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TEMA:
Aborto Provocado |
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¿QUE
DEL EMBARAZO POR
VIOLACIÓN O
INCESTO? V
I
No tengo la más mínima duda de que una mujer que ha sido forzada a una
relación sexual obligada sufre un espantoso trauma psicológico muy difícil de
sacudir . La violación de una
mujer indefensa constituye, a todas luces, un acto abominable, innecesario, e
injustificado. La desmoralización y sufrimiento a que se somete la violada
puede ser interminable, agonizante, e irreparable.
Debe ser siempre motivo para nuestra repulsa e indignación. Merece el título
más obsceno en el catálogo de las cobardías. Debe acarrear la más severa
condena por parte de la ley. La mujer que pasa por esta horrible experiencia
amerita nuestra simpatía y nuestra ayuda incondicional. No obstante, las estadísticas
demuestran que los casos de preñez por violación o incesto son una minoría. Al decir minoría no queremos dar la impresión de que consideramos a la mujer violada como una simple estadística, ni su dolor como de poca monta. ¡Eso nunca! Cada mujer es un ente especial a los ojos de Dios y como individuo es objeto del amor de Dios y de su consideración e interés personal. Toda mujer es digna de total respeto y de la mayor consideración. Una sola mujer que pase por esta humillante experiencia es ya una catástrofe de proporciones gigantes y nunca una estadística insignificante. Nos
parece, sin embargo, que aun en el caso tan abominable e indeseable como lo es
el de la violación o el incesto, la mujer debe abstenerse de hacerse un
aborto. Hay una vida humana gestándose en su interior que introduce una nueva
dimensión a este problema. Creemos que a esta vida se le debe todo respeto y el
completo reconocimiento de su derecho a seguir viviendo. Se le debe acordar el
derecho a nacer. La caridad y compasión inherente con que toda mujer ha sido dotada, demanda que el odio, la repulsa y la animosidad que aquélla pueda tener hacia el gestor no se vuelquen sobre el GESTADO. La vida que ha comenzado en su seno es un ente distinto e independiente. Esta criaturita no escogió ser engendrada. No fue ella quien pidió que se le trajese a la vida. Está allí por un deshonroso accidente y una cobarde acción en la cual no tuvo participación voluntaria. Nos parece que provocarle la muerte sólo sirve para añadir pena, agravar el trauma psicológico, aumentar el sentido de culpabilidad en la ya emocionalmente maltrecha mujer. Es sumar un mal a otro. Aritméticamente, un trauma más otro |
trauma
es = a dos traumas. ¿Por qué no quedarse con uno solo llevando a
feliz término el embarazo y cuando nazca el bebé darlo en adopción? Un
acto de violencia nunca da licencia para cometer otro acto de violencia.
En algún punto la violencia tiene que cesar. Y, nos parece, que aquí
mismo hay un buen punto para comenzar.
Permítame preguntarle . . . ¿Ama
usted la vida?
¡Estoy seguro que sí!
¿Le gusta a usted divertirse? ¿Le fascinan ciertas comidas? ¿Le
gusta la comodidad? ¿Se deleita usted en un hermoso paisaje de campo? ¿Se
divierte con el deporte? ¿Atesora gustoso sus fotografías personales y
aquellas de sus seres queridos? ¡Imagino que muchas son las cosas que dan
colorido a su "dolce vita" (dulce vida)!
Al fin y al cabo, en el mundo no todo es malo y negativo. ¿Verdad?
... ¡VIVA LA VIDA! Suponga por un momento que usted nació
como producto de una violación a su madre ... ¿Aprobaría usted que ella
le hubiera asfixiado el derecho a esa vida que tanto gusto y placer le
causa ahora? ¿No es cierto que le hubiera gustado poder nacer? ¿Acaso no
es aplicable, aún bajo esta abominable circunstancia, la sentencia bíblica
que dice: "Haz con otros lo que quieres que otros hagan
contigo"? ¡Ya lo creo que sí!
El patriarca Job, discurriendo sobre un adversario potencial,
declara: "El que en el VIENTRE me hizo a mí ¿no lo hizo a él?
¿Y no nos dispuso uno mismo en la matriz?" (Job 31:15).
Note el énfasis sobre el hecho de que el Dios soberano origina al
hombre en el vientre, sea este un santo patriarca o su más vil
adversario.
El profeta Isaías trae a colación, de manera vívida, la
participación de Dios en la formación INTRAUTERINA
del patriarca Jacob y la verbaliza magistralmente con estas palabras:
"Ahora, pues, oye, Jacob, siervo mío, y tú Israel, a quien escogí.
Así dice Jehová, HACEDOR TUYO Y QUIEN
formó DESDE EL VIENTRE, el cual te ayudará: No temas,
siervo mío Jacob, y tú Jesurún, a quien yo escogí" (Isaías
44:1-2, 24).
El dulce cantor de Israel dice en el Salmo 22:9-10: "Tú
eres el que ME SACO DEL VIENTRE; el que me hizo estar confiado desde que
estaba a los pechos de mi madre. Sobre ti fui echado desde ANTES DE NACER;
desde el VIENTRE DE MI MADRE TU ERES MI DIOS". |