TEMA:  

Catolicismo

La Biblia Católica Tiene

 la Respuesta

 Por Oswald J. Smith 

Tengo sobre mi mesa de trabajo una Biblia Católica en cuya portada leo las siguientes palabras: SAGRADA BIBLIA, versión directa de las lenguas originales por Eloino Nácar Fuster, canónico lectoral de la S.J. de Salamanca, y el muy Reverendo P. Alberto Colunga, profesor de sagrada Escritura en el convento de San Esteban y en la Pontificia Universidad de Salamanca.  El prólogo lo escribe “El excelentísimo y reverendísimo Señor D. Gaetano Cicognani, Nuncio de Su Santidad en España”. Está publicada en Madrid. En el año 1959 por la Editorial: “Biblioteca de Autores Cristianos”, y lleva el imprimatur del Obispo Católico de Salamanca, F.R. Franciscus O.P. 

            En el prólogo leemos: “San Juan Crisóstomo se quejaba amargamente de que los fieles de su vastísima diócesis no conocieran bastante ni leyeran los Sagrados Libros. . . El hubiese querido que existiese en cada casa cristiana una Biblia y que sus fieles supiesen de memoria al menos algunos salmos o algunos trozos escogidos del Santo Evangelio”.  Más adelante se citan las siguientes palabras de san Agustín: “Leed las Escrituras; leedlas para que no seáis ciegos y guías de ciegos.  Leed la Santa Escritura, porque en ella encontraréis todo lo que debéis practicar y todo lo que debéis evitar.  Leedla porque es más dulce que la miel y más nutritiva que cualquier otro alimento”. 

            Después del prólogo, aparece en esta Biblia, la Encíclica Divino Afflante Spiritu, del Papa Pío XII, “sobre el promover oportunamente los Estudios de la Sagrada Biblia”.  Entre las muchas cosas interesantes que contiene este documento, leemos que se debe “Procurar con todo ahinco se haga bien y santamente, la lectura cotidiana de las Escrituras en las familias cristianas”.  Toda esta Encíclica insiste en que los católicos deben leer la Palabra de Dios. 

            Hagámonos pues, diez preguntas de suma importancia, tanto para los católicos como para los protestantes, y busquemos las repuestas en esta Biblia Católica (1)

1.  ¿DIJO ALGUNA VEZ JESÚS QUE EDIFICARIA SU IGLESIA SOBRE SAN PEDRO? 

Lo que dijo Jesús, según lo podemos leer en Biblia Católica es lo siguiente:“Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mateo16:18).  Pero no dijo que edificaría su iglesia sobre la persona de Pedro.  

La palabra griega traducida Pedro, es Petros (Petros) que quiere decir ‘piedrecita’, o sea una piedra muy pequeña.  La palabra para expresar piedra o roca es Petra.  Lo que dijo Jesús realmente fue: “Tu nombre es piedrecita y yo edificaré mi Iglesia sobre la Roca.  ¿Quién es la Roca? 

        Es Jesucristo.  Esto no lo dicen los protestantes, sino que lo declaró el mismo apóstol San Pedro, como veremos a continuación.  Jesús nunca dijo que edificaría la Iglesia sobre Pedro, que era “una piedrecita”.  Un fundamento de esta clase sería muy frágil. 

En la primera epístola de San Pedro 2:5-8 el propio apóstol se refiere a los cristianos como ‘piedras’ y a Jesús mismo como ‘la roca’.  Dice que Jesús es la PIEDRA ANGULAR, el fundamento (2).  La iglesia, pues, no está edificada, ni sobre San Pedro ni sobre sus sucesores sino sobre la Roca que es Jesucristo mismo. 

Sin duda una gran autoridad sobre este asunto es el apóstol San Pablo, y éste dice: “cuanto al fundamento nadie puede poner otro sino el que está puesto el cual es Jesucristo” (I. Corintios 3:11).   De este modo coincide con el propio apóstol San Pedro en que la Iglesia está fundada, no sobre un hombre, sino sobre el Hijo de Dios. 

2.  ¿DEBEMOS ADORAR LAS IMÁGENES DE LOS SANTOS Y DE NUESTRO SEÑOR ARRODILLÁNDONOS ANTE ELLAS CUANDO REZAMOS? 

En la Biblia Católica encontramos que el segundo mandamiento de la Ley de Dios, en el libro del Exodo Capítulo 20 versículo 4, dice así: “No te harás imágenes talladas, ni figuración alguna de lo que haya en lo alto de los cielos, ni de lo que haya abajo sobre la tierra, ni de lo que haya en las aguas debajo de la tierra.  No te postrarás ante ellas ni las adorarás”. 

