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TEMA:
Aborto Provocado |

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¡Escúchame Latinoamérica! XII Por
Mariano González V.
Es
éste un momento crucial en el destino histórico de Latinoamérica.
El afamado gigante latinoamericano, bien pudiera convertirse en un
humillado enanito en lo que se refiere a sus reservas morales. En esta
hora Latinoamérica ha sido llamada a "Pararse en los caminos y a
mirar, y a preguntar por las sendas antiguas cuál ha de ser el buen
camino para andar por él" (Jeremías 6:16). La encrucijada pone
al continente entero ante el más riguroso examen de su conciencia
colectiva y ante la prueba ácida de su fibra moral. Los evangélicos,
parte integral de la sociedad iberoamericana, no pueden exonerarse de este
escrutinio ni mucho menos eludir su responsabilidad de actuar como lo que
suponen ser: "Sal de la tierra" (Mateo 5:13). Nunca necesitó tanto de sus hijos nuestra
América como en esta hora de destino. Como hijos de este continente, ¿le
negaremos esta ayuda que tanto necesita? ¿Supieron ustedes de algún hijo
bueno que se negara al llamado urgente de su madre en precaria necesidad?
¿Hubo un hijo bueno que no saliera al frente y desinteresadamente dijera:
"Aquí está, toma, mamá?" Las Supremas Cortes en varios de nuestros
países han procurado reformar el Código Penal planteando la posibilidad
de la despenalización del aborto provocado. Aunque esta despenalización
por lo general se ha referido a determinados casos solamente, tal y como
cuando la vida de la madre peligre o en el evento de una violación, las
estadísticas demuestran que estas dos debatibles circunstancias son más
hipotéticas que reales. Son de veras excepcionales en extremo. Se usan sólo
como ardides de enganche para establecer cabezas de playa que permitan
desencadenar el más sanguinario holocausto sobre millones de bebitos a
quienes se les niega el derecho de nacer. Ni hablar siquiera de los
argumentos sin fin que estas dos excepciones controversiales engendran. El aborto intencional una vez despenalizado
por las razones aludidas, nos dejaría sin criterios concretos, sin
retenes, sin manera efectiva de velar y de hacer valer las restricciones
legales que regulan esta despenalización. En consecuencia, sigue a ello
la matanza indiscriminada, no limitada, de cualquier bebé. Todo lo que se
necesitaría es el antojo de una madre caprichosa, el consejo coloreado de
una abuela cínica, la opinión no informada de una "comadre"
ignorante o la sugerencia y urgencia "educada" de un médico
encallecido. La despenalización pondría a la orden del día el aborto a
petición de los que procuran a toda costa "tapar" fallas morales
y perpetuar falsas virginidades. Estimularía de manera considerable la ya
rampante promiscuidad sexual. Esta, precisamente, ha sido la fatídica
consecuencia que han cosechado las naciones que han despenalizado el
aborto homicida. La Palabra de Dios dice: "La
justicia engrandece a la nación y el pecado es afrenta de los
pueblos" (Proverbios
14:34). El aborto inducido es contrario a esta premisa puesto que es
injusto al nonato, degradante a los que lo practican y pecado abominable
ante Dios (Exodo 20:13; 23:7; Proverbios 6:16-19).
Y . . .
no olvidemos . . . hay pecados de COMISION y hay pecados de OMISION.
Los unos los cometen los abortistas y los otros sus cómplices que guardan
silencio. Quiérase que NO nos encontremos nosotros en esta última
categoría. Veamos que no sancionemos con nuestro silencio y pasividad
esta ola potencial de muerte que asoma su cara frankeinstenesca sobre
el horizonte de Iberoamérica. No seamos olvidadizos de los horrores de la
historia. Después de todo, quedan todavía abiertas las heridas de la era
hitleriana. Permitamos que hagan profunda conciencia en nosotros las
palabras del Marqués de Santayana: "Aquellos que olvidan el pasado,
están condenados a volver a vivirlo". La mayor desgracia que podría llover sobre
nuestras naciones hispanas, la vergüenza más negra que podría
ruborizarlas, el magullón sicológico más devastador que podrían
recibir, el mas agobiante sentimiento de culpabilidad colectiva que las
podría poseer, sería éste de abrir las compuertas a la represa de la
muerte para que arrastre, en su vorágine, los millones de nenitos
fichados para este horror. Impunemente,
sin miramientos, sin misericordia, sin contemplaciones de ninguna clase,
"la espada de Damocles" pendería sobre sus cuellos inocentes
con la sanción de la ley y con la complicidad de la sociedad. Dejaría
nuestro continente yaciendo en un charco de sangre producto de una
hemorragia moral de consecuencias imprevisibles. Después de hablar en una congregación evangélica, se me acercó una sicóloga cristiana. Procuraba informarme sobre el doblaje al castellano de dos películas antiaborto: "El Grito Silencioso" y " La Decisión es Suya". Durante la conversación mencionó el caso de una joven evangélica que le había pedido consejo sobre si debía o no hacerse un aborto. Esta joven, hermano mío, bien pudiera haber sido un miembro en comunión en su iglesia o tal vez una hermana en la carne suya o quizás su hija misma. Evidentemente aun entre los evangélicos hace falta una profunda obra de concientización. |
