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TEMA:
Aborto Provocado |
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Viaje En El Transbordador Fetal X I
El aborto en demanda estaría constituyéndose ipso facto en una
determinación selectiva sobre a quién se le permite entrar a este mundo de
Dios. Se estaría predeterminando un número de seres humanos a quienes no se
les conferiría el derecho a la vida. La sociedad se encontraría apoyando automáticamente
la decisión de matar a algunos de sus miembros, e inconscientemente estaría
creando una nueva profesión: los abortureros. La profesión de
aborturero gozaría del status que ahora tienen los sepultureros en los
cementerios. La nueva especialidad haría la doble función de médico y
enterrador al mismo tiempo.
Una vez aceptada psicológicamente y establecida socialmente esta
arbitraria y selectiva determinación, por gravedad, conduciría a otros pasos
en el reajuste de valores. Habiendo perdido la sensibilidad y el respeto por sus
valores tradicionales, la sociedad quedaría programada para seguir estirando
sus conceptos sobre lo que es deseable, práctico, económico, o funcional. Muy
pronto bien podría volcar en dirección del ya nacido la animosidad que ha
acumulado contra el feto. Señalaría para la guillotina entonces los niños
feos o los "malcriados", los de baja estatura o los de cierto color.
Sin contemplaciones, con el endoso de las leyes y la aprobación de la sociedad,
los "indeseables" serían despachados de este mundo por la vía rápida.
Aunque usted no lo crea, en el "siglo de las luces" el hombre
todavía debate el tema de "¿cuándo empieza la vida?" No porque su más
sano instinto no se lo haya aclarado, sino porque el amoralismo infeccioso de su
sociedad desviada resulta un campo fértil para la duda y el debate. La
predisposición amoral de la sociedad, programada para aceptar como normal la práctica
del aborto intencional, proveería gustosa además la válvula de escape para
que se extermine la vida ajena sin hacer a uno reo de asesinato. En buen
castellano a esto se le llama "matazón despenalizada".
Si después de tantos siglos el hombre está todavía inseguro sobre cuándo
empieza la vida, ¿cómo es que con tantísima seguridad se arroga el derecho de
terminarla? ¿Por qué el hombre moderno se arriesga gratuitamente a tan serias
equivocaciones? Cuando no estamos seguros de si alguien ha muerto no nos
apresuramos hacia el cementerio para enterrarlo, antes bien, esperamos hasta que
se determine por seguro si ha muerto. Dejémonos de ceguera. Lo que no tiene vida, está muerto, y el muerto no crece. El embrión, en cambio, crece se desarrolla dentro del claustro materno porque tiene vida desde el momento mismo de la fusión del óvulo y del espermatozoide. El muerto no se alimenta. El feto se alimenta vía la placenta durante todo el tiempo que está en el interior de la madre. El muerto tampoco siente ni padece físicamente. El feto ha demostrado sentir dolor y estertor, huir desesperado del fórceps o del curete asesino. El muerto no se mueve. En cambio el feto se agita como si estuviera nadando dentro del vientre. El muerto no oye. El feto se espanta y salta en el vientre cuando hay un estallido o ruido repentino procedente del mundo exterior. Hay quien afirme que el feto hasta conoce, y en su manera, responde intrauterinamente a la voz cariñosa de la madre. ¿Que cuándo comienza la vida? ¡Esa no debe ser ya más la pregunta! Lo que en realidad debemos preguntar es ¿cuándo es que no hay vida en el feto? Esa vidita de tenues manifestaciones en su gestación temprana va complicándose anatómicamente, expandiéndose físicamente, diversificándose fisiológicamente. Sigue al dedillo la programación genética que la simiente humana le confirió como herencia irreversible y que la Providencia Divina le prefijó en la creación. Afirmémoslo en los términos más categóricos, el feto es una persona, un ser humano independiente desde el momento de la fecundación. Si en verdad no estamos seguros de que hay vida en esa "masa de células" (como despectivamente la llaman algunos) ¿por qué la prisa en usar la guillotina, la espada de |
Damocles, el fórceps, el curete, para hacerla picadillo?