En el libro del Deuteronomio, capítulo 4:16, de la misma Biblia, leemos lo que sigue: “Guardaos bien de corromperos, haciéndoos imagen alguna tallada, ni de hombre ni de mujer . . . guárdate de hacerte imagen esculpida de cuanto tu Dios te ha prohibido”. 

En el capítulo 44:9-20 de la profecía de Isaías que, en la Biblia Católica lleva por subtítulo “Vanidad de los Idolos”, dice: “Todos los hacedores de ídolos son nada y sus vanas hechuras no sirven de nada”;  habla luego de los árboles que luego de cortados sirven de leña, y sin embargo, de otros pedazos del mismo tronco, “se hacen de ellos dioses ante los cuales se prosternan, ídolos que adoran. . . postrándose ante él y a quien suplican diciendo: “Tú eres mi Dios, sálvame.  Pero ellos no saben, no distinguen, porque están cerrados sus ojos y no ven; está cerrado su corazón y no entienden. . . ”.  

Esto es lo que dice la Biblia Católica, y cada católico debiera tenerlo muy en cuenta, pues es Palabra de Dios, antes de arrodillarse delante de cualquier imagen (3) 

3.  ¿QUIÉN ES QUE TIENE LA AUTORIDAD, LA TRADICIÓN DE LOS HOMBRES O LA PALABRA DE DIOS?

Cuando Jesús estaba sobre la tierra, según leemos en la Biblia Católica “le preguntaron los fariseos y escribas: ¿Por qué tus discípulos no siguen la tradición de los antiguos?” (Marcos 7:5)   

Vemos que Jesús condena la tradición y ensalza la Sagrada Escritura.  Esta Biblia Católica insiste en que únicamente los mandamientos de Dios, tal como se encuentran en su Palabra, tienen autoridad. 

En el pasaje de II Tesalonicenses 2:15, de esta misma Biblia Católica no hay referencia alguna a la tradición  (4)  pues dice:, “Manteneos, pues hermanos, firmes guardad las enseñanzas que recibisteis, ya de palabra ya por nuestra carta”.  Pablo al hablar de “enseñanzas” se refería al Evangelio que él había predicado y escrito en sus cartas (1.p.6).  En forma parecida habla en el capítulo 3:6 del mismo libro, cuando dice: “En nombre de nuestro señor Jesucristo os mandamos, apartaos de todo hermano que vive desordenadamente y no sigue las enseñanzas que de nosotros habéis recibido”, y en II Timoteo 2:2 “Y lo que de mí oísteis ante muchos testigos, encomiéndalo a hombres fieles”.  Cuando San Pablo escribió estas palabras no existía tradición eclesiástica alguna, pues era en los primeros tiempos de la Iglesia, de modo que no podía referirse a la Tradición Católica o a la de los Padres de la Iglesia.  Estas vinieron más tarde. 

En cambio observamos que una vez terminadas las cartas apostólicas, todo lo demás que pudiera venir como doctrina fue prohibido, pues se pronunció una maldición sobre los que añadiesen algo a la palabra escrita.  En el libro del Apocalipsis 22:18 de esta misma Biblia Católica, dice el Señor Jesucristo: “Yo atestiguo a todo el que escucha mis palabras de la profecía de este libro: que si alguno añade a estas cosas, Dios añadirá sobre él las plagas escritas en este libro, y si alguno quita de las palabras del libro de esta profecía, quitará Dios su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, y de las cosas que están escritas en este libro”.  Nada escrito por los padres de la Iglesia fue inspirado, pero lo que dijeron y escribieron los apóstoles, era en verdad Palabra de Dios (5). 

 

4. ¿ES NECESARIO TODAVÍA EL SACRIFICIO DE LA MISA? 

 Atendamos en cuanto a esto a la infalible y autorizada Palabra de Dios.  Encontramos la repuesta a esta pregunta en Hebreos 10: 11-12, 14 y 18, donde dice: “Todo sacerdote asiste cada día para ejercer su ministerio y ofrecer muchas veces los mismos sacrificios que nunca pueden quitar los pecados. . . ”.  Así que, según esta Biblia Católica, es vano e inútil ofrecer una misa diaria, ya que Dios dice que tales ofrendas repetidas nunca pueden quitar pecados.  Pero continuemos: “Este (Jesús) habiendo ofrecido un sacrificio por los pecados para siempre se sentó a la diestra de Dios. . . de manera que con una sola oblación perfeccionó para siempre a los santificados. . . pues donde hay remisión ya no hay oblación por el pecado”. 