El caso me lleva a esta penosa reflexión: ¿Qué clase de moral están absorbiendo de sus Biblias los "de la familia de la fe"? Es evidente que ya no podemos hablar entre
dientes de este problema. Que ya no podemos sacudir la cabeza ruborizados
y consentir en posponer el asunto para considerarlo en otro momento. Es
hora ya de que le demos el frente a este problema con la responsabilidad
que nos impone el ser hombres de Dios. Habremos de usar altura, sí,
delicadeza, sensibilidad y caridad, pero ya es imposible postergar esta
confrontación. ¡Arrodillémonos en busca de soluciones bíblicas a este
monumental problema que reta el meollo mismo de nuestra conciencia moral! Desde la despenalización del aborto
criminal por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos en el año 1973,
han muerto millones de bebés en esa nación. La matanza de los inocentes
por el rey Herodes queda corta ante este holocausto millonario. Se estima
que en Estados Unidos se tiran al zafacón como basura y luego se mandan
al incinerador 1,500,000 nenitos anualmente. Muy amados, la nación que legisla su
propia extinción no merece sobrevivir. Ha planeado su destino y destinado
su plan. ¿Llegará a ser esta la macabra suerte de las naciones
hispanoamericanas? ¡Que Dios nos libre! Por otro lado, recordemos que Jehová Dios
está todavía sobre Su Trono. ¡No se ha muerto! ¡Ni siquiera se acostó
a dormir! Fue El quien detuvo el sol en Gabaón y la luna en el valle de
Ajalón en contestación a la oración de un hombre (Josué 10:12). Fue
Dios quien intervino el errático viaje submarino de un gran pez y lo puso
en ruta para tragarse a un profeta (Jonás 1:17). Luego lo programó de
nuevo para que lo depositara en el lugar apropiado para que el profeta
cumpliera una misión redentora (Jonás 2:10). Fue Dios quien detuvo la
acción del fuego para que no consumiera a Sadrach, Mesach y Abednego
(Daniel 3:20,21,28) y quien soldó las bocas de los leones para que no dañaran
a Daniel (Daniel 6:16,20,22,23). ¿Creen ustedes que ha abdicado el Trono el
Dios de los milagros? ¡Dios está todavía en control!
¡Su industria más próspera es aquella de hacer milagros!
Dios es el mismo "ayer, y hoy y por los siglos" (Hebreos
13:8). ¡Su mano no se ha
acortado para salvar! ¡Pidámosle
con fe que salve a la América del feticidio! ¡Pongámonos en Sus manos
nosotros como instrumentos de Su justicia!
¡Hablemos por los que no pueden hablar! ¡Organicémonos!
¡Que se escuche nuestra voz! Tenemos ante nosotros el antecedente
contemporáneo de cristianos evangélicos que en algunas naciones de este
continente se esforzaron, se movilizaron, se unieron, protestaron, y con
su acción, lograron cambiar el intento homicida de sus Supremas Cortes. ¿Se cruzarán de brazos los demás ante esta tragedia
potencial? ¡Ojalá que no!
¡Que nunca llegue a decir la posteridad que los evangélicos
faltaron cuando les llegó el llamado de mamá!
¡Que las futuras generaciones no digan que nuestras bocas se
cerraron y nunca articularon el "¡Aquí está, toma, mamá!" Sirva este derramamiento de mi golpeada
alma como mi más ferviente desafío a que levantemos nuestra voz de
protesta. ¡Que verbalicemos articuladamente nuestro repudio a los
intentos de despenalizar el aborto a petición en nuestros países!
¡Que lo hagamos mientras todavía hay tiempo!
¡Que tenga presencia en el ambiente nuestra voz protestante!
¡Que la misma traiga coherencia y dirección en medio del caos
moral que nos rodea! ¡Que no quedemos cortos expresando la conciencia
moral evangélica con que la Biblia nos ha enriquecido!
¡Que nuestra voz llegue a ser una proyección útil que afecte,
que influya, y ¿por qué no?
que cambie el voto de nuestros legisladores! Sí, ¡que cambie el voto de estos mortales que en nuestros
países llevan sobre sus hombros el grave encargo de decidir a quienes
concederán el derecho básico de nacer! Termino este reto con las palabras del Rey
Salomón: "Libra a los que son llevados a la muerte. Salva a los
que están en peligro de morir"
( Proverbios 24:11).
ESCUCHAME LATINOAMERICA fue entregado como mensaje en Marzo de 1986
a centenares de líderes de la Obra Evangélica en Venezuela y a miles de
miembros de las congregaciones. Posteriormente fue radiodifundido por una
red de mas de 250 emisoras de Norte, Centro y Suramerica; en el Area del
Caribe; España, e Islas Canarias; Suecia;
Guinea Ecuatorial, Africa; Australia; y
Nueva Zelanda. Su autor, el hermano Mariano González V., es Bachiller en Ciencias Físicas y Naturales; egresado del Curso de Pastores del Instituto Bíblico Moody; orador-productor del programa internacional EN ESTO PENSAD (transmitido aproximadamente 1,800 veces a la semana por más de 250 emisoras). Es además escritor de columnas fijas y artículos varios para la prensa secular y evangélica, y es además Presidente de los Ministerios Audio-Lit. El hermano González tiene disponible una serie de 14 programas radiales sobre el tema del aborto a disposición de los interesados. |