(Ahimaas era un corredor de larga distancia y mensajero en tiempos del Rey David) - 2 Samuel 18:19-30

Enero - Febrero - Marzo - 2010

 

EN ESTE NUMERO:

Biblos Psalmón


Lista Trimestral de Oración

El estilo salmódico es creativo, ágil, expresivo, multifacético, y multivariado. Adoptémoslo y adaptémoslo

Carta abierta a los lectores del Ahimaas

2da. Parte

Como obra literaria esta carta va dedicada (aunque no necesariamente dirigida) a la hermana Carmenza, acérrima de nuestro boletín trimestral, quien con el oro de sus oraciones ha sido un robusto soporte de nuestros proyectos en la Obra del Señor. Va dedicada también igualmente a Gregoria Ciriaco, Flora Colón, Elsa Good, Adelaida Tejera, Mili Castillo, Siria Sánchez , Nury Pérez Saviñón, y Altagracia Ríos. También (in memoriam) a Zulema García y a Macora Reinoso y a toda una gama de otras santas mujeres, que a través de los años han persistido apoyándonos ante el Padre, y se han invertido tanto en nuestras vidas y en nuestro servicio al Señor en diversas maneras, incluso, con su sustancia material. Son tantas en número estas ‘virtuosas’ (Pr 31:10, 29,30) que sería imposible nombrarlas a todas. Nos consuela y satisface el hecho de que todas y cada una de ellas saben quienes son, y nosotros también. Más importante todavía, que no han escapado tampoco la vista del Patrón de la Viña y Galardonador de sus siervos. El Guardián de Israel notó también sus obras de amor.

Hemos hecho esta dedicatoria sin ignorar a los muchos, muchísimos, hombres de Dios a quién también somos deudores. Dios, ellos, y también nosotros, sabemos quienes son. Lo que el Señor dijo en otro contexto y con otro propósito lo aplicamos ahora nosotros a ellas y a ellos libremente: “Yo conozco tus obras”. Y esto . . . nos basta. Grande será su recompensa en ese día venidero.

Al leer esta carta abierta recomendamos que a medida que usted la lea,

mantenga su Biblia abierta en el Libro de Los Salmos

Los Salmos al rescate

A sabiendas de la popularidad de que gozan los Salmos entre los creyentes de esta dispensación, nos parecieron un puente de acceso útil para inducir a los lectores de esta carta abierta a zambullirse en el Salterio. Al escuchar a muchos de los hermanos orar en mi presencia, y percatarme de la rutina metálica de címbalos que retiñen en oraciones de sonidos ‘inciertos’ (desafinados), pensé que los Salmos podrían muy bien venir a su rescate, como vienen al mío. Quede claro que nuestra instigación a salpicar nuestras oraciones con frases de los Salmos, no essinónima de encontrarnos abogando por un regreso a letanías que en definitiva lo que harían sería dar muerte por asfixia al vibrante espíritu que energiza los poemas de los salmistas.

Lo que procuramos con Biblos Psalmón es capitalizar en la posibilidad de una mejora que pueda traer, precisamente, nueva vida y variedad a nuestras adormiladas oraciones, y que reemplace a la vez el arsenal de “vanas repeticiones” (Mt 6:7 ) con que ametrallamos los oídos de Dios y de los hombres cuando nos toca orar. Son innecesarios, por no decir, aburridos, los estereotipos con que invariablemente intercalamos “rellenos” al granel y lastres a nuestras oraciones. Creo con firmeza que la intención de Cristo al darnos el Padrenuestro no fue la de enseñarnos a memorizar y a repetir la plegaria que millones repiten a Troche y Moche, de día y de noche. Todo lo contrario, fue más bien aquella de atajar la crónica propensión que hay en el hombre para mecanizarlo todo volviéndolo un rezo sin sentido, en vez de educarse bíblicamente para emitir oraciones espontáneas salida del corazón.

Rezar versus OraRezar Orar

En nuestro libro pendiente de publicarse: PROBLEMAS CON LA ORACIÓN Y COMO RESOLVERLOS hemos dedicado nada menos que dos capítulos enteros al generalizado problema de las vanas repeticiones entre los evangélicos.

¿Le toma por sorpresa que haya ‘rezos evangélicos’?

Los títulos de los mencionados dos capítulos deben hablar por sí mismos y levantar en alto la bandera roja de peligro ante nuestros ojos. Deben estimularnos, por no decir, obligarnos, a hacer una exégesis seria de la Oración Modelo cita en Mateo 6:9-13. Dicha exégesis inevitablemente revelaría a nuestro espíritu, de manera fresca, el intento dinamitante que subyace bajo la superficie de esta oración.

La naturaleza misma de dicha exégesis tiene como aliadas la penetración intelectual a fondo, y la profundamente aguda perspicacia espiritual que, de bajar más hondo en el pozo, detecta al vuelo los principios espirituales sin límites que ofrece el Padrenuestro. Los mismos, están sugeridos en embrión en el caparazón visible de dicha oración, pero demandan un buceo más hondo de lo que se ve en su superficie para descubrir las riquezas ilimites a que apunta ese modelo de orar. Desafortunadamente esas inmensas riquezas se desperdician miserablemente en el aluvión del rezoteo (católico o protestante).