¡Qué cosa tan admirable!  ¿Qué hizo Jesús?  Ofreció un solo sacrificio.  ¿Cuál?  SE OFRECIO A SI MISMO.  Sí, Jesús se ofreció en la cruz del Calvario como sacrificio por tus pecados y los míos: y este sacrificio no tiene que ser ofrecido de nuevo.  Dios dice que fue “para siempre”.  ¿Por qué?  Porque ese único sacrificio, es suficiente para la remisión del pecado: y luego añade: “Ya no hay oblación o sacrificio por el pecado”.  “Esto afirma la Biblia Católica”. 

Gracias a Dios porque ya no hacen falta más sacrificios.  Cuando el Señor estaba en la cruz exclamó: “¡Consumado es!”  Consumada es tu redención y la mía, la obra está efectuada, la expiación fue hecha, la deuda de nuestro pecado quedó pagada.  Sí, Jesús lo pagó todo.  Según la Biblia Católica, no hace falta ninguna otra misa o sacrificio por los pecados.  Jesús ofreció el único sacrificio que era necesario.  ¿Por qué tratar de agregar algo a una obra ya terminada si Dios dice que no puede haber ya “oblación” por el pecado? 

En el pan y el vino de la comunión, recordamos el supremo ofrecimiento de sí mismo por nosotros, como Jesucristo dijo:, “Esto es mi cuerpo que se da por vosotros, haced esto memoria mía.  Y asimismo después de cenar, tomó el cáliz diciendo: “Este cáliz es el Nuevo Testamento en mi sangre, cuantas veces lo bebáis, haced esto en memoria mía(I. Corintios 11:24-25) (6).  

5.  ¿PUEDEN MARÍA, EL SACERDOTE, O LOS SANTOS SER MEDIADORES? 

Volviendo a las páginas de esta Biblia Católica, leemos estas significativas palabras: “Porque UNO es Dios, UNO también el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús” (I. Timoteo 2:5).  Por tanto, si sólo hay un mediador como Dios lo afirma, no puede haber dos o varios mediadores.  LA BIBLIA CATÓLICA DICE QUE NO HAY MAS QUE UNO Y QUE ESE ES CRISTO JESÚS.   

Ciertamente, ¿cómo podrían seres humanos, pecadores, servir de mediadores para otros pecadores?  La misma Virgen María, la más bienaventurada entre todas las mujeres, habló de Dios como “MI SALVADOR”, al decir: “Mi alma magnifica al Señor y salta de júbilo mi espíritu en dios, " MI SALVADOR” (Lucas 1:46-47).  Si ella no hubiese sido pecadora (7), no hubiese necesitado un Salvador. 

El hombre rico mencionado en Lucas 16, oró a Abraham que era uno de los más grandes santos del Antiguo Testamento, pero Abraham no pudo ayudarle ¿por qué entonces recurrir a un santo menos importante?  ¿por qué ir a María o alguno de los santos si podemos acudir a Cristo? 

En Lucas 11:27 de esta Biblia Católica leemos: “Mientras decía estas cosas, levantó la voz una mujer de entre la muchedumbre y dijo: “Dichoso el seno que te llevó y los pechos que mamaste.  Pero Él (Jesús) dijo: Más bien, dichosos los que oyen la Palabra y la guardan”.  Es curioso aquí cómo Jesús dio mayor importancia a la Palabra de Dios que a su madre, y en lugar de ensalzar a ésta reprendió a la mujer que la alabó.  ¿Por qué lo hizo así? 

Del mismo modo leemos en Mateo 12:46-50 que mientras él hablaba a la muchedumbre, su madre y sus hermanos estaban fuera y pretendían hablarle.  Alguien le dijo: “Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablarteÉl, respondiendo dijo al que hablaba: ¿Quién es mi madre y quienes mis hermanos?  Y extendiendo su mano sobre sus discípulos dijo:“He aquí mi madre y mis hermanos, porque quien quiera que hiciera la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre”. 

En los Hechos de los apóstoles 1:14 María es mencionada por última vez en el Nuevo Testamento, ¡aun cuando apenas se halla este texto a la mitad del libro!  Y se hace en la siguiente forma: “Todos estos perseveraban unánimes en la oración, con algunas mujeres, con María la madre de Jesús y con los hermanos de éste”.  Observad que no dice aquí que los discípulos rogaban a María y ésta intercedía por ellos a Dios; sino que todos oraban juntos y directamente al Padre Celestial. 

Y siguen los escritos apostólicos sin una sola mención de la Virgen.  ¿Por qué no le dijo San Pablo a sus convertidos que María intercedería por ellos?  Es inconcebible que no lo hiciera si ella hubiese tenido realmente influencia con su hijo resucitado y glorificado.  El caso es que no hay un solo versículo en la Biblia que nos enseñe que debemos dirigir nuestras oraciones a los que dejan este mundo para que éstos rueguen por nosotros.  Estos no pueden oírnos, porque son criaturas limitadas, finitas como nosotros; ni pueden por lo tanto, interceder por nosotros. 