¿No es más sensato esperar sólo unos mesesitos y el feto mismo nos lo
dirá? Esperemos a que salga el bebé de su escondite y con una mirada de
querubín, sin el uso del habla todavía, nos estará diciendo: "¡Aquí
estoy yo, sano y salvo, vivo y activo después de mi excitante viaje en el
TRANSBORDADOR FETAL! Hago mi debut formal en el
planeta tierra. Vengo a disfrutar de mis privilegios y a cumplir con mis
obligaciones. ¿Me ves? ¡Tengo la imagen de Dios, estampada sobre mis
sienes! Se me ocurre que soy un ser humano igualito a ti".
Esperemos un poco y cumplirá sus primeros añitos.
Nos demostrará entonces estar dotado de la magia del habla y
entonces sí, que podrá expresar con elocuencia sus sentimientos, deseos,
aspiraciones y vitalidad. Sólo unos años más y se desarrolla como
adulto capaz de reproducirse. La materia muerta no se reproduce. Sólo los
tejidos vivos tienen esa peculiaridad. En consecuencia, los signos de vida
le han acompañado desde la concepción y le acompañarán hasta que rinda
de nuevo esta vida en manos del Creador.
Señoras y señores ... nuestra sociedad debe tener uno o
dos tornillos flojos en ambos extremos de su fibra moral. Por un
lado hace esfuerzos frenéticos y gasta millones salvando a los recién
nacidos de 21 semanas (cincomesinos) y por el otro no para mientes para
abortar a un no nacido de la misma edad.
Si bien la ley podrá sancionar el aborto en demanda, esto nunca lo
hará moralmente correcto. La conciencia cautiva de los deseos de Dios
nunca podrá aceptar como viable la aviesa práctica del hombre
encallecido. Por legal que éste quiera hacerlo parecer, el instinto
humano santificado nunca llegará a embriagarse tanto como para hacerse
insensible ante el horror del aborto causado.
Como el no nacido no puede hacerse oír, queremos aprovechar estas
líneas para apelar a la conciencia moral del lector, a sus instintos de
decencia, y a su percepción de lo que es la dignidad del ser humano.
Queremos proponerle que sirva usted de vocero al no nacido. Que grite
usted por él. Sí, de voz en cuello, por todos los medios posibles: ¡PAREN
LA MATANZA!
El Salmo 127:3 dice: "He aquí, herencia de parte de
Jehová son los hijos; recompensa de Dios, el fruto del
vientre". Dios está ciento por ciento a favor de la preservación de
la raza. Interesado en su continuación. Está en pro del nacimiento feliz
de los niños, a tal extremo, que considera el nacimiento como una herencia
y como una recompensa. Usar de violencia contra una criaturita
no nacida es caminar contrario a los designios del Creador. Más grave
todavía, expulsarla del vientre es pecar contra el Soberano Dador de la
gracia de la vida. El libro de Los Hechos 17:25 dice: "El es quien
da a todos vida y aliento y todas las cosas".
Por otra parte, la
Biblia dice: "¡Horrenda cosa es caer en manos de un Dios
vivo!" (Hebreos 10:31). Y con estas luces, paciente lector, nos
preguntamos: ¿qué será de los médicos, enfermeras, parteros, parteras,
madres y aun padres que se involucran en la contravención de las sabias
disposiciones de Dios? Yo no quiero estar ni a cien leguas de distancia
cuando éstos se presenten ante el Juicio del Gran Trono Blanco para dar
cuenta por cada una de estas vidas con que han teñido de rojo sus manos.
No quiero estar cerca de allí para oír la justa reprimenda y la
apropiada recompensa de parte del Padre de toda carne y Juez de toda la
tierra. |
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