Intuimos que la Oración Modelo fue dada por Jesús, precisamente, para atajarnos antes de corromperla o convertirla en un rezo muerto. La dinámica de una exégesis seria no puede menos que sacudir nuestro consciente y torpedear en su centro mismo la inadvertida tendencia evangélica de crear sus propios rezos. Estos rezos podrán tomar formas y tonos distintos al rezoteo católico, pero al fin y al cabo seguirán siendo letanías. Como mínimo, la exégesis daría un golpe certero a la cosmovisión protestante. La curaría de esa miopía espiritual que limita a contextualizar la lorificación circunscribiéndola a los parámetros del catolicismo romano exclusivamente. Evidenciaría ante los opacados ojos ese otro ‘padrenuestro evangélico’ de manufactura propia, que convenientemente, y de manera sostenida, deja de advertir la mayoría. Más allá de los dos capítulos referidos, la exposición que hacemos en el resto del libro PROBLEMAS CON LA ORACIÓN Y COMO RESOLVERLOS, recalca y refuerza nuestra tesis general sobre la necesidad de recauchar y diversificar nuestras oraciones. Nos parece que la Oración Modelo de Mateo 6:9-13, y su contexto, fueron dados para enseñarnos precisamente a salir de los estereotipos de acero que innecesariamente caracterizan nuestra manera de orar. Desmilitarizaría la forma mecánica y a veces imperativa que se advierte en la manera de orar de algunos sargentos. En cuanto a nosotros, sería teológicamente incongruente con lo que hemos establecido con tanta fuerza en el libro mencionado, el que al sugerir la fraseología de los Salmos para instrumentar variedad a nuestras plegarias, estuviéramos abogando a favor de letanías. ¡Alerta, muchachos! Y el que tiene oídos para oír, oiga a Jesús tronar en el Sermón del Monte: “¡No uséis vanas repeticiones!” (Mt 6:7).

El llamado nuestro al uso de los Salmos es pues, precisamente, un llamado a lo opuesto de rezar; es a saber, a evitar las repeticionesestériles en que rutinariamente solemos atollarnos. Hemos hecho hincapié en el himnario de los salmistas porque son Escrituras inspiradas divinamente y esto no es poca cosa. Estamos convencidos de que nunca caeremos del lado del error si incorporamos apropiadamente el texto de la Escritura a nuestras oraciones. Somos de la persuasión que el Salterio bien pudiera inyectar refrescante vigor a nuestro orar, y hasta pudiera servir de instrumento de más y más distanciamiento del mortífero hábito de crear nuestras propias letanías. Mejor todavía, nos podría librar de adoptar letanías ajenas. Me temo que esto último es lo que han perpetuado los nuevos conversos cuando ingenuamente han creído hacerse bien imitando la manera de orar de sus predecesores en la fe. Y así va una generación de creyentes, y viene la que le sigue, pasando de mano en mano los mismos estereotipos incapaces de empuñar nuestra imaginación. El calcificado cotorreo se multiplica en lugar de que se le cincele para evitarlo, desecharlo, botarlo y olvidarlo.

Aspiramos a que nuestro énfasis en Biblos Psalmón sirva siquiera como recomendación práctica a la adopción de una fraseología de más altura, siempre que nos cuidemos de no bajarla al nivel de rezos. Que cual inseminación espiritual dicha recomendación logre insertarse y adherirse firmemente al alma del que ora. Que su gestación evolucione en una primera generación de orantes de plegarias caracterizadas por la frescura. Que en su momento esa primera generación llegue a parir otras generaciones y que éstas a su vez den a luz otras más. Que los cromosomas genéticos verbales respondan siempre a lo que supone ser su impulso natural, y a su imperativo categórico de continuar reproduciéndose sin parar y sin romper la concatenación dinámica que se observa en el mandamiento: “Fructificad y multiplicaos”. Que la generación o creación espontánea de palabras e ideas frescas nunca termine como no debe terminar nunca el ejercicio de la oración en la vida del creyente. ¡Que el arroyo fluya libre, pues! ¡Que se desborde el río!

Como Todo lo Demás, Obténgalo en Línea

Uno de los dos capítulos aludidos: REZAR VERSUS ORAR, ha sido impreso en forma de un tratadito popular que enviaremos gratuitamente a cualquiera que se interese en leerlo. Puede además leerse “en línea”, y descargarse gratis al disco duro de su computadora, accediendo nuestro rincón en la internet: www.audiolit.net/espanol/advertencia_tratados.html

Dejando de Patinar Para Escalar el Monte Everesejando Everest

Hermano mío, hermana mía, no tiene sentido seguir patinando en suelo mojado. En vez de continuar resbalando propongámonos caminar con paso cierto, sobre terreno firme, en lo que concierne a la oración. Recobremos la fuerza de equilibrio y de rehabilitación que nos masajeen el ser completo: espíritu, alma y cuerpo, y nos preparen para escalar el Monte Everest de los cerros eternos. Como solía hacer el salmeador de Israel, alcemos los “ojos a los montes” (Sal 121:1-2) de donde procede todo socorro oportuno. Esa calidad de socorro viene sólo de Yahvé (Jehová) que hizo los cielos y la tierra, pero cuyo trono todavía está en las alturas (Sal 103:19). 