En I Juan 2:1-2 leemos: “Si alguno peca, abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo.  El es la propiciación por nuestros pecados”.  La Biblia Católica no declara aquí quién es nuestro abogado, y no nos dice que sea María, sino Jesucristo. Ello es evidente, pues ¿quién fue nuestra propiciación?  ¿María?  ¡No!  ¡Jesucristo! 

¿Por qué no hay mención alguna de María como intercesora entre aquellos cristianos primitivos?  No es posible tal silencio si ella hubiese sido entonces lo que algunos pretenden que es.  Esto, amigos, resuelve la cuestión de un modo definitivo. 

 

6.  ¿PUEDE EL SACERDOTE  PERDONAR LOS PECADOS?  

En la Biblia Católica hay una pregunta que fue formulada en cierta ocasión por los escribas.  Es la siguiente: “¿Cómo habla así éste?  Blasfema.  ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?” (Marcos 2: 5-11) .  Jesús aceptó la objeción.  Aquellos escribas tenían razón.  Sólo Dios puede perdonar los pecados y el que un hombre pretenda hacerlo es blasfemia.  Jesús respondió diciendo: “Pues para que veáis que el Hijo del Hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecadosse dirige al paralítico -.  Yo te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.  El se levantó, y tomando la camilla salió. . .”  Esto dijo Jesús para demostrarles que Él no era un mero hombre y por esto podía perdonar los pecados.  Pero los sacerdotes católicos o los ministros de cualquier religión no pueden perdonar pecados porque son hombres.  Podemos, sin embargo, ir directamente a Dios por nuestro Mediador, Cristo Jesús y ser perdonados.  

Pero, me preguntaréis, ¿qué de Juan 20:23, donde dice :“Recibid el Espíritu Santo, “a quién perdonaréis los pecados les serán perdonados, a quienes se los retuviereis les serán retenidos?”  Estas palabras fueron dichas a los apóstoles, y a nadie más; no menciona sucesores.  Y en cuanto a los mismos apóstoles no vemos que ellos entendiesen tales palabras como una prerrogativa personal, pues san Pedro exhortó a Simón el Mago, diciéndole: “Arrepiéntete, pues de esta tu maldad y RUEGA AL SEÑOR que te perdone este mal pensamiento de tu corazón” (Hechos de los Apóstoles 8:22).  Esto leemos en la Biblia Católica y no que dijera: “Arrepiéntete de tu pecado en confesión, ante mí o ante otro ministro de la Iglesia, cumple la penitencia y te será perdonado”.  

Jamás encontraremos en los Hechos de los Apóstoles, ni en sus epístolas que ellos confesaran a una sola persona o que recomendarán a alguien confesar sus pecados excepto a Dios, y ello es la más clara prueba de que no entendieron las palabras de Cristo como un poder personal de perdonar pecados, aparte de la predicación del Evangelio, mediante el cual las personas acudían a Dios arrepentidas y eran perdonadas.  ¿Puede alguien conocer mejor el pensamiento de Cristo que los mismos apóstoles? 

7.  ¿VAMOS PUES AL PURGATORIO CUANDO MORIMOS?

            Podemos leer esta Biblia Católica desde la primera palabra hasta la última y no encontraremos en ella un solo versículo que se refiera al Purgatorio.  Este lugar no se menciona en ninguna parte del libro.  No hay Purgatorio en la Biblia.  Debe entonces haber sido inventado por los hombres, ya que Dios no habla de él.

Por otra parte, esta misma Biblia Católica nos dice que si somos hijos de Dios vamos directamente a estar con Cristo cuando morimos.  Permitidme que os lea estas palabras: “. . . pues de un lado deseo morir para estar con Cristo, que es mucho mejor” (Filipenses 1:23).  Como veis, cuando partimos de esta vida no vamos al Purgatorio, pues Cristo no está allí.  Vamos directamente a su presencia.  Vamos a estar con Él, en donde Él está. 

Por esto decía el mismo apóstol san Pablo en otro lugar: “Quisiéramos más partir del cuerpo y estar presentes al Señor” (II Corintios 5:8).  Aquí se nos dice que en el momento en que dejamos el cuerpo, nuestro espíritu sube a estar en la presencia de Nuestro Señor.  Esta es la enseñanza clara e inequívoca de esta Biblia Católica, infalible Palabra de Dios.

Todo esto significa que el cristiano nunca tendrá que sufrir por sus pecados.  El juicio ya ha sido ejecutado para el creyente en Cristo.  Permitidme que os lea en esta preciosa Biblia Católica en Juan 5:24 y Dios haga que lo creáis de todo corazón.  Dice Jesús: “En verdad en verdad o digo, que el que escucha mi palabra y cree en el que me envió, tiene la Vida Eterna, y no es juzgado, porque pasó de la muerte a la vida”.  De ahí, pues, que no pueda haber ningún lugar como el Purgatorio. 

