TEMA:
Aborto Provocado

 

ABORTO POR CONVENIENCIA

                               

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                   Un profesor de universidad planteó ante su clase la siguiente proposición: "Cierto hombre tenía sífilis. Su esposa, contrajo tuberculosis. De sus cuatro hijos uno murió, y los otros tres, sufrían de una enfermedad mortal. La madre volvió a salir embarazada. ¿Qué hubieran recomendado ustedes en ese caso?"

                   La mayoría de los estudiantes recomendaron practicarle un aborto.

                   "¡Magnífico! ¡Estupendo! ¡Han asesinado ustedes nada menos que a Beethoven!"

                   Así es. Si la madre de Beethoven hubiese buscado su propia conveniencia social, si hubiera argüido su desventaja económica o su realidad sanitaria potencial, no hubiera pensado dos veces para demandar le practicaran un aborto. El mundo, sin embargo, hubiera perdido un genio de la música con esta desacertada decisión.

                   Aparte de alumbrar a Beethoven . . .   ¿Qué contribución dio esta madre al mundo? Nada extraordinario que sepamos.  Pero este 'mal auspiciado' fruto de su vientre llegó a ser el genio musical que de veras apasionó a la humanidad con 32 sonatas para piano, 17 cuartetos, 9 sinfonías, 5 conciertos para piano y uno para violín, y con la ópera Fidelio. La Música de Beethoven se caracteriza por su fuerza de expresión, sus marcadas variantes de sentimiento, y todo lo demás. Su mamá tenía de su parte la lógica social, las realidades económicas, y las presunciones sanitarias. Si hubiera reclamado como derecho suyo lo que en realidad es sólo derecho del Creador, el mundo hubiera sido hoy más pobre sin la genial contribución que hizo el fruto de sus entrañas.

                   Algunas madres abortistas dicen que las exigencias de la vida moderna confieren a la mujer la opción de decidir si debe llevar a feliz término su embarazo. Argüyen a favor del aborto inducido para la mujer que trabaja; la mujer que es abandonada por su esposo; la mujer que sabe que el bebé que se gesta en su vientre va a nacer deforme; o para la mujer que es violada o que es objeto de incesto. Y . . .  ¡claro!, en los países donde se ha "liberalizado" la ley del aborto, es peccata minuta abortar basándose en este tipo de razonamiento. Me permito observar, que contrario a lo que generalmente se entiende por "liberalizar" la ley del aborto, lo que en realidad se ha logrado es "institucionalizar" el crimen.

                   Las estadísticas demuestran que los embarazos por violación son muy escasos. Lo mismo sucede con los bebés deformes. Son la excepción y no la regla. La vasta mayoría de los embarazos se pueden llevar a feliz término aunque para algunas madres signifique una operación cesárea en el momento del parto. La ley de liberalización del aborto en demanda llega a ser una ley basada en las excepciones y no en la regla. Y esto, nos parece, le da un carácter de jurisprudencia en falta. Señoras y señores, una golondrina no hace verano.

                   En la práctica, el aborto provocado, en la mayoría de los casos, no es más que una mampara tras la que se busca esconder la promiscuidad sexual. Dicho en términos más claros, es la procura por esconder el pecado. El pecado, nos afirma la Sagrada Escritura, es transgresión de la ley de Dios.

                   En esta procura infame, desafortunadamente, se cometen pecados peores, más abominables y nauseabundos. Aparte del horrendo crimen que el aborto intencional representa, esta práctica hace entrar además en una vida culpable de

                  simulación en la que se hacen esfuerzos constantes por esconder la verdadera cara social y la verdadera identidad moral. La ley que favorece el aborto provocado no es una ley que puedan sustentar, a conciencia, las personas en quienes todavía quede una onza de sensibilidad moral. Dice el profeta Miqueas: "¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿me presentaré ante El con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? OH HOMBRE, éL TE HA DECLARADO LO QUE ES BUENO; ¿Y QUé PIDE JEHOVA DE TI?: SOLAMENTE HACER JUSTICIA, Y AMAR MISERICORDIA, Y HUMILLARTE ANTE TU DIOS" (Miqueas 6:6-8).

                   El profeta de Dios expresa, en la Escritura citada, el examen riguroso que debe hacerse  el alma que procura traer una ofrenda ante Dios con el fin de adorarle. Al hacer así, el alma llega a la deprimente conclusión de que los holocaustos de becerros de un año, los millares de carneros, o diez mil arroyos de aceite, son insuficientes para presentarse ante el SEÑOR con culto aceptable. Utilitariamente, esta escrutadora pregunta salida del alma santa del profeta, bien pudiera aplicarse a los casos de aborto que se provocan por conveniencia social, por bienestar económico o por salud personal o cuando sólo se trate de ocultar la relación sexual ilícita. La respuesta a esta pregunta "¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma?" es un rotundo ¡ ¡ ¡ NO ! ! ! "Hacer justicia, amar misericordia, humillarse ante Dios?" - dice el profeta - es la única vía de seguro acceso para la verdadera adoración del JUEZ de toda la tierra.

                   Negarle el derecho de nacer a una criatura humana, dista muy lejos de "hacer justicia". Es un acto de la más barbárica violencia y de la más cruda arbitrariedad. Asfixiarle la vida a un bebé nunca será un acto de misericordia sino más bien de la más inhumana crueldad. 

                   Atendamos en este tiempo moderno los consejos que nos vienen de los tiempos antiguos. "Humillémonos" ante la Majestad de Dios el Creador. Reconozcamos su infinita sabiduría en la procreación como vehículo de perpetuamiento de la especie humana. Depongamos nuestra soberbia. Cesemos de ir a la par con la sociedad que arrogantemente levanta el puño hacia el cielo en desafío al Creador de la vida. Renunciemos a la sociedad que tan gratuitamente se vuelca en favor del asesinato en masa, que no siente la gravedad de su delito, ni lo horrendo de su culpabilidad.

                   Me parece oportuno, mediante estas líneas, que hagamos un solemne llamamiento a la sociedad abortista para que vuelva a la sensatez y a la cordura. Pidámosle que detenga su maquinaria feticida y que detenga su inhumana práctica. Invitémosla a que abra bien el oído de su conciencia, para que desde el fondo mismo de ella vuelva a escuchar, de una vez por todas, el lastimero acento con que Dios, desde los cielos, hace su último apelativo a la humanidad: "PARAOS EN LOS CAMINOS Y MIRAD, Y PREGUNTAD POR LAS ENDAS ANTIGUAS, CUAL SEA EL BUEN CAMINO, Y ANDAD POR EL, Y HALLAREIS DESCANSO PARA VUESTRAS ALMAS" (Jeremías 6:16).

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