¡Entre en onda hoy mismo! Y . . . ¡Para su propio bien! . . . ¡Hágalo presto!

¡A ascender la empinada cuesta de los montes!

¡A trepar bien alto!

¡A escalar las ilimites posibilidades que ofrecen los Montes Santos!

. . . . . . . . . .

Este . . . mire . . . mi pana . . . eche para acá . . . metamos de nuevo la nariz en los Salmos y la cuchara en la sopa, porque todavía tenemos una o dos leccioncitas más que aprender.

Un Ejemplito Entre Muchos

Aquí . . . ahora . . . un ejemplito para mojarle el paladar, (creo que lo tiene reseco), y para despertarle el apetito (porque como que lo  veo medio muerto de hambre). Léase ahora mismo los 7 versículos del Salmo 142. Eso de leer 7 versículos no es mucho pedirle, ¿verdad?

¿Se acuerda que al principio de esta carta abierta le sugerimos leerla con su Biblia abierta en el libro de los Salmos? Si no trajo su Biblia entonces, ponga este escrito a un lado y tráigala ahora mismo. Por favor, ábrala en el Salmo 142. Este Salmito ¡tiene tanto pasto espiritual en el cual rumiar! Metafóricamente somos “ovejas de su prado” (Sal 79:13) a quienes convendría mucho “yacer” a menudo, por un rato adecuado, en ese prado de pastos ‘delicados’, y rumiar y rumiar hasta sentir satisfacción. Luego de darnos un banquete de comida fina, debe seguir el “descansar” (siestar) espiritualmente (Sal 23:2).

Pondere usted el monto de emociones que la breve ‘oración’ del Salmo 142 señala, canaliza, y vuelca, sobre el altar del Padre:

1. La necesidad de pedir misericordia (Procede consumir una alta dosis diaria de ella) (v.1)

2. La confianza de traer ante El nuestras quejas (Tenemos acumuladas en el pecho toneladas de ellas) (v.2)

3. De darle a conocer nuestras angustias (Se multiplican dentro de nosotros como abejas) (v.3)

4. Expresarle nuestro sentido de sospecha e inseguridad (Nos aplastan a menudo) (v.3)

5. Comunicarle el pesar de sentirnos abandonados, desprotegidos (Nada que oprima tanto como el sentido de orfandad) (v.4)

6. Recobrar en Dios nuestras esperanzas (No hay mejor altar donde depositarlas) (v.5)

7. Volcar en ÉL nuestras aflicciones (Nadie más diestro para masajearlas) (v.6)

8. Buscar en ÉL la puerta de salida de nuestra encerrona (Él es quien nos liberta de nuestras cárceles) (v.7)

9. Confianza de que el Señor nos será propicio (Nadie llena esa necesidad como Él) (v.7)

¿Cómo le fue con el Salmo 142?

¿Qué le pareció el rico caudal almacenado en la represa de tan corta oración?

¿Logró usted apreciar la calidad y octanaje del combustible aquí contenido?

Lo grandioso es que las otras 149 canciones del Salterio no se quedan atrás. Somos usted y yo los que habitualmente andamos al compás del “pasito tun tun” de la ‘jicotea’ (tortuga). Alguien tiene siempre que estar echándonos el “quien vive” y gritándonos a pulmón lleno: “¡El que venga atrás que arree!” La ausencia de esta admonición, nos destina a seguir rezagados patinando en el suelo mojado. Bueno es retener en la mente que todo el Salterio es una mina inexhaustible de pepitas de oro. Yacen allí a la espera de mineros competentes que quieran y sepan cavar hondo y que las extraigan del vientre de sus profundidades. Son una reserva inacabable de energía espiritual renovable. Le aseguro que si usted arrea y se adentra en este libro enriquecedor no podrá menos que extender sus manos al cielo, en santa reverencia, mientras su alma se enchumba “como la tierra sedienta” (Sal 143:6), con el aguacero que baja de las fecundadas nubes de los Salmos.

¡Arree! ¡Arree!

¡Arree mi hermano!

¡Arree mi hermana!

Traiga consigo además el pico y la pala y . . .

¡A cavar se ha dicho en la mina del Salterio!