En efecto, ¿Qué ocurrió con el ladrón que murió al lado de Jesús?  ¿No fue a estar inmediatamente con Cristo?  La promesa de Jesús fue: “En verdad te digo, hoy serás conmigo en el Paraíso” (Lucas 23:43).

Notad que no dice: “En el purgatorio”, sino “en el Paraíso” y si el ladrón no tuvo que sufrir por sus pecados cuando se arrepintió y se volvió a Cristo, ¿por qué habéis de sufrir vosotros, amigos católicos, por vuestros pecados?  No lo creáis.  No iréis al Purgatorio, ya que no existe tal lugar.  Si sois salvos iréis directamente al cielo para estar con Cristo.  Para que esto fuese posible Jesús sufrió todo lo necesario.  Expió todos y cada uno de nuestros pecados.  Ningún sufrimiento vuestro podría contribuir de manera alguna a vuestra purificación.  Es su sangre la que limpia del pecado y no vuestros sufrimientos, pues así lo leemos en esta misma Biblia: “La sangre de Jesús su Hijo nos purifica de todo pecado” (I. Juan 1:7).  Nada podéis hacer vosotros para que vuestros seres queridos salgan del Purgatorio, ya que tal lugar no existe. 

En I. Corintios 3:8-15, San Pablo habla de nuestras obras y no de nuestra salvación.  Está hablando acerca de las recompensas por el servicio fiel y la pérdida de tales recompensas si hemos sido poco diligentes en el servicio de Cristo.  Este pasaje ni siquiera insinúa la existencia del Purgatorio.

8.  ¿NECESITAMOS NACER DE NUEVO, O SEA CONVERTIRNOS A DIOS, LOS QUE YA FUIMOS BAUTIZADOS? 

Esta pregunta también la contesta la Biblia Católica.  Encontraréis la repuesta en Juan3:3-7.  “En verdad en verdad te digo, que quien no naciere de arriba no puede entrar en el reino de Dios.  No te maravilles de que te he dicho: es preciso nacer de arriba”   Es fácil de comprender que nacer de arriba significa volverse a Dios para ser un cristiano de veras. 

Os ruego que no confundáis el nuevo nacimiento con el bautismo en agua, pues éste no tiene nada que ver con el asunto.  El nuevo nacimiento es la implantación de la vida divina, la vida de Dios en el corazón del hombre por medio del Espíritu y de la Palabra de Dios.  Es verdad que Jesús dijo en Juan 3:5: “Quien no naciere del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de los Cielos”,pero evidentemente está refiriéndose no al agua material sino a la Palabra de Dios.  Esta interpretación no es nuestra, sino que la encontramos en Efesios 5:25 y 26, donde dice: “Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella para santificarla, purificándola mediante el lavado del agua con la Palabra”, y en Santiago 1:18, donde dice: “De su propia voluntad nos engendró por la Palabra de Verdad”; y el mismo San Pedro declaró en I.Pedro 1:23: “Quienes han sido engendrados de semilla no corruptible, sino incorruptible por la Palabra viva y permanente de Dios”. 

Por esto entramos que el ladrón de la cruz pudo ir inmediatamente al Cielo cuando creyó, a pesar de que no había sido bautizado.  De Cornelio también leemos en a Biblia Católica que fue salvo antes de ser bautizado.  (Véase Hechos de los Apóstoles 10:34-48).  El bautismo no salva a nadie y no os salvará a vosotros.  “Es preciso nacer de arriba”. ¿Habéis nacido de nuevo, amigos lectores?

9.  ¿SE CONSIGUE LA SALVACIÓN POR MEDIO DE LA IGLESIA, O POR MEDIO DE CRISTO?

Muchas personas creen que es la Iglesia Católica la que salva y que los que no pertenecen a ella se perderán.  Confunden la iglesia Católica con Cristo.  Pero, ¿qué dicen las Sagradas Escrituras?  ¿Cómo contesta esta pregunta de fundamental importancia la inspirada Biblia Católica?  Dice: “Mas a cuantos le recibieron dióles potestad de ser hechos hijos de Dios”(Juan 1:12).  ¿Lo véis?  Aquí lo expresa bien claramente.  ¿Cómo llegamos a ser hijos de Dios?  Recibiéndole a Él, a Jesucristo, como nuestro Salvador.  Nada dice de la Iglesia.  

