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TEMA:
Aborto Provocado |
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EL ABORTO . . . ¿QUE HACER? XIV
Debemos todos preguntarnos: ¿Qué
puedo o qué debo hacer frente a este problema de magnitud tan gigante?
Sin pretender dictarle lo que usted debe hacer y sin tratar de decirle
que haga lo que nosotros mismos no estaríamos dispuestos a hacer, me permitiré,
a continuación, ofrecerle algunas sugerencias.
En PRIMER lugar, trate usted de estar adecuadamente informado.
Lea o escuche todo lo que pueda acerca de este problema social, económico,
político, médico, religioso, filosófico, moral y espiritual.
Cerciórese sobre los millares y millares de vidas que se desperdician
diariamente a manos de médicos inescrupulosos. Interiorícese de la manera grotesca, inhumana y
abominable en que se provocan estos abortos. Hay diversas organizaciones
"Pro-vida" que con gusto le darían toda clase de información. Sin
lugar a dudas que en su comunidad hay una o más de estas organizaciones. Tal
vez este sea un buen punto de comienzo en su educación sobre esta CATASTROFE
social, que como un espejo, refleja la descomposición moral a que la familia
humana ha llegado. Pero no lo
postergue más. No espere ni un sólo día. Una persona bien informada es muy
difícil de que la arrastren a apoyar causas injustas o a entrar en componendas
de carácter turbio.
En SEGUNDO lugar, después de llenarse la cabeza de los hechos fríos y
escalofriantes, analice serena y conscientemente el aborto a petición. Decida
si el aborto es moral, amoral o
inmoral, si merece su apoyo o su repudio. Trate de formularse una base bíblica para su creencia.
Asegúrese de que sus convicciones estén basadas en un "
ASI
DICE EL SEÑOR" del cual no lo puedan mover ni con dinamita.
En TERCER lugar, conviértase en un activo vocalizador de esas
convicciones. Hable de ellas con sus parientes, vecinos, amigos, y compañeros
de trabajo. Escriba a los órganos de prensa escrita, radial y televisiva,
expresándoles vigorosamente sus puntos de vista.
Haga esto en espíritu de compasión y de auténtico amor.
Hable, telefonee o escriba a sus representantes en las cámaras de
diputados y senadores. Déjese oír.
Pero por favor, recuerde, hágalo con caridad en su alma, con espíritu
de amor cristiano, en humildad y mansedumbre, sin amarguras ni odios, ni
tensiones. No se exalte, no ponga
nombres ni use epítetos feos contra los que favorecen el aborto.
Tenga usted siempre presente que como cristiano su primer compromiso es
proclamar el Evangelio de salvación ante el mundo perdido.
No empañe el testimonio del Evangelio empuñando armas indignas aún
cuando defienda usted una causa justa. No
olvide que la causa en pro del no nacido es sólo un aspecto, dentro de un
contexto mayor, de sus responsabilidades. En
esencia, éstas consisten en ser "sal de la tierra" y "luz
del mundo". |
En CUARTO lugar, piense creativamente en las posibilidades de ofrecer opciones a este problema. No se logra gran cosa sólo condenando y aplastando el aborto o a los abortistas. Es menester ofrecer alternativas prácticas a este agudo problema. Promueva el concepto de adopción de los niños no queridos, trabaje en cooperación con alguna agencia privada u oficial que se ocupe de mantener niños en su predio para la adopción. Habrá casos, donde no existen estas agencias, en que usted será el llamado a organizarlas. Póngase a la orden para este valioso servicio. Busque
promover que su comunidad desarrolle una base de soporte para las mujeres
candidatas al aborto. Que se
abran clínicas de información y consejería donde se les explique toda
la realidad y aún los peligros que un aborto conlleva.
Donde por la persuasión amorosa y cristiana se les convenza de la
bendición de llevar a término su embarazo.
Las clínicas y médicos abortistas ocultan serias realidades a las
mujeres que procuran hacerse un aborto.
Si les dijeran toda la verdad, creemos, muchas desistirían de su
criminal propósito. Organice
reuniones de soporte en que estas mujeres compartan problemas comunes con
otras mujeres en la misma condición.
Adiestre a la iglesia local para que sea sensible y compasiva hacia
las mujeres con estos problemas. Por
su ejemplo personal guíe usted a la iglesia para que acepte las mujeres
en esta situación. No para CONDONAR
sus pecados, pero sí para REDIMIRLAS mediante la predicación
de la cruz. La iglesia necesita, en mayores dosis, demostrar el amor de
Dios y la gracia de CRISTO hacia el caído. Dios
justo, santo, perfecto, aborrece el pecado, pero ama incondicionalmente al
que está atrapado en sus redes. Que
las víctimas no sientan el RECHAZO ni la MARGINACION
sino la COMPRENSION de la iglesia.
La iglesia no está en la tierra para actuar como un tribunal de
juicio, sino como una agencia de redención. Sin duda que habrá otros aspectos y
detalles de acción que se pueden incorporar a los aquí expresados. El tenor de este escrito podrá hacer
pensar que nos estamos dirigiendo exclusivamente al cristiano comprometido
para incitarlo a la acción. Nuestro
apelativo, sin embargo, es de carácter general. Creemos que los
cristianos comprometidos deben estar en las líneas del frente en esta
lucha. Pero cualquiera que ame la vida, que tenga concepto y decencia y
que sienta simpatía por los inocentes que están señalados para el
holocausto, puede hacerse un abanderado de esta lucha.
Estamos convencidos, sin embargo, que si usted todavía no se ha
entregado a Cristo, quedaría mejor equipado para la tarea si se hiciera
cristiano de corazón. Si es
que no es usted nacido en la familia de Dios por el Espíritu Santo
engendrador de la Vida, si es que todavía no se ha arrepentido
sinceramente de sus pecados ni aplicado personalmente el efecto de la
Redención a su alma, queremos invitarlo a que por fe lo haga ahora mismo.
Jesucristo lo recibirá si usted se vuelve a El en busca de su perdón
y de su salvación. Ya lo
dijo El: "Al que a mí
viene, no le rechazo".
( Juan 6:37;14:6). "Yo
soy el camino, la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí" (Juan 14:6). Después
de pactar con el Señor Jesús por medio de la fe, después de cerciorarse
de que ha entrado usted en una relación vital con El, cuando se sepa
usted perdonado de sus pecados por la sangre sacrosanta derramada en la
cruz, entonces, únase a nosotros en esta cruzada. Busquemos sacar el
mejor partido de una mala acción, y de construir sobre las cenizas y la
ruina que la furia devastadora del diablo ha creado, la obra admirable que
Dios, desde los cielos, se ha propuesto edificar. |
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