseñarlos a expresarse, no a repetir.
La intención del Cristo no era que se la embotellaran en la
computadora del cerebro para repetirla lorificándola, sino para que los
discípulos derivaran de ella principios, patrones, con los cuales
formular sus propias oraciones y así llegaran a ser creativos
conversadores con su Dios. Alguien ha dicho: "Al orar con este modelo de oración no puedo decir PADRE si no encuentro la realidad de este parentesco en mi vida personal y cotidiana, por no haber nacido todavía del Espíritu Santo en la familia de Dios. No puedo decir NUESTRO (Padre nuestro) si mi ser íntimo vive en estrechez espiritual, creyéndome ser el sólo y único objeto de la atención del cielo, el favorito del Padre, el monopolizador de su atención. NUESTRO también incluye a otros que como yo son objetos del amor, del interés y del cuidado del Padre. No puedo decir QUE ESTAS EN LOS CIELOS si pienso y si vivo como si sólo existiera este mundo, que no hay cielo sino el de la gratificación de mis apetitos terrenales. No puedo decir SANTIFICADO SEA TU NOMBRE si mi lengua es todavía profana, si no ha sido santificada por el Señor. No puedo decir VENGA TU REINO si no he hecho nada para que ese reino venga al corazón de los que me rodean, si no testifico a otros para que por fe entren en ese reino. No puedo decir HAGASE TU VOLUNTAD si yo estoy decidido a hacer la mía siempre. No puedo |
decir ASI
EN EL CIELO COMO EN LA TIERRA si no me consagro al instante y por entero
al servicio de Dios. No puedo
decir EL PAN NUESTRO DE CADA DIA DANOSLO HOY si vivo únicamente de mis
experiencias pasadas, si vegeto en el conocimiento adquirido ayer, si
no estoy renovando mi espíritu día a día en la lectura y reflexión de
la Palabra de Dios. El
ejercicio de alimentación espiritual ha de hacerse cotidianamente.
No puedo decir NO NOS DEJES CAER EN TENTACION si deliberadamente me
coloco al borde de las mismas, si juego con las posibilidades de pecar
enlodándome en ellas. No
puedo decir TUYO ES EL REINO si no le doy a Cristo, Rey de reyes y Señor
de señores, el primer lugar en mis afectos y si no me someto a EL
voluntariamente para obedecerle negándome a mí mismo.
No puedo decir PORQUE TUYO ES EL PODER si altaneramente vivo en el
ejercicio de mis propias fuerzas y no en las de Dios, si me creo y actúo
como un engreído y autosuficiente. No puedo decir TUYA ES LA GLORIA si
ando siempre en busca de mi propia fama y de las lisonjas de mis prójimos.
No puedo decir POR TODOS LOS SIGLOS si mi horizonte y visión se
limitan sólo al siglo presente. No
puedo decir AMEN, sin bregar, cueste lo que cueste, para que los
postulados de esta oración transpiren en mi propia vida.
Reiteramos que el Padrenuestro no es un rezo
sino una oración.
Es una experiencia vital y a la vez exclusiva, no para todo el
mundo sino para un grupo definido. Desde
su mismo principio la oración modelo indica para quién es. ¿Cómo es que principia esta oración? Pues, con la palabra PADRE, PADRE NUESTRO.
Es decir, la oración es exclusivamente para los hijos, no
para los hijos de cualquiera, sino para los hijos del Padre, del
Padre Dios.
¿Es usted hijo de Dios?
Muchos creen que "todos somos hijos de Dios."
Pero la Biblia desconoce esto.
La Biblia dice: "Vosotros de vuestro padre el diablo sois y
los deseos de vuestro padre queréis hacer.
El ha sido homicida desde el principio, es mentiroso y padre de
mentira" (Juan 8:44).
¿Qué dije yo?
¡No fui yo quien lo dijo!
¡Lo dijo Jesucristo mismo!
Sólo estaba citando Sus palabras:
"De vuestro padre el diablo" . . .
¿lo ve usted? Según
Jesús la paternidad de los hombres está compartida.
O se es hijo de Dios o del diablo.
¿De quién es usted hijo?
¿De Dios o del diablo? Déjeme
cerciorarme . . . ¿Habla
usted mentiras . . . aun sean mentiras piadosas o mentirillas blancas?
El diablo, dijo Jesús, es padre de mentira.
¿Tiene usted malos deseos? ¿Entretiene
usted pensamientos obscenos en su mente?
¿Aloja usted en su pecho algún rencor, odio, resquemor contra
alguien? ¿Se aíra y maldice
apasionadamente? Estas cosas vienen del diablo.
Cristo dijo que los hijos del diablo cumplen ó hacen los deseos de
su padre. Como el
Padrenuestro es una oración exclusiva para los hijos de Dios, los hijos
del diablo no tienen derecho a usarla.
Quizás a esta altura se ande preguntando
usted: ¿Cómo puedo llegar a ser hijo de Dios?
Pues simplemente . . . haciendo
lo que Juan 1:12 dice: "A
los que le recibieron, a los que creen en Su nombre, les dio
potestad de ser hechos hijos de Dios, los cuales no son engendrados
de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de
Dios."
¿Lo entendió ya?
Hay que recibir a Cristo como Salvador en el corazón para nacer en
la familia de Dios.
Déle, pues, entrada en su corazón a
Jesucristo hoy. Arrepiéntase
sinceramente de sus muchos pecados y por fe identifíquese con la Obra de
Cristo en la Cruz. La Biblia dice: "La sangre de Jesucristo, el
Hijo de Dios, nos limpia de todo pecado."
Al usted apropiarse por fe la obra de la Cruz ingresa automáticamente
en la familia de Dios. Desde esa posición de privilegio como pecador ya
hecho hijo, podrá orar con toda propiedad: "Padre nuestro".
¡A apropiarse por fe, pues, la Obra de la Cruz ahora mismo! ¡A disfrutar de lo lindo de la dulce comunión con el Padre Dios! ¡A llamar a Dios, de todo corazón: "Padre Nuestro"! |