Del mismo modo leemos en Juan 3:15: “Todo aquel que creyere en Él, tiene la vida eterna”.  ¿Se obtiene la vida eterna por pertenecer a la Iglesia?  ¡No!  La Biblia dice que es solamente por creer en el Señor Jesucristo.  “Porque tanto amó Dios al mundo que le dio su Unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca sino que tenga la vida eterna” (Juan 2:16).  De nuevo no encontramos aquí una sola palabra acerca de la Iglesia.  Es sólo Cristo.  Todos los que confían en Él tienen vida eterna.

El Apóstol san Juan nos dice: “El que cree en el Hijo tiene la vida eterna, el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que está sobre él la cólera de Dios” (Juan 3:36).   Esto significa que todo depende de vuestra relación, no con la Iglesia, sino con Cristo.  Es Cristo quien salva.  A la Iglesia, ni se la menciona con referencia a la salvación.   

“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Juan14:6).  Estas palabras las pronunció Jesús.  Notad que no dijo: “La Iglesia es el camino; nadie viene al Padre sino por la Iglesia”.  No, amigos míos.  Dijo: “Yo soy el camino”.   Jesucristo es el único camino para ir a Dios. 

Del mismo modo afirma el apóstol san Juan: “El que tiene al Hijo tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, tampoco tiene la vida” (I. Juan 5:12).  Nuevamente los inspirados labios de este gran apóstol declaran que no es la iglesia sino Cristo quien salva. 

“En ningún otro hay salud, pues ningún otro nombre nos ha sido dado bajo el cielo entre los hombre, por el cual podamos ser salvos (Hechos 4:12). 

         Estas palabras son de San Pedro.  La voz que aquí escuchamos es del gran apóstol a quien los católicos llaman el fundamento de la Iglesia, y ¿qué nos dice?  Que la salvación se encuentra en Cristo y en nadie más. “Ningún otro nombre bajo el cielo”.  Ni el nombre del Protestantismo, ni del Catolicismo, ni del pastor, ni del sacerdote, ni del papa, ni de la Virgen María ni de ningún santo.  “Ningún otro nombre debajo del cielo”, insiste.  No es por ninguna iglesia, de ninguna clase.  La salvación, según San Pedro, es por medio de Cristo, y únicamente por medio de Él. 

            ¿Por qué no volverse a Cristo, si esta misma Biblia católica nos dice que no es ninguna Iglesia sino Cristo quien salva? 

10.  ¿SOMOS SAVADOS POR LAS OBRAS O POR LA FE? 

Algunos dicen que somos salvados por la fe, las obras y los sacramentos juntamente.  Pero la Biblia Católica dice que somos salvados por la fe.  ¿Quién tendrá razón?  

Si es por obras no puede ser por fe.  O vuestras obras os salvan, o Dios os salva por vuestra fe.  ¿Vais a martirizar vuestros cuerpos, a rezar el Rosario durante muchas horas, en un esfuerzo vano para vuestras almas por medio de las obras?  ¿Vais a tratar de granjearos méritos que os permitan la entrada en el cielo, mediante lágrimas y oraciones, largos ayunos y la observancia de los ritos de la Iglesia, las peregrinaciones, la vida monástica o conventual y los sacramentos?  ¿Váis a sufrir todo esto cuando Dios nos dice en esta Biblia Católica que la salvación no es por obras?  ¡Qué necedad! 

Pues ved que así lo declara este libro maravilloso: “Sostenemos que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la Ley” (Romanos 3:28). 

“Mas al que no trabaja sino que cree en el que justifica al impío, la fe es computada por justifica” (Romanos 4:5). 

“Dios imputa la justicia sin las obras” (Romanos 4:6). 

“. . . No se justifica el hombre por las obras de la Ley sino por la fe de Cristo, pues por las obras nadie se justifica” (Gálatas 2:16). 

“Pues de gracia habéis sido salvados por la fe, y esto no os viene de vosotros, es don de Dios; no viene de las obras para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).

“No por las obras justas que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia nos salvó” (Tito 3:5). 

Esas, amigos, son las cosas que dice la Biblia Católica.  ¿Qué váis a hacer con ellas?  Todos los versículos que acabamos de leer os dicen en leguaje claro e inequívoco que no sois salvados por vuestras obras, sino que habéis de serlo por la fe. 

Entonces, ¿cuál es el papel de las obras?  Santiago contesta esta pregunta cuando dice: “Muéstrame sin las obras tu fe que yo por mis obras te mostraré la fe” (Santiago 2:18).  Las obras siguen a la fe, la fe produce obras.  Si sois salvados, vuestra vida ha de demostrarlo.  Trabajaréis para Dios porque seréis salvados y no a fin de serlo. “La fe sin obras es muerta”.  Si no hay cambio alguno en vuestras vidas, si todavía cometéis los mismos pecados, si no habéis sido libertados del poder del pecado que domina a los que no son convertidos a Dios, entonces no hay ninguna evidencia de que seáis salvos; pues no dice san Pablo: “De suerte que el que es de Cristo se ha hecho criatura nueva y lo viejo ya pasó, se ha hecho nuevo” (II. Corintios 5:17). 