No Hablar por Boca de GansNo Ganso

A menudo solemos hablar de “Los Salmos de David” sin reparar en lo que estamos diciendo. Resulta fácil este desliz, por la legítima fascinación con que nos embeleza la figura carismática del impresionante poeta-guerrero, y del sagaz manipulador del arpa y de la política en el Israel de antaño. Se añade a nuestra propensión también la influencia que ejerce sobre nuestras mentes el fino trabajo de orfebrería con hilos de plata (filigranas verbales) con que los libros históricos de 1a y 2a Samuel destacan el genio músico-poético del cantor israelita. Tal llegó a ser su fama, que le mereció entre sus paisanos el título de “dulce cantor de Israel” (1a Samuel: 16:16-19,23; 2a Samuel 1:17-27; 23:1) . ¡Que viva el salmeador David!

¡Que reverberen sus canciones por siempre en nuestros corazones!

Pero parece que al discurrir nosotros sobre estos poemas inspirados, se nos descarrila a veces la razón. Al hablar de los Salmos automática e inconscientemente apretamos el gatillo de nuestras mentes, disparándolas imaginariamente en dirección exclusiva del David pastorcillo de ovejas, o quizás, en dirección al David súper guerrero que solía pelear con éxitos “las batallas de Jehová” (1 S 18:17; 25:28), o hacia el Moguen David, (estadista por excelencia y gran monarca de Israel). Pareciera como si inconscientemente perpetuáramos una ecualización o simbiosis de David con los Salmos.

Pero el tiro le habrá salido por la culata si de pie en medio de su congregación, o quizás desde la plataforma, intenta usted leer, digamos, el Salmo 50 o el 90 metiendo las cuatro, públicamente, al introducir esos Salmos con la letanía equivocada de: “Salmo de David”  Concedido  en el último análisis lo leído no dejará nunca de ser Salmo, porque un Salmo, será siempre un Salmo. Pero en particular los dos aquí mencionados no son Salmos de David como disparatadamente habría pontificado usted ante su congregación. Francamente, llega a ser humor seco el número de veces que esto ocurre en nuestros círculos, para no decir, impertinente o ridículo.

Tome nota. Por el mero gusto de especular, imagínese por un momento que uno de los salmeadores originales hubiera asistido al culto en que la rutina lo hizo a usted largar, impensadamente, la caballá (caballada) de “Salmo de David”. No creo que su auditor se hubiera sentido muy a gusto al usted negarle de un solo sablazo su “derecho de autor”. Trastocando la verdad, le pegó usted artificialmente otro autor, no obstante ilustre, al Salmo de su autoría. Creo que ante tal situación le hubiera sido propicio a usted y conciliatorio, mandar un telegramita al cielo dando gracias porque el verdadero autor del Salmo que usted ha estropeado, no se presentara en el culto. Anticipo, que de haberlo hecho, ni siquiera se le hubiera ocurrido traer consigo el documento oficial de copyright (“derechos de autor”) que dejó engavetado en su casa. Es que no esperaba tal desilusión. Le tomó por absoluta sorpresa lo que oyeron sus oídos. De haber traído ese documento probatorio, ¡Ay, mamá!, podría haber armado la de San Quintín tan públicamente como públicamente le d e s c u a b u b i l ó usted su precioso Salmo. Su paso siguiente bien pudiera haber sido hacer valer sus derechos hasta la última consecuencia, haciéndole pasar “las de mandinga” en una corte.

¿Cómo le cae tal especulación? Tómela como lo que es: una especulación con potencial de convertirse en una buena lección.

“Pero” — preguntará usted medio azorado — “¿Es que David no escribió el libro de los Salmos”?

No los 150 que el libro contiene, sino sólo una parte de ellos.

Escritores Con Nombres y Escritores Anónimos

Evidentemente, todavía es noticia para no pocos cristianos el hecho de que el Salterio contiene muchos salmos escritos por otros autores. Que sepamos, el canto-autor David escribió unos 77 de ellos. Podrían ser más, o podrían ser menos. De cualquier modo, 77 serían aproximadamente sólo la mitad del total en el Salterio. La otra mitad, su música, su lírica, o ambas, las escribieron Asaf, quien contribuyó unos 12 de los 150 que componen el himnario, y los hijos de Coré, quienes fueron los autores de a lo menos 7. Moisés, Etán (Ezraita), y Hemán (Ezraita), cada uno escribió uno también. Salomón, según se afirma, escribió dos. Aritméticamente hay pues ahí unos 24 Salmos cuya autoría específicamente pertenece a otros músicos-poetas. Para completar el número 150, hay que agregar unos 49 más que permanecen anónimos.

Ignoramos los nombres de los autores de estos últimos. A través de los siglos, los eruditos y comentaristas bíblicos se han aventurado a sugerir a Ezequiel, a Esdras, y a otros, como posibles autores de este o aquel anónimo. Pero aparentemente todo ello es conjetura. Sin embargo, estas estadísticas refuerzan el argumento de que resulta inapropiada la generalización de Los Salmos llamándolos a todos “Salmos de David”. En realidad sólo una parte de ellos son actualmente “Salmos de David”.

Así que para ser precisos, será correcto llamarlos “Salmos de David” solamente cuando queramos referirnos a la mitad davídica de los Salmos (77). Pero si queremos referirnos a los 150 en conjunto, o si singularizamos alguno de los 24 que escribieron otros autores, o si nos referimos a cualquiera de los 49 anónimos, será despistado llamarlos “Salmos de David”. Ese tecnicismo deberá enseñarnos una lección importante: La precaución. Por cierto, la precaución será una buena norma a seguir al estudiar o al citar cualquier otra porción de la Biblia. Antes de hablar por boca de ganso, y de aflojar públicamente la especie equivocada de que es un “Salmo de David”, sería útil cerciorarse primero sobre  quien en realidad escribió el Salmo que ha escogido para leer o comentar en público. Será siempre mejor estar del lado de la precisión que “quedar de feos” patinando públicamente en la inexactitud generada por falta de diligencia. Afortunadamente, determinar la autoría de muchos de los Salmos es relativamente fácil ya que una buena parte están precedidos por un preámbulo donde se menciona el autor. Irónicamente, aquí solito hay mucha y muy complicada tela por cortar, ya que en el opinar de los expertos, esos preámbulos ni siquiera fueron escritos por los autores de los sacros poemas.

¿Quedamos claros?

¿Como que vamos entendiendo alguito nuevo? Poquito, pero “rendío”, ¿Verdad?

Preámbulos e Introduccione

Pero no se me vaya todavía . . . No hemos terminado este punto. Usted y yo tenemos un trabajito que hacer todavía para fijar bien en la mente los párrafos anteriores. Por favor, tome la Biblia en sus manos . . . ábrala, en el himnario de Israel. Fije su vista en la introducción o preámbulo del Salmo 3. Dice allí: “Salmo de David”. ¡Strike one! Mire ahora el Salmo 50. Allí dice: “Salmo de Asaf”. ¡Strike two! y la del 90 dice: “oración de Moisés”. ¡Strike three”! Notará además que otros preámbulos dicen que fueron escritos por “Etán”, o por “los hijos de Coré”, etc.

En el párrafo anterior sugerimos buscar el Salmo 3. Estando allí cerca, ¿Se fijó de paso que el Salmo 1 no dice quién fue su autor? El asuntito del anonimato empieza pues desde el principio. Hay otros Salmos que también califican como anónimos como el 10, 33, 91 y otros.

Por otro lado, el Salmo 2 aunque en la superficie parece anónimo, no lo es. No tiene preámbulo que identifique quien lo escribió. Pero si ustedposa los ojos en Los Hechos 4:25 San Lucas le revelará que David escribió ese Salmo. Hebreos 4:7 también atribuye a David el Salmo 95. Por lo que se ve, David incluso podría haber escrito otros Salmos para los que el Salterio mismo no le da crédito. No obstante, en cuanto a nosotros, “al que respeto, respeto; al que honra, honra” (Ro 13:7), por lo cual decimos a banderas desplegadas: ¡Bien por la cuantiosa contribución de David, prolífico canto-autor! ¡Bien por legarnos tan valioso tesoro! ¡Sea su memoria bendita! Y . . . ¡Bien por Yahvé! quien inspiró por su Espíritu al David salmista, y quien generosamente hizo extensiva su divina inspiración a Etán, Asaf, Hemán, los hijos de Coré, Moisés, y a otros siervos.

Al Músico Principal

Mientras todavía ojeamos los preámbulos, fíjese que varios de los autores dedican algunas de sus composiciones “Al Músico Principal”. Por cierto, de los 77 o más que escribió, David dedicó al “músico principal” alrededor de 40 (más de la mitad de sus producciones). Dos  se las dedicó específicamente a un destacado músico de nombre Jedutún o Yedutún. — ¿Bonito el nombre? — ¿Cómo es que a nadie se le ha ocurrido pegarle ese nombre ilustre a alguno de sus hijos? Hasta donde yo sepa, nadie se ha atrevido todavía. Pero no me sorprendería un bledo si un día de éstos alguien me enterara de que ya en J u n u m u c ú hay dos o tres personas que se llaman Jedutún. Es que, señores, en los campos de la Dominicana hay de todo como en farmacia. ¿Verdad Carmenza?

Asaf también le dedicó a Yedutún uno de sus 11 Salmos y a lo menos 5 a quien bien podría ser otro “músico principal”. Los Salmos 72 y 127 fueron dedicados a Salomón. Cuatro otros Salmos fueron dedicados a “los hijos de Coré”. De paso, cuando usted vea en los preámbulos la mención de los “Hijos de Coré” (11 en total) tenga la precaución de diferenciar cuando el preámbulo especifica que la autoría es de los hijos de Coré o cuando simplemente dice para o a los hijos de Coré. Las preposiciones “de”, “para” y “a” pueden hacer la diferencia entre lo que es ‘autoría’ y lo que es ‘dedicatoria’ a los nombrados, que les hicieran sus verdaderos autores.