¿Qué haréis?  ¿Creeréis la Palabra de Dios, según se halla en la Biblia?  (8). 

Dejad toda confianza en vosotros mismos, en vuestros esfuerzos, en vuestras obras o en los sacramentos.  Abrid vuestros corazones a Jesucristo.  Recibidle como vuestro salvador personal, confiad en su sangre vertida, y poned toda vuestra confianza en Él para la salvación de vuestras almas.  Él dice: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados que yo os aliviaré” (Mateo 11:28).  El Señor nunca ha rechazado a nadie que haya acudido a Él en demanda de perdón y salvación eterna.  Jesús dice: “Al que viene a Mí yo no lo echaré fuera” (Juan 6:37).  ¡Acudid de todo corazón a Él!  ¿Lo haréis?  ¡Hacedlo, sí!  ¡Hacedlo ahora mismo!

Notas al pie de las Páginas 

(1)  En estos días en que se habla tanto del Concilio y de la conveniencia de unión o entendimiento entre católicos y protestantes, tales preguntas, y las repuestas que hallamos en la Biblia Católica, son de extraordinario y supremo interés.   

(2)  Al escribir tales palabras era una magnífica oportunidad para referirse así mismo, y a la frase: “Tú eres Pedro, etc. . . “ para declararse fundamento y cabeza de la Iglesia, si hubiese comprendido las palabras de Cristo  tal como las interpretan los católicos de nuestros días; pero nada de esto dijo san Pedro.  ¿Por qué?   Porque él se consideraba a sí mismo tan sólo como una “piedrecita” edificada, como las demás, sobre la piedra angular que es Cristo.  No le vino siquiera al pensamiento quealguien pudiera considerarle a él como la cabeza o fundamento de la iglesia; sino, como se declara a sí mismo en el capítulo 5, versícula 1 de esta misma carta, un “co-presbitero, o sea un anciano juntamente con todos los demás que presidían las iglesias cristianas de su tiempo.  

(3)  Otra prueba que nos ofrece la Biblia Católica de que no debemos prosternarnos ante las imágenes de los santos la hallamos en los Hechos de los Apóstoles, cap. 10, vers. 25, donde leemos: “Así que entró Pedro, Cornelio le salió al encuentro y postrándose a sus pies, le adoró.  Pedro lo levantó diciendo: ‘Levántate que yo también soy hombre’”.  ¿Qué diría hoy San Pedro de ver a tantos creyentes arrodillados delante de imágenes que representan su propia persona, las de otros apóstoles, de la bendita Virgen?  ¿No lo consideraría igualmente un pecado contra la ley de Dios y reprendería severamente a los que tal hacen?  

(4)   Algunos traductores católicos son infieles al sentido del  original al traducir en este pasaje “tradiciones”, en vez de “enseñanzas”, pero Eloino Nacar y Alberto Colunga traducen con exactitud el griego del texto apostólico.  Es natural que el apóstol S. Pablo recomendara el cumplimiento de sus propias enseñanzas de palabra, pero no hay prueba alguna de que las tales incluyeran cosas diferentes o contrarias a sus propios escritos o a otros pasajes de la Biblia.  Sin embargo esto ocurre con ciertos dogmas de reciente institución.   

(5) Los actuales maestros del Catolicismo, que se ven confundidos por lo que la Biblia declara en contra de las doctrinas y costumbres de su Iglesia, hacen mucho hincapié en que debemos atender, no solamente a lo que dice la Biblia sino a la tradición, sosteniendo que la tradición aclara el sentido dela Biblia y que cuando hay aparente contradicción, debemos preferir la tradición a lo que nosotros vemos claramente establecido en la Sagrada escritura.  Pero, como podemos ver, semejante teoría es condenada por la misma Biblia Católica.   

(6)  Las palabras: “haced esto en memoria mía”, aclaran bien el sentido de “esto es mi cuerpo”.  Jesús usa tal expresión del mismo modo que nosotros decimos: “estes es fulano”, señalando una imagen o monumento que recuerda algún gran personaje.  El mismo Señor dijo: “Yo soy la puerta”, “Yo soy la vid”, sin que nos quepa entender que Cristo es una puerta o una vid.  Del mismo modo San Pablo declaró enfáticamente que la roca del desierto “Era Cristo (II. Corintios 10:4), sin dar con esto lugar a pensar que Cristo se transformó en una roca, sino que la roca que emanaba agua representaba a Cristo, quien sacía la sed del corazón.  

       Fíjense, además, en este texto, que la Biblia Católica dice bien claramente que fue “después de cenar”.    No en ayunas, que los apóstoles tomaron por primera vez la sagrada comunión, de manos del mismo señor Jesucristo, el único que tiene toda autoridad para hacer y ordenar. 

(7) Al hablar en estos terminos de la bendita Virgen, no quiere decir el autor que la escogida por Dios no fuese la más buena y pura entre las mujeres.  Sin embargo, no era inmaculada, pues ella misma declara llevar como todos nosotros el estigma del pecado cuando invoca a Dios llamándole MI SALVADOR.

       La inmaculada concepción, no de Jesús por la bendita Virgen (que todos estamos obligados a creer, porque se halla en el Nuevo Testamento), sino de María por su madre  Santa Ana, fue contradicha por grandes católicos como San Anselmo, Santo Tomás de Aquino, Duns Scott y los Franciscanos, durante muchos siglos, y asimismo por muchos papas, como León I, Gregorio el Magno, Juan IV, Inocencio III, Sixto VI, etc., etc., hasta que venció el partido que lo propugnaba, y el papa Pío IX lo declaró dogma en 1870.  El argumento que usan algunos católicos, de que Jesús no podía ser inmaculado (o sea sin pecado original), si la que lo engendró no lo hubiese sido, está falto de razón. 

(a)      Porque Jesús nació por obra del Espíritu Santo, no de varón, pero la Virgen fue hija en verdad de Santa Ana y San Joaquín. 

(b)      Porque Jesús era Dios, pero María era humana.

(c)      Porque, por la misma razón, habría sido necesario fuese inmaculada santa ana para que pudiera serlo lo virgen, y la abuela para que lo fuese Santa ana; y así sucesivamente. Si en algún caso tenía que operarse el milagro de nacer un inmaculado de quien no lo fuese, debía ser en Jesús, que era divino. 

      Los Cristianos Evangélicos no consideramos necesario ese dogma, como no lo consideraron tantos católicos antes del año 1870, porque, al igual que los otros nueve puntos que se exponen este librito, no se halla tal doctrina en el Credo Apostólico.  Creemos que esta gran Confesión de Fe que formularon los Padres del Concilio de Nicea en el año 325, es la más ajustada a las enseñanzas de la Biblia y no había ninguna necesidad de añadir otras doctrinas que no están en la Biblia Católica. 

      Por esto y otras cosas, afortunadamente hoy enmendadas, se vieron obligados a protestar y a separarse de la Iglesia Católica romana muchos buenos cristianos del siglo XVI; pero nadie tiene derecho a apartarse de la Santa Biblia.  Si alguien se ha atrevido a alejarse más, podemos llamarle con razón un Protestante exagerado y racionalista, o un católico escéptico; indignos de llevar el nombre de cristianos. 

      Los cristianos verdaderamente evangélicos, hemos de buscar la salvación de nuestras almas en la obediencia, a las enseñanzas del Nuevo Testamento de Nuestro Señor Jesucristo, y sobre la misma base hemos de procurar la unión, primero y más esencial, con nuestro Divino Redentor, por el Nuevo Nacimiento, y luego, inevitablemente, unos con otros. 

(8)   La alternativa que formula el autor de este opúsculo, no puede ser más seria y solemne. 

      Es la obligación de todo cristiano creer y obedecer la palabra de Dios.  Ante nosotros tenemos esta palabra, la Sagrada escritura, no en una traducción defectuosa o alterada según las conveniencias de alguna secta, sino la que ofrece la biblioteca de autores Cristianos de Madrid, fielmente traducida y aprobada por la autoridad eclesiástica.  

      Es esta una alternativa que todo católico debe resolver en lo íntimo de su conciencia ante Dios, que todo lo ve y lo sabe, y un día ha de juzgarnos según el caso que hayamos hecho de esta palabra suya, según nos declara el propio Jesucristo: “La palabra que yo he hablado, esa le juzgará en el último día”.  Para ello, el mejor procedimiento para toda persona temerosa de Dios que aún no posea la santa Biblia: es adquirir de alguna librería católica un ejemplar de esa Biblia fielmente traducida por los antes referidos sacerdotes Eloino Nacar y Alberto Colunga, o bien solicitar a la casa editora de este folleto un ejemplar del Nuevo Testamento de nuestro señor Jesucristo, la parte más importante de la Biblia para los cristianos, el cual se envía gratis, y leerlo atentamente. 

      Pidiendo a Dios Su iluminación y Su Gracia, bien pronto comprenderán, quienes así procedan con toda sinceridad, el verdadero camino de la salvación y gozarán de la seguridad de la vida eterna.

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