Masquil, Mictam, Cánticos y Oraciones

¿Otra leccioncita?

¡Valga, pues!

¡Ojalá que sea la última!

Veo como que a mi cuate se le va acabando el tiempo y el interés por continuar. Tal vez lo he indigestado con tanta información. Pero aguántese un chin chin más y siga leyendo. No vaya usted a perder el clímax a que todo este enredo le está conduciendo gradualmente. El fin e impacto final de todo este discurso falta todavía por leerse. Curiosamente, ese impacto final es la razón motivadora de todo este escrito. Sin ello, estas disquisiciones quedarían truncadas y tal vez usted no quiera ser partícipe de esa violencia. Una cosa sí le prometo: estoy ya por terminar.

Antes, le comento que hay otras palabras destacadas que se usan en los preámbulos. Por ejemplo, la palabra “Masquil” (6 veces); “Mictam” (6 veces); “Cánticos” (8 veces); “Oración” (2 veces) y otras. Por lo general sabemos lo que es un “cántico” y lo que es una “oración”, pero para las palabras “Masquil” y “Mictam” no hay definiciones precisas. No faltan los que conjeturan sobre su significado, pero no se sabe a ciencia cierta cual este sea. Probablemente sería práctico aceptarlas como simples sinónimos de la palabra Salmo, y muerto ese abejón. Por su parte, la palabra griega Ψσαλμων (Psalmón) = “Salmo” y significa: “canción para cantarse con el acompañamiento de instrumentos musicales de cuerda” (particularmente el llamado salterio, y probablemente el arpa o la lira también). En hebreo la palabra “tehilla” (singular) significa ‘himno’ o ‘alabanza’ (canto de alabanza). Salmos (plural) traduce al castellano el vocablo plural hebreo “tehillim”.

La palabra Salterio proviene del griego ‘salterión’ lo cual era, como hemos dicho, un instrumento de cuerdas con que acompañaban al cantor de Salmos. Con el andar del tiempo, ‘salterio’ evolucionó pasando a designar el conjunto de las 150 poesías sagradas. Así de versátil y flexible es el lenguaje. Ojalá que el lenguaje que usamos al orar se flexibilizara y versatilizara también.

Primera Andanada – Salmo 1

Cuando comienzo a leer los Salmos por el principio (Salmo 1) me topeto enseguida con un mayúsculo primer dilema. Enfrento a cabezadas la realidad de que este Salmo no me describe a mí. ¡Vayan mis pretensiones! Sin embargo los cabezazos me son útiles. Me advierten que debo mantener la guardia contra la euforia de querer deslizar mis huellas donde no caben. ¡Sape, gato!

El Salmo 1 dibuja de cuerpo entero a un varón perfecto al cual yo no le doy ni por el tobillo. Tampoco soy digno de desatar encorvado la correa de su sandalia. El “varón” aquí descrito “no conoció pecado . . . para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él” (2 Co 5:21); “No hizo pecado ni fue hallado engaño en su boca” (1 P 2:22) para servir de sacrificio perfecto que satisficiera las justas demandas del Padre.

Fue “santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos” (Heb 7:25-27) para exceder en gloria a Moisés, a los profetas, a la ley, a los ángeles, a Melquisedec, y llegar a ser un fiel pontífice de los bienes que habían de venir. A todas luces, ese, no puedo ser yo. Como que me parezco más al sujeto aquí que oyó “consejos de malos” (1:1,4,5,6), y que “anduvo en camino de pecadores (1:1,5); y quien optó torpemente por codearse con “escarnecedores” (1:1). Para serle transparente, mi perfil se halla mejor plasmado en los Salmos 32, y 51.

¿Y a usted? ¿Qué tal le queda el traje del Salmo 1?

Lo acertado sería que también se defina usted ahora y se ponga en claro. Cantéese pues sin reservas, sin ir más lejos. Y . . . ahora . . .prepárese para el beigazo:

¿Dónde en los Salmos está plasmado el perfil suyo?

¿Qué dice usted de usted mismo dentro del contexto planteado en el Salmo 1?

Démente a este asuntito para que pueda hacer una determinación acertada. Por de pronto, dé usted un vistacito a esos útiles Salmos (32, y 51) antes de proseguir. Es muy posible que algo positivo le sugieran.

Ahora . . . piense duro y largo . . . ¿quién entre nosotros medita en la ley de Jehová “de día y de noche”? (1:2) ¿Quién osa hacer de la justeza de sus acciones una constante de su vida? O ¿Quién se atreve a “poner su delicia” en la rectitud o perfección de su vida personal?

¡Apéese del borriquillo mi cuate! Sea transparente consigo mismo. Sacuda de adentro lo que pueda quedarle en el pecho todavía de “Gallo de Morón”, que aunque ya está sin plumas, persiste en seguir cacareando.

Como que Yo Conozco mi Gente

Creo que el Salmo 1 tampoco describe a muchísima de la gente que conozco, y que usted también conoce, y con las que nos codeamos a menudo. Sí, muchos de nuestros correligionarios, consciente o inconscientemente, están entre aquellos que suelen ufanarse echando el pechito hacia delante y hacia arriba pretendiendo y pavoneándose ante los demás, como “j u s t i t o s”. ¡Vaya la flema!

Otros creen llevar una aureola en las sienes, tan y tan apretada, que hasta les hace doler la cabeza. Por eso de vez en cuando sería útil andar con dos o tres aspirinas encima por si de repente nos toca auxiliar a alguno de ellos.

Un buen número de los santos que usted y yo conocemos gustan de poner perennemente una cara de machete, tan y tan seria, que espantan hasta los guaraguaos. Incluso cuando están cantando en el culto: ♪ ♫♪ “¡Gozo, gozo sí, con gozo estoy cantando!” ♪ ♫♪ Cantan, sí, ¡de voz en cuello!, pero sus rostros dan la impresión opuesta a la felicidad y al gozo que supone exhibir el cristiano. Más bien dan la apariencia de que están siendo torturados con un clavo ardiendo. No se apean de su inatractiva seriedad ni a palos limpios. No hay tampoco quien le ponga el cascabel al gato y los persuada de que a veces es bueno, incluso para la salud personal, y conveniente para nuestra profesión de “pescadores de hombres”, sonreír, sí, sonreír hasta enseñar el nácar blanco del teclado que ocultamos detrás de los labios.

Dicen que sonreír destila medicina que se esparce en el entorno y que despeja la hostilidad de una atmósfera cargada. Una simple y sincera “sonrisita Colgate” podría facilitar que pescáramos algún prospecto de los muchos que pululan ahí afuera con rumbo incierto. Por obra y gracia de una sonrisa más de uno ha sido atraído a entrar por la puerta de la salvación. En cambio, frente al filo de un machete nadie se siente cómodo, sino amenazado; no se relaja, sino que se intimida. Y . . . eso de entrar . . . ¡Ni forzándolos! Pero . . . ¡Qué va! Usted no consigue sacar de su severidad a ciertos cristianos ni que les haga cosquillas. Esos santitos no sonreirán ni con receta médica. Seguirán en lo ‘mesmo compadre’ hasta que la muerte los separe. Lo de ellos es exhibir una carátula de “más serios que dos motas de queso” — como decían antes los viejos en la Dominicana. En cuanto a lo que a ciertos santos se refiere, estos dan la impresión de que la seriedad es un ingrediente sinónimo de santidad o de espiritualidad. Consideran la seriedad de rostro como una gran virtud. ¡Cuán absurda y repelente resulta esa creencia! Pareciera como si la imaginación de estos ‘serializados’ hermanos les dictara que “un buen evangélico” debe parecerse a un petardo, en vez de parecerse a un botón de rosa que sonríe al mundo cuando se abre. Lo irónico con esta ‘aseriada’ teología es que ninguno de estos ‘seri-bundos’ tampoco cabe en el Salmo 1.

Pero el colmo de un colmillo es que hay además entre mi gente los que equivocadamente llevan a cuestas un tremendo complejo. El mismo los diluye a creerse que llevan un gorro de mártir, cuando en realidad lo que tienen en la cabeza es un gorro de payaso. Perdonen ustedes, don Gumersindo y Carmenza, si aquí se me fue la mano demasiado. El problema es que apenas puedo controlarme cuando me hacen cosquillas. Ya a empellones medio comprendo por qué dicen por ahí que tiene que haber de todo en la Viña del Señor.

 

Tendido Sobre el Cuadrilátero

El Salmo 1, es pues, mi primer tranque. El primero —dije— porque inevitablemente aparecen más. ¡Ay de mí, que soy muerto!

¡De ésta no me salva ni la burburaca en palitos! Aquí no hay pataleos que valgan. Para agravar mi dilema, el Salterio me pone el guante de boxeo entre la boca y la nariz. Me hace poner pálida la cara nada menos que desde el principio mismo de este encandilante libro. Desde su mero comienzo el libro de oraciones me desnuda. Casi desmayado sobre el cuadrilátero, medio mareado por los derechazos recibidos en la cara; aturdido; adolorido por los petacazos; con los ojos medio nublados alcanzo a divisar a través de los espacios entre las estrellitas que chispean ante ellos, al umpire (el árbitro) inclinado sobre mí. Agita el brazo derecho como rotaría la hice de un helicóptero cuando arranca, y como si fuera un gorila-King Kong de 950 o más libras de peso, lo oigo retumbar: “Knock out”! (¡Vencido!)

¡F u e e e e r a de c o m b a t e e e e e !

Madrugando en Bet-el

¿Qué voy a hacer ahora?

¿Tirar la toalla?

¿Abandonar derrotado el cuadrilátero y renunciar al boxeo?

¿Tirar por la borda mi escrutinio de los Salmos que me hacen tanto bien?

¿Declararme cuadrúpedo al estilo del mulo o del caballo “sin entendimiento, que han de ser sujetados con cabestro y con freno,porque si no, no se acercan a ti? (Sal 32:9).

“¡No way José!”

¡Ni se le ocurra sugerírmelo porque la verdad es que no estoy en esa onda!

Por lo que he aprendido, los Salmos están diseñados para aupar al creyente y para sacarlo del fondo del aislamiento y del desespero.

Lo mío ahora es sacarle ventaja a ese diseño. ¿No será más adecuado que usted me recomiende echar un ‘conversaito’ con el hermano Santiago para que me enseñe a pedir a Dios sabiduría? He oído que Dios da sabiduría “abundantemente y sin reproche” a los que se la piden (Stg1:5). Por lo que a mi me toca, quiero una medida sustancial de esa sabiduría.

¿Y usted?

¿No cree que también podría usar con provecho una buena dosis de la sabiduría que viene de arriba?

En cuanto a mi, hasta donde sea posible, quiero compenetrarme y llegar a entender y a usar bien los Salmos hasta entretejerme en ellos. Desde el momento que los hago objeto de mi meditación, noto en seguida que no sólo encuentro en ellos algo, sino que me codeo y hasta converso con Alguien.

Los Salmos me regalan el vehículo de expresión para que dialogue con puntería con ese sublime Alguien. En otras palabras, me facilitan la intimidad con el Eterno. Me dan acceso directo al Gran Alguien que no falla en socorrerme, que “hace mis pies como de ciervas, y me hace estar firme sobre mis alturas”(Sal 18:33; 2 S 22:34; Hab 3:19). Es ese Alguien a quien, cuando tuvimos hace poco nuestro último encuentro, supliqué desde lo profundis, y no se dilató en acercárseme. No me consideró demasiado leproso como para tocarme. Más sublime todavía, actualmente “se inclinó a mi, oyó mi clamor, y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios” (Sal 40:1-3). Pos tenebras Lux! (¡Luz disipando las tinieblas!)

¿Qué más podría yo desear? ¿Cuánta más gracia y condescendencia podía ÉL haberme dispensado durante tan crucial encuentro?¡A cantar se ha dicho, Mariano! ♪♫♪ Me ha tocado, sí, me ha tocado”. ♪♫♪

De ñapa, ¡Gracias también a Isaías, mi amigo profeta! He aceptado su invitación y han de aceptarla también todos los creyentes del mundo como una “lluvia de bendición grande”. Repítela, Isaías; repícala profeta del Altísimo; y pregónala con todas tus fuerzas hasta que retumbe en el canal auditivo de todo el orbe: “Cantad salmos a Jehová, porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por toda la tierra” (Is 12:5). Con tan firme llamado a salmear, Isaías remachó dando con el mazo certeramente en la cabeza del calvo, ¡digo! del clavo. Sí, sí, y sí. Ese Divino Alguien, soberanamente me devolvió el optimismo, me insufló alegría en el corazón, me renovó la mente, y me santificó el espíritu poniéndome a cantar de gozo. Me puso a saltar como “un becerro de la manada” (Mal 4:2). Es el Alguien que si volvieran los bajíos con sus estresantes maleficios renovará de nuevo su misericordia sobre mí y la hará nueva cada mañana. Como los judíos que al orar orientan el rostro hacia el Monte de Sión donde estuvo su templo, a todo lo que tengo que atinar en medio de mis crisis es volver el rostro hacia Adonai, y ,“confortará mi alma” cuantas veces lo necesite (Sal 23:3). Me rehabilitará de nuevo para que prevalezca y me quede en el ring de boxeo. Es el Alguien que me dará otro golpe, pero de recursos, para que sacuda mis miserias.Por tanto . . . he resuelto . . . s o l e m n e m e n t e . . . no permitir que ningún “knock”, me deje “out” por apabullador que sea.

He de incorporarme cada vez. He de seguir mi peregrinaje hacia JAH y continuar mi travesía por los Salmos. (JAH o YAH es un apócope de Jehová que aparece unas 20 veces en los Salmos y tres veces en el libro de Isaías). Mis travesías han cambiado mi perspectiva de la vida del hombre“bajo el sol” , la han levantado a otro nivel, han dotado mi cosmovisión de mejores luces. ¡Loor a su Nombre sin par! Ahora veo todo a través de un prisma diferente. ¡Como he disfrutado estos encuentros con Adonai! Ha sido grato, acertado, y benéfico, apersonarme al lugar de elevación en el tercer cielo.¿Es que acaso hay tres cielos? ¡A lo menos! Y cada uno, tiene su propia maravilla. El primer cielo es el que vemos de día. El segundo es el que vemos de noche y el tercero es el que vemos por fe. Si acaso no lo sabía antes, ahora si que lo sé: donde Adonai y yo nos hemos encontrado . . . “No es otra cosa que casa de Dios y portal del cielo” (Gn 28:17).

Con todo cariño en el “todo codiciable